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De cómo estar más contento a las siete que a las cinco

Aprovechó el Atleti que hacía sol y que la hora a la que jugaba es una hora excelente para jugar al fútbol, y nos dio una alegría a todos, miren Vds.


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Madrid tiene muchas cosas malas y algunas insuperables. Entre estas últimas, el Club Atlético de Madrid, el bocadillo de calamares y los días soleados de otoño y de invierno. Ayer salió un día de estos, un día de cielo azul y aire limpio y frío pero sin cortar, no ese aire que llega de la sierra y le deja a uno la piel de la cara tiesa y la garganta cauterizada, sino un aire algo más amable, menos violento, más tolerante. En Madrid hay días de cielo azul y parques de colores que van del verde al ocre y terrazas llenas de valientes con jersey de lana y de bares en los que el madrileño medio toma vermouth en vaso pequeño y largo y cerveza en vaso chaparro de caña, patatas fritas en bolsa de plástico con la etiqueta amarilla y banderillas en un platito blanco del que siempre cae un poco de líquido que le mancha a uno un zapato; si el bar también es de un valiente que se juega la multa y desafía la ordenanza municipal, todo esto se hace en la acera y se apoya el vaso y el platito en el coche que hay enfrente, y cuando llega el dueño se va enfadado porque él había aparcado un coche rojo y se lleva ahora uno de lunares gracias a tanto vaso posado.

El Atleti tiene algunas cosas malas, sobre todo dos, y muchas insuperables. Entre estas últimas, las Peñas que vienen de lejos, los atléticos de fuera de Madrid, Atléticos con mayúscula que consagran su domingo entero a lo que algunos no le consagran ni los últimos cinco minutos del segundo tiempo por aquello de no coger tráfico. En este fútbol nuevo de horarios intempestivos y televisivos las Peñas se ven obligadas a hacer encaje de bolillos para cuadrar horarios y vueltas a casa y madrugones del día siguiente y alquileres de autobús, y por eso uno se alegra especialmente por ellos cuando el partido es a hora sensata, a hora futbolera, a hora taurina de día de otoño. Para el atlético de verdad, tan obligada como la firma para la canonización de Gárate debería ser el paseo por la calle Alejandro Dumas entre los autocares de los que llegan de lejos, de Castilla y de La Mancha y de Levante y de Poniente y del Norte y del Sur. Para todos esos atléticos de kilometraje ilimitado, deseando que ayer lo pasaran bien y que tomasen vermouth y cerveza y patatas y banderillas disfrutando del día, va lo de hoy.
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Hacía sol y la afición bajaba hacia el estadio en tropel charlando desde Puerta de Toledo y desde Pirámides y las terrazas de la zona estaban llenas de bufandas y camisetas rojiblancas. Y entre la multitud colchonera había muchos niños y señores fumando un puro y alguno con un pacharán en vaso de plástico. Y es que los partidos a las cinco tienen estas cosas tan bonitas, qué quieren que yo les diga.

Quizás por no cargarse la idílica postal otoñal o quizás por haberse decidido el entrenador a seguir los consejos de Perogrullo, quien nos consta ha llamado varias veces al Club en los últimos días, el Atleti salió con los jugadores buenos, todos juntos y a la vez. Salió el Atleti con Ujfalusi, y con Maxi y Simao, y con Agüero y Forlán, cinco tipos con la mayúscula ganada a pulso. Tras unos cuantos partidos con un solo punta y muchos mediocentros, volvió el Atleti a casa con dos delanteros frente a un equipo que sólo traía uno. Salió el Atleti, en fin, como hay que salir y terminó haciendo un partido a ratos bueno y a ratos muy divertido.

Salió también el Depor con cara de conmigo no se juega, oiga, y durante un rato hizo frente al Atleti bien plantado en el medio campo con Riki solo cerca de la defensa rival. El Atleti lo intentaba y no conseguía jugar con fluidez, pero transmitiendo más seguridad que otras veces. Sería por estar mejor dispuesto, sería por la fe que transmiten los buenos en el campo, sería porque Ujfalusi mantiene a la defensa en su sitio, no deja pasar a los rivales y saca el balón jugado si hace falta, sería porque los laterales no dejaron jugar cómodos a Guardado, Lafita y compañía, sería porque Leo Franco paró con solvencia un par de tiros claros de los de la Coruña. Sería por lo que fuera pero la imagen que se dio durante el primer tiempo fue poco brillante, algo plúmbea pero también sólida. Parecía importante que el Atleti marcara pronto para evitar problemas más adelante y así ocurrió, de rebote y en un corner, con Perea y Heitinga como protagonistas, sobre todo el segundo por aquello de haber batido todos los records posibles de anotación precoz de goles de rebote por un debutante en la Liga. Uno a cero al descanso, resultado justo si uno mira a los dos palos de Forlán pero quizás no tan justo si uno se fija exclusivamente en el juego desplegado.

