De las cosas que se ven venir y de las ganas de evitarlo
Ayer, ya lo saben Vds, el Atleti perdió en casa un partido importante y hoy, ya lo saben Vds, el Atleti no está en Champions. El Atleti ha perdido cuatro partidos contra los cuatro que van por delante y eso da bastante que pensar.
Foto: El Mundo Deportivo
Volvía el Atleti a jugar a las cinco y en Madrid hacía un día de esos tan suyos de invierno. Hacía buen tiempo, el sol lucía, el Atleti jugaba a una hora estupenda y si ganaba se metía de lleno en el lío de arriba. Aquellos, pobres, que sigan estos artículos ya habrán oído más de una vez eso de que cuando el Atleti tiene todo a tiro para redondear un fin de semana estupendo para sus seguidores puede uno estar seguro de que lo echará a perder. Y sí, ayer perdió un partido importante que le hubiera acercado al segundo puesto, que es el puesto en el que el Atleti ha acabado la liga en más ocasiones. No pasa nada, hay tiempo por delante y todo eso pero, qué quieren que les diga, a uno le hubiera gustado pasar las navidades en un puesto más honroso que el quinto. Pero vamos, no es para tanto.
Ir a fútbol en días como ayer es un placer, y así lo fue ayer también. Como es navidad y esas cosas hay mucha gente que vuelve a Madrid y entonces uno tiene la ocasión de ver a amigos a los que no veía hace tiempo. Cuando en este estado de espíritu tan positivo uno entra en el estadio y le dan el Forza Atleti, es imposible no hacer gran cantidad de chascarrillos y chistes de esos que uno no haría en una situación en la que uno se jugara su reputación de tipo con chispa. La portada de ayer (foto de Cléber sobre el titular “Very Cléber”) y un encarte sobre disfunciones eréctiles son toda una provocación para los amigos que vienen de tomarse un pacharán, así que a nadie extrañaba ver en la grada un gran ambiente en el que aficionados con pelucas navideñas se mondaban imaginando que titular hubiera elegido el ingenioso portadista del Forza Atleti si el Club llega a fichar a Kaká o Elano. En fin.
El caso es que empezó el partido y el Atleti se hizo chiquitito y le dio la iniciativa al Espanyol. El Espanyol es un buen equipo que cuenta con jugadores que van desde aseados a muy buenos, y así es más fácil jugar bien. El Atleti, por contra y obra de la dirección técnica, cuenta con un plantel en el que el espectro cualitativo va desde estrella a nivel mundial a petardo de feria ambulante, lo que complica las cosas. El Atleti lleva un tiempo encomendado a lo bueno que tiene delante a pesar de lo limitadito que tiene detrás, y en partidos como el de ayer se nota. El Espanyol metió al Atleti en su campo cuando eran once contra once presionando con autoridad y jugando bien, y esto es mérito del Espanyol; pero también es algo preocupante en tanto uno recuerda al menos cinco equipos que han jugado con igual iniciativa y suficiencia en el Calderón en lo que va de año. El Atleti pierde fuelle en casa y eso es innegable, y si ha perdido ya contra tercero y cuarto, conviene recordar que hay que recibir a primero y segundo en dentro de no mucho.
El partido, decíamos, pintaba en azul y blanco durante el tiempo en que fueron once contra once y no pasó lo mismo después de que el árbitro expulsara a Agüero. Agüero se expulsó un poco él solo y el árbitro le ayudó. Que Agüero, estrella máxima del Atleti y la liga, haya sido expulsado dos veces seguidas en casa dice mucho sobre él y sobre el Atleti. Sobre él dice que aún no ha asumido su condición de objeto de agresión tolerada, que comete algunos errores y que no consigue moderar su sangre caliente cuando le están zurrando. Sobre el Atleti dice que al Atleti es fácil arbitrarle en casa, porque uno no se imagina a las estrellas de los equipos grandes expulsados día sí y día también en casa: las directivas, la prensa y hasta la curia vaticana se encargarían de que así no fuera. Pero la directiva del Atleti no está para esas cosas que lo suyo es hacer perras, lo suyo es publicar las cartas pro directiva en el Forza Atleti y anunciar clubes de carretera en los vídeo marcadores y remedios contra la impotencia en la revista oficial para así, de paso, promocionar “Desde que amanece, apetece”, que es otra fuente de ingresos.
El caso es que Agüero se fue a la ducha, confirmando lo que ya todos sabíamos: que en la liga española uno puede darle una sarta de patadas a la estrella del Atleti, que como mucho le sacan a uno una amarilla y si hay suerte el Atleti se queda con diez. El árbitro, horroroso, también pudo pitar un penalti por mano (rara) de Raúl García y pudo haber dado un gol al Espanyol que anuló por fuera de juego (raro) de Corominas, que marcó tras una dejada de cabeza de Eller de la que la gente no habla por que habla del gol anulado, que si el gol vale a Eller le tiran al río. Así que el árbitro, que pudo ser determinante, resultó ser malo para todos y aún así no pasará nada, como de costumbre. El público respondió a la expulsión presionando en cada jugada, empujando al equipo arriba y buscando otra amarilla en alguno de los sancionados del Espanyol y aquí el público demostró ser más avispado que los jugadores del Atleti, que renunciaron a forzar otra amarilla rival.
