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Pues no

Llegó el Atleti líder a Pucela, con cara de galán y pañuelo de seda en el bolsillo de la chaqueta, y volvió a casa empapado tras haber sido lanzado al pilón. Y con dudas, muchas dudas, otra vez las dudas.



Unos pocos cambios respecto al último partido bastaron para cambiar la foto. Pocos, casi nada, bah: un central, dos delanteros. Perea de central y Sinama y Luis García delante, en teoría no deberían suponer un cambio enorme para un equipo pensado para jugar liga, copa y champions. Ná, tres tipos de once, no era para tanto. Pero sí lo fue. La imagen de ayer del Atleti recordó a la del equipo del año pasado y no al de los dos últimos partidos de casa, y vino a demostrar una vez más que si se le quita alguna de las patas que sujetan el banco el derrumbe es fácil de prever.

Salió el Valladolid con cara seria y de saber lo que tenía que hacer, y el Atleti salío saludando a los vecinos y pensando en el viaje de vuelta y en el viaje de ida y vuelta a Holanda de la próxima semana. Salió el Valladolid a jugar su partido y salió el Atleti a pasar rápido el trámite y pasar a pensar en cosas más importantes, sin darse cuenta de que no está para alardes. Salió el Valladolid con muchos jugadores con mechas y salió el Atleti con muchos jugadores calvos, así como haciendo burla de la famosa y tradicional sobriedad castellana. Salieron así el uno y el otro y nada más salir se quedó el Atleti con cara de tonto, perdió el pañuelo de seda y vió cómo el que se suponía que iba a contribuir a su nuevo día de gloria no parecía dispuesto a hacer favores.

Tres minutos, tres, tardó Sesma en dejar en evidencia a Seitaridis. Se fue Sesma y Seitaridis hizo falta y amarilla, así, para empezar a hablar. Seitaridis tiene estas cosas: tiene una planta perfecta para ser un futbolista de poderío y velocidad, tiene técnica para controlar y colgar balones y experiencia al más alto nivel para ser infranqueable. Pero no. Seitaridis, con todo eso, es un jugador desesperante, que entra al trapo en todas y cada una de las ocasiones en las que no debería hacerlo, que se traga los engaños con la alegría y la inocencia de un novillo fanfarrón a pesar de tener edad de cinqueño resabiao. Se arrima Seitaridis a un rival cerca del área y dice el aficionado ay Dios mío y verás tú ahora éste y dice también penalti así, nada más verle. Que Sesma es peligroso es algo que sabe cualquiera, que Seitaridis tiene querencia al amarillo también, y por eso mismo uno pensaría que el griego no sería tan bisoño como para cargarse con una tarjeta a los tres minutos de partido. Pues ni así, oiga.

Sacó la falta el Valladolid y Coupet, que se ve que se había fijado por la mañana en el partido de Van der Sar, despejó flojito, a destiempo y a mal sitio un balón complicado que cayó al centro del área de una manera familiar para los que hemos seguido al Atleti estos últimos años. Pasaba por allí un señor de Valladolid que marcó un gol así, casi sin querer, casi sin saber si dar las gracias o celebrarlo con los suyos. Minuto cuatro, uno cero, en fin.

Había tiempo y debería haber tranquilidad, pero tampoco. El centro de la defensa no transmitía la seguridad de los últimos días y se echó de menos a Heitinga como si llevara en el equipo diez años. Pernía sí estuvo de nuevo entonado, pero impreciso en el remate. El centro del campo, el mismo que contra el Málaga había funcionado, no lo hacía; quizás es que el Málaga no daba para más y es ahora cuando se demuestra. Sólo Simao, como siempre, aportaba criterio y ganas de entrar por su lado. Ni Assunçao, desbordado casi todo el partido, ni Maxi, todavía despistado a pesar de parecer más fino y confiado en su forma física, ni Maniche, poco útil a pesar de su enloquecida participación en el juego, valían para hacerse con el Valladolid. Tampoco Sinama, quizás aún anclado en el juego que hacía en el Recre de desmarque, carrera y choque con el rival para forzar la falta y ganar metros. Ni Luis García, con poca presencia y empeñado como siempre en su fútbol barroco rozando lo rococó. Sólo Simao parecía llevar peligro y eso se lo agradeció Pedro López con una entrada al tobillo que si le pilla de lleno tenemos una desgracia. La amarilla para el de Valladolid pudo tener mucha trascendencia si el Atleti llega a ser un equipo normal, pero no fue así.

