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Algunas reflexiones sobre el Atleti - Sevilla

A falta de crónica, alguna reflexión suelta así, para variar.

1. El rival



El rival, esto es, fue el Sevilla. Serio, sin complicarse y con mucho músculo, un buen equipo en definitiva. Encontró el gol en una falta que quizás no fuera y que Luis Fabiano marcó con excesiva facilidad y mucha clase. Quizás Coupet pudo hacer más, quizás Coupet no haya demostrado mucho en cuanto se le ha puesto bajo presión, pero eso a Luis Fabiano le dio igual y marcó un golazo con el esfuerzo del que pela un plátano. Sea como fuere, el Sevilla marcó y se organizó en dos líneas que para el Atleti de ayer parecieron infranqueables. Una defensa bien plantada con excesiva dureza contra el Kun, un centro del campo de mucha batalla y dos extremos que al que suscriben no le gustan especialmente, además de un tipo en punta peleando con la defensa. Una apuesta poco audaz, quizás poco imaginativa pero muy útil para jugarle al Atleti de ayer.

El rival jugó sin apoyo en la grada, al menos sin apoyo agrupado, por cosas de los ultras y las comisarías. Uno, a quien le gusta el fútbol y los bares de cerca del estadio, no concibe un viaje de fin de semana cargado de puños americanos y bates de béisbol a menos que sea uno viajante de efectos deportivos; si los bates fueran de cricket y el grupo marchara uniformado con jerseys blancos de punto aún se lo pensaba, pero ni aún así. Viajar fuera de la ciudad de uno con los amigos de uno para ver al equipo de uno debería ser un placer y no un ejercicio de escapismo, ni de camuflaje, ni de visita a los calabozos. Pero en fin, cada uno hace lo que quiere en su tiempo libre y eso nos parece muy bien siempre y cuando no pase nada en el camino. Eso sí, aquí seguimos esperando a aquellos aficionados sevillistas de bien interesados en conocer los buenos bares locales, y les esperamos sin disimular las ganas de demostrarles que no sólo se fríe bien en su tierra y que no es cierto eso de que por aquí no se cuida la aceituna, la temperatura del vaso o el tamaño del caracol (que no cabrilla); y, claro, con ganas de confirmar que la Cruzcampo poco tiene que hacer contra la Mahou bien fría. En este último punto sí entendemos que la rivalidad puede llevar a retirar la palabra al oponente poco educado u objetivo, que hay cosas y cosas y con algunas de ellas no se bromea, por Júpiter.

2. Los nuestros


Los nuestros, esto es, el Atleti, dieron una imagen así así, lo que se viene llamando imagen regulera. Con varios lesionados de peso en la alineación, salió un equipo algo mutilado y con poca presencia, como si hubiera pasado mala noche. Salió el equipo ya de inicio con cara de decir es que he pasado mala noche o tengo sueño atrasado y a mediados del segundo tiempo ya puso directamente cara de tener un corte de digestión por no haber respetado el maternal margen de hora y media antes de tirarse a la piscina. Sin Heitinga, que en pocos partidos ha enseñado a la grada a echarle de menos; sin Maniche, que andaba entonado, y sobre todo ayer sin Forlán y sin Simao, el Atleti empezó bien y acabó chocando una y otra vez contra la doble muralla del Sevilla con la tenacidad y el éxito con el que las polillas percuten una y otra vez contra los cristales de las ventanas.

De atrás hacia delante o de delante hacia atrás, el equipo dejó una sensación de flojera. De flojera física y de flojera de ideas. Cuando uno se da cuenta que a la quinta jornada faltan cuatro titulares por lesiones y que antes de la sexta se han lesionado otros tres jugadores, uno se plantea si algo se ha hecho mal. Si a las lesiones se añade la sobrecarga de partidos y responsabilidad del Kun, la sensación que el equipo transmite es de asfixia. Sólo Ujfalusi, de nuevo enorme, parece mantener el tipo y de paso mantener a flote la defensa. Otros jugadores naufragan en tierras que este año les resultan extrañas, a pesar de que el año pasado fueran dueños y señores de las mismas. Raúl García anda despistado, Maxi es menos Maxi que otros años y el equipo se resiente cuando a la ausencia física de varios titulares se une la ausencia espiritual de dos de los puntales del Atleti del año pasado.

Por partes y líneas, Coupet dejó ayer un sabor amargo al personal. Torpón con los pies, hizo una pifia digna de salir en los zappings que por suerte no acabó en gol. Los optimistas que creían haber visto la solución a las carencias de Leo Franco ayer se reunían en las esquinas con aire taciturno y movimiento pendular de cabeza recordando que quizás hubiera podido llegar al balón en el gol de Luis Fabiano. La portería parece que sigue siendo zona peligrosa a pesar de la renovada seguridad del centro de la defensa, y si entra un cabezazo rival tenemos un disgusto aún mayor.

