Abrazados a la Miseria

El Blog de Severino Lorences

Sobre mi blog

Todo escritor es también el primer lector de una obra siempre destinada a otros. Nadie escribe para sí mismo. Asumiré, por tanto, la hipótesis de que estas páginas van a ser visitadas. Es mi blog, pero también el de cualquiera que lo abra. Lo titularé como mi próximo libro: “Abrazados a la miseria”.

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Del cáliz sólo las heces

Si el Atleti de hoy fuese un sabio hindú o heleno (de las antiguas India o Grecia) se retiraría del mundanal ruido para escribir un tratado sobre la derrota, hasta tal punto se ha familiarizado con ella, hasta tal punto la conoce en profundidad. Y sería un best seller.

El Atleti se ha especializado de un modo tan estricto en el infortunio que no tiene in mente otra cosa. En los últimos tiempos ha caído de todas las maneras habidas y por haber: jugadores que pierden una lentilla en pleno partido, porteros que se dejan arrebatar la pelota en el saque, lo que queráis; pero también públicos que aprovechan un descenso de categoría para convertir el estadio en Maracaná, directivos que regalan buenos futbolistas o los desdeñan y fichan un paquete tras otro, que comparecen en el estadio llevando al extremo de una cadena no ya perros sino cocodrilos, que boxean con sus colegas y hablan con sus caballos. ¡Qué orgía de dislates! ¡Qué carnaval de idioteces!

Ha sido el destino, dicen. La del hado es la ideología del guerrero y del deportista porque el juego y la guerra multiplican las ocasiones de perder, sufrir un percance o sucumbir. Pero el Atlético no es ni siquiera fatalista porque ha eliminado el azar para apropiarse codicioso de las suertes adversas. Profesa el fracaso; la derrota es su ya declarada vocación. No padece ningún mal fario porque desprecia olímpicamente el bueno y siempre se las arregla para hacer el gamba.  Ha desarrollado un instinto infalible para orientarse hacia lo que le perjudica, para perseverar en el desastre. Estamos ante un bebedor al que no le prueban ni el agua ni el champán; sólo el cianuro en dosis nada pacatas.

Por eso hay que entender el año del doblete como un inesperado y casi catastrófico error en el normal transcurso de una implacable estrategia de la ruina. Y prueba irrefutable del grave trastorno que supuso para el club aquel éxito es que, desde entonces, no se haya permitido el menor devaneo con la felicidad. Hoy parece un club ansioso de calamidades, ufano de ellas. Es un drogadicto de la desventura.

A mí, que fui del Atleti en otros tiempos —o, si lo preferís, que soy del Atleti de otros tiempos—  me da un poco de vergüenza verlo servirse plato tras plato de basura con maridaje de aguarrás; y lo peor es cómo la devora, con qué delectación la saborea.
Pues nada, nada, bon apetit.

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