Y a todo esto, y haciendo una de esas cosas extraordinarias que el Atleti hacía cuando éramos pequeños, el Atleti marcó un gol con uno menos. Simao para ser más exactos, que metió otro golazo de falta de esos que echábamos de menos en el Manzanares. Simao Sabrosa, un tipo liviano con idénticas iniciales en nombre y apellido, nombre de super-héroe de paisano como Peter Parker o Matt Murdock, parece ser el único portugués con futuro en el equipo tras las actuaciones de los otros super héroes lusos, el tímido elfo Zé Castro y Maniche, el Vengador Tóxico. Maniche, cuando mejor estaba y más falta hacía al equipo, cuando parecía que se entendía bien con Raúl García y cuando todos dábamos por confirmada su trayectoria ascendente, parece que se va del equipo. Indisciplina, poca profesionalidad, vida nocturna ajetreada y algún desplante en el vestuario parecen haber motivado lo que se antoja un problema gordo (y no es con doble intención). Ya andaba justa la plantilla de jugadores de garantías en ese puesto: Motta no se sabe si volverá a jugar con continuidad, Raúl García acabará pagando el esfuerzo titánico de cada partido y Very Cléber, que ayer jugó algo más confiado y con más solidez, no parece que sea el jugador que el Atleti necesite para dar consistencia y jerarquía en la parcela clave del campo. Más le vale a la errática dirección técnica del equipo fichar a alguien para ese puesto o la segunda vuelta puede ser una tortura. Veremos.
Jugó el Atleti con diez y lo hizo mejor, con más raza y convicción que otras veces. Lo intentaba el Espanyol, sobre todo con Riera, a quien Perea dio excesivo espacio todo el partido, pero ná. El Atleti se metía atrás, quizás demasiado atrás, quizás demasiado pronto. Cuando uno se mete atrás intenta garantizar que en el área chica nadie será humanamente capaz de rematar, pero hasta en esto el Atleti es distinto: con todos dentro del área, Tamudo metió un gol regalado, el enésimo gol regalado a balón parado. Hasta entonces Abbiati había hecho paradas de mérito y alguna más haría, pero el Espanyol empataba gracias a un balón en el área chica que daba saltitos, feliz, entre montones de defensas rojiblancos que no sabían qué hacer con él. No es nuevo. Tampoco era nueva la expulsión de Pernía, que tenía una amarilla y por allí cerca a Tamudo, ese tipo del que no hay que fiarse nunca. Pernía a la calle, es fácil arbitrar en el Calderón, el Atleti con nueve con empate a uno y treinta y cinco minutos por delante, ahí es ná.
Se mascaba la tragedia ahora que Iván de la Peña estaba en el campo y el Atleti con dos menos. De la Peña pedía el balón y nadie le encimaba, así que el peligro era constante. El Atleti había optado por replegarse, quizás en exceso, quizás no. Sólo un tipo parecía creer en la posibilidad de un milagro. Forlán, sólo y agotado, reclamaba fe. Muchas veces pidió el balón, varias veces abroncó a sus compañeros por no jugarla con él, hasta dos veces pudo marcar. Forlán, una vez más, dio clases de clase, casta y profesionalidad. Si mete ese gol de cabeza, si gana Forlán el partido, se cae el estadio y cierra la clínica de disfunciones eréctiles.
Pero el Espanyol atacaba y atacaba y el Atleti esperaba atrás, quizás demasiado atrás. Se fue Maxi y entró Jurado, el Hombre de la Posición Natural, y si hay un partido en el que Jurado no debe salir es el de ayer pero Aguirre tiene estas cosas. El Espanyol lo intentaba sin éxito y a cinco minutos del final el Atleti seguía vivo en contra de lo que muchos hubiéramos pensado y uno veía con orgullo la resistencia épica de los nueve que quedaban en el campo. Si uno hubiera sido aficionado del Espanyol se tiraría de los pelos y criticaría con dureza a ese equipo que no conseguía meter un gol a un rival con dos menos. Aguantaba el Atleti y parecía que nos podríamos llevar la alegría menor de un empate pero al final, justo a la orilla, cerca ya de la salvación, cuando casi se tocaba el chiringuito, el Atleti se ahogó. Tuvo que emplearse el Espanyol, tuvo De la Peña que hacer un pase de los suyos para conseguirlo, porque si no el Atleti se hubiera llevado el puntito y pasaría la nochebuena en Champions, pero no. El Atleti perdió, el Espanyol ganó y a uno, como a muchos, le escoció sobremanera la forma en que todo esto ocurrió.
Y escoció a pesar de lo anunciado porque el Atleti no perdió por encajar un gol en inferioridad contra un buen equipo. Tampoco perdió por no echarle la casta que tantas veces hemos reclamado. Perdió por tonto, perdió por no templar ánimos y por tentar a la suerte de un árbitro malo. Perdió por encajar una vez más un gol tonto a balón parado. Perdió quizás por tener una plantilla descompensada y por tener jugadores ya al borde del agotamiento. Y todo esto da una rabia especial, porque al Atleti ayer le vimos apretar los dientes como hacía tiempo que no le veíamos, le vimos desafiar a la lógica, negándose a aceptar lo que todos pronosticaba, que es lo que hace años hizo que el Atleti sea el Atleti. Y esto, dentro de lo malo, es una buena noticia. Feliz Navidad.
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