Entre los de atrás, la figura de Ujfalusi se agranda partido a partido a la vez que se empequeñecen las de los demás. Seitaridis tardó poco en conseguir su clásica amarilla y desesperar al respetable (y eso que no lesionó a ningún compañero), Pablo salió en su lugar y a los tres minutos se lesionó y tuvo que salir Pernía, que a pesar de salvar un gol volvió a firmar una actuación flojísima, y miren que me duele escribir esto. Sólo el checo y el checo solo, con algo de ayuda esporádica de Antonio López y Perea, se ocupó de mantener el sitio y cortar balones por arriba y sacar el balón jugado y lanzar pases en largo. Al Atleti le hacen falta dos laterales en condiciones como falta nos hacía un UIjfalusi desde hace unos cuantos años. Ujfalusi volvió ayer a hacer un partido para enseñarlo en vídeo a los centrales que hoy tienen catorce años, a ver si aprenden (y no sólo a llevar el pelo largo).

La media es otro cantar. Salió Banega y al que suscribe le gustó. Contribuyó a aclarar ideas y cuando él estuvo en el campo el equipo pareció menos previsible y más capaz de romper el sistema del rival. Abusó en algunas ocasiones de la complicación, lo que le llevó a perder algún balón delicado por demasiado arriesgado, como en el primer gol. Mantuvo el tipo ante la feroz presión del Sevilla, sobrado a la hora de asfixiar al rival en esa zona. Banega apuntó cosas ante un rival con un centro del campo difícil, que no es poco. Seguiremos su evolución con esperanza, por cursi que suene la frase.

De sus compañeros ayer se pueden decir más cosas. Sin Maniche, Raúl ocupó el centro del centro junto al argentino, con un resultado algo desigual. Retrasado en sus posiciones cuando el equipo creaba, no participó todo lo que debiera en el ataque por compromiso con el equipo, al que no quería dejar sólo ante el peligro. Aportó más en lo gris que en lo brillante, como viene siendo habitual, pero no con la contundencia y fiabilidad del año pasado. Tampoco Maxi está en su mejor momento y basó su juego más en aportar a la destrucción, algo para lo que necesitaría un punto más de fondo. Mientras estuvo Banega el Atleti retuvo el balón en los interminables ataques de balonmano que propiciaba el numantino planteamiento del Sevilla, agresivo ya desde el medio campo. Durante ese tiempo el Atleti tuvo el balón pero no conseguía entrar, echando de menos a Simao y Forlán y su repertorio de entradas por las bandas, por el centro y por donde haga falta, oiga.

Luis García merece párrafo aparte. Luis García estuvo mal, y tampoco pasa nada por decirlo. Falló muchos pases y desesperó al personal con su insistencia en hacer fútbol de cristal de Bohemia cuando el partido reclamaba duralex del rayado, del de vaso de nocilla, el vaso de los diez mil lavados. Luis García jugó mal y la grada la tomó con él. Con el partido en contra y poco tiempo para remontar iniciaba Luis García un boceto de ataque y se llevaba una bronca. La gente ayudó poco al equipo con eso, y si esos silbidos se hubieran usado en alguna otra ocasión, quizás las cosas no fueran como son. Pero así es la grada y ayer la tomó con Luis García y quizás por eso el resto guardaron la ropa y los balones finales fueron llevados hasta el área rival por Perea y Pernía quienes, conscientes de que los pitidos los tienen casi seguros, no dudan en intentarlo cuando la cosa no es propicia.

Y por último, la delantera. Era difícil jugar ayer contra un Sevilla tan bien plantado atrás y tan mentalizado en medio campo. Lo era aún más si uno anda justo de motor y con molestias en los abductores, como el Kun. Si además el rival anda con pocas contemplaciones, la misión es complicadísima, y si no está Forlán o Simao para abrir latas y hacer el trabajo más sucio, es casi imposible. Aún así, no es excusa para un equipo que presume de ataque, porque ni Kun ni Sinama aportaron mucho ayer, y en el caso del primero esto es casi una noticia por sí sola. Los balones de peligro los sacó Palop y sus errores en los despejes no fueron aprovechados por nadie.

3. El futuro


Con el Sevilla quedaba inaugurado un tramo de liga complicadísimo, mechado con dos partidos de Champions. Nada más empezar la temporada, el Atleti tiene a medio equipo en la enfermería y a su máxima estrella haciendo gestos para que le lleven a un balneario. Esto no quiere decir mucho, como tampoco quiere decir nada que hace cinco días la prensa hablase del Atleti como candidato firme al título y hoy haya más dudas que otra cosa. Lo que está claro es que lo bonito acaba de empezar y llegamos con un roto en el pantalón y poco dinero suelto por más que creíamos que se iba a girar todo el mundo para alabar nuestro porte nada más entrar en la fiesta. Pero aquí estamos y no pasa nada por perder con un buen equipo en casa: hay días por delante para recomponer la imagen y dar alegrías a la parroquia. Y, claro está, para volver a hablar con aficiones rivales sobre dónde se tira mejor la cerveza, que en el fondo es de lo que se trata. A ver si esto no lo perdemos.

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