Tras el descanso salió el mismo Atleti pero con mejor cara, qué cosas pasan. Poco tardó el Atleti en marcar, esta vez gracias a Forlán, ayer de nuevo un titán. Forlán no sólo marca de tiro preciso y potente o tras inteligente carrera, u obliga al portero rival a volar de punta a punta de la portería. También se desmarca, corre, aporta soluciones a los suyos y multitud de problemas a los rivales. Como en tantos otros partidos Forlán demostró ayer su facilidad innata para el fútbol, para ver los movimientos, para entender los desmarques y para pegarla desde cualquier sitio y con cualquier pierna. Como en tantos otros partidos dejó claro que el mayor problema que podemos verle a Forlán es no haber llegado al Atleti varios años antes. No obstante, y al contrario que en tantos otros partidos, Forlán demostró ayer un cariño verdadero hacia la grada y un respeto profundo hacia el seguidor medio del equipo; hablamos de su negativa esta vez a levantarse la camiseta tras marcar. La oronda grada en pleno, bocadillo en ristre, agradece al uruguayo el gesto de no alardear de torso. Un gran futbolista y todo un caballero.

En el segundo tiempo se vieron cosas interesantes, hasta el punto de que uno se atrevería a decir que se vieron las mejores jugadas de este año en el Calderón. Cambios de juego, jugadas largas, paciencia, criterio, detalles de calidad como la cesión del Kun a Maxi en el tercer gol, fases de continuidad y dominio. Maxi marcó un gran gol tras una jugada colectiva con cambios de banda y adornos útiles. Forlán marcó el último de la tarde tras una jugada rápida de recuperación y triangulación. Ujfalusi impuso durante toda la tarde su personalidad, oficio y clase; Simao lo intentó frente a Manuel Pablo, que lució un físico que le hacía parecer el padre del portugués. Assunçao y Maniche ofrecieron alguna duda más; el primero da estabilidad al equipo y se muestra bien situado, pero no aporta hacia adelante todo lo que alguien en su puesto debería; Maniche aporta cuando cambia el juego y toma riesgos, pero poco cuando se limita a devolver el balón a quien se lo acaba de entregar, forzando que el juego lo construyan los laterales. Perea, de nuevo impresionante en velocidad y físico, salvó balones de mérito y amargó la tarde al visitante a quien tocó marcar. Sólo el Kun pareció algo menos brillante que otras veces, algo más espeso. Y es que no va a jugar siempre como un ángel el chiquillo, digo yo.

Mención especial merece, piensa uno, Valerón. Salió Valerón cuando quedaba un ratito y la afición del Atleti debe agradecer a Lotina el detalle, tanto por habernos dejado disfrutar de él como por no haberlo sacado antes. Salió Valerón y casi ni nos enteramos, y cuando llegó un balón por su zona la grada dijo anda, mira, Valerón. Salió Valerón con ese aire tristón y tímido, las rodillas algo juntas, la mirada despistada y un corte de cuerpo que se le caricaturiza con la edad. Iba Valerón andando por su zona entre fogosos mediocentros de despliegue físico demagógico y media melena empapada de sudor, y parecía que no sabía bien qué hacía ahí con su aire de contable que va a recoger unos impresos. Pero Valerón, ya saben, es así. Le llega un balón a Valerón y le asedia un tipo de dos metros y diez años menos corriendo como un poseso; Valerón da un paso andando hacia un lado y luego andando pero más despacio hacia otro y sigue en el mismo sitio y con el balón mientras que el amenazante atleta que venía echando espuma por la boca está ahora a diez metros preguntándole a un defensa cómo se vuelve hacia el centro, que se ha perdido. Mira Valerón por el ojo de una aguja y da un toque flojito y casi sin querer, un toque que es el reflejo físico de su voz de poca cosa, y deja a un delantero solo delante del portero entre la mirada de los defensas que se preguntan cómo llegó ese balón ahí. Hace Valerón un regate antológico y lo hace como quien compra la prensa, sin alardes, casi pidiendo disculpas, y lo hace rodeado de jugadores con patillitas recortadas y estilismos capilares fashion que celebran los goles imitando la parada nupcial de la avutarda que le miran y no toman nota, aunque debieran. En fin, salió Valerón un rato y el Depor tiró a puerta mucho más que en todo el rato en el que no estuvo él. Valerón, que jugó en el Atleti en un año más bien malo para él y muy malo para el equipo, es de esos jugadores de los que uno hablará a sus nietos tanto por su increíble talento deportivo como por su discreta personalidad; es de esos tipos a los que uno piensa que hay que recibir con una ovación en todos los campos de España.

Jugó en fin el Atleti un partido divertido y ganó con autoridad y brillo, algo que hacía falta a este lado del Manzanares. Y lo hizo con Forlán, a quien se le atribuía un enfado con el mundo, dejando claro que si el Atleti piensa en un jugador-entrenador para el futuro tiene uno con el siete a la espalda. Y con el equipo entero intuyendo cuáles deberían ser sus características, su juego, su misión. Y con una grada contenta una vez más, contenta, que feliz es palabra para un rato mucho más largo.

- Oiga
- Dígame, a ver
- Mire, es que no me creo que Vd, precisamente Vd, no vaya a hablar de Pernía hoy, precisamente hoy.
- Pues no. Hoy no hablo de Pernía porque de Pernía, hoy, habla todo el mundo. Sí, todo el mundo, oiga.


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Epílogo: "Uf, qué lujo", rezaba el titular de la portada del Forza Atleti y el que suscribe y al menos otros veinte o treinta, que tras un rato dejamos de contar, nos quedamos sin palabras. Nuestro héroe el portadista se ha soltado la melena. Advertidos quedan.

URL de la noticia: http://elrojoyelblanco.blogspot.com/2008/11/de-cmo-estar-ms-contento-las-siete-que.html

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