Un rato despues el propio Pedro López simuló un penalti dejándose caer con una torpeza impropia para alguien con ese estilismo capilar de felino de la sabana. El Valladolid se quedaba con diez, miren Vds qué regalo para el Atleti. El público de Valladolid, hasta donde uno sabe con una tendencia natural a enfadarse muchísimo, se enfadó muchísimo y armó un escándalo. El cenizo aficionado rojiblanco se temía alguna decisión para compensar vista la presión a la que estaba sometido Medina Cantalejo. Cualquier equipo serio lo habría entendido, habría evitado jugadas conflictivas, habría huído de situaciones que pudieran invitar al público rival a presionar más. Pero el Atleti no: en cuanto hubo ocasión se facilitó la misión desde el centro de la defensa, que volvió a recordar a ratos a la Zona Cero en la que se convirtió el año pasado. Assunçao hizo un penalti que no debería hacerse y le Valladolid se puso dos cero con un jugador menos. Vaya tela.

Y he aquí una afirmación arriesgada: con cuarenta y cinco minutos por delante y un jugador menos enfrente en un equipo que no es del otro jueves, un aspirante a algo grande tiene que ser capaz al menos de marcar un par de goles. El Atleti no lo hizo a pesar de salir Agüero, una vez más el clavo al que se agarra el equipo por más caliente que esté. Se quedó Assunçao en la caseta y salió el Kun, y el equipo pareció que se iba hacia adelante, a marcar. Y marcó al poco tiempo el propio Agüero, en la única ocasión en la que Maniche hizo lo que de él se espera, esto es, tirar a puerta desde segunda línea. Parecía que el Atleti se iba a ir a por el partido, quedaba tiempo y había ganas. Pero entre Asenjo y un cierto conformismo del ataque del Atleti no llegaba el gol. Tiró Luis García a puerta y lo hizo también, y muy bien, Miguel de las Cuevas pero volvió a parar Asenjo. De paso, de las Cuevas volvió a hacer que la afición se pregunte por qué no juega con más frecuencia.

La afición se pregunta otra cosa, por cierto; ¿cómo es posible que no se dejen los jugadores la piel contra un equipo con uno menos, un único gol que remontar, en un campo en el que hay que ganar sí o sí si se quiere hacer algo? ¿es de recibo ver cómo el equipo actúa como si la cosa no fuera con ellos, quedando en evidencia ante un rival ordenadito y con ganas pero sin tener el potencial de cualquier equipo con el que nos vamos a enfrentar en Europa? ¿es lógico este vaivén contínuo en la imagen del equipo, esta ausencia de regularidad en jugadores que ya llevan un tiempo en este equipo y en esta profesión? Las respuestas pueden ser de lo más desasosegantes.

Entre unos y otros no dio para más. Se acabó el partido y el Atleti perdió tras haber jugado contra diez durante setenta minutos. Perdió en un campo en el que no hay que perder, y aunque es pronto y hay tiempo para enmendar errores, cuantos menos errores se cometan, mejor. El Atleti dejó en evidencia a sus propios jugadores, dejó claro que la plantilla parece corta y que a las primeras de cambio, en cuanto no están todos los que deben, el equipo no da para mucho. El peso de Forlán y del Kun es desproporcionado, la ausencia de un central recién llegado no debería pesar tanto. Lo visto ayer deja dudas, como siempre, aunque esta vez no hay ni tiempo para tenerlas: el martes juega el equipo en Holanda, el fin de semana siguiente hay liga. Las dudas de aquellos que no creían que la plantilla fuera suficiente para todas las competiciones se ven reforzadas. El martes, más. Veremos.

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