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La extraña cuasi-crónica del partido absurdo

El Atleti jugó un partido que ganó y que le metió en octavos de la Champions. Hasta ahí, todo normal aunque también extraordinario.

El fútbol es un deporte raro en el que no siempre gana el mejor. A veces un equipo chico hace un partidazo y gana al favorito con contundencia y merecimiento. Otras veces un gran equipo juega de maravilla y pierde porque el extremo rival despeja un balón blandito que le da a un señor en la cabeza y entra en la portería. El fútbol tiene estas cosas y por eso nos gusta tanto, por eso uno no puede fiarse de nada; por eso, de hecho, mucha gente dice el fútbol es así y se mondan al decirlo. El fútbol es muchas cosas y en muchas ocasiones también es absurdo. Y, a veces, especialmente absurdo.

En estos tiempos absurdos en los que la estrella del otro equipo grande de la capital, de apellido Gutiérrez y nombre Haz, comparte estilismo capilar con Pepe Oneto, uno sigue encontrando motivos para asombrarse. Ayer, cuando se debería haber vivido un partido precioso con un estadio lleno de gente encantada de echar juntos la noche más fría del año, jugó el Atleti a puerta cerrada, sin público. Y fue así porque en un encuentro previo la policía, que no tiene nada que ver con el club, las tuvo tiesas con un grupo de aficionados franceses que nada tienen que ver con el club. La historia ya la conocen Vds: los visitantes colgaron pancartas y cantaron por Gainsbourg hasta que la policía llegó al lugar de los hechos a pedir educación con bastantes pocos modales, que es algo ya bastante absurdo. La policía pidió pues mesura de forma exagerada, que tampoco parece muy normal, y la afición rival dijo oh, lá-lá, como el francés de la canción del limón y el limonero. El resultado fue doblemente absurdo: por un lado, quien terminó por pagar el pato fue la afición del equipo local, que aún no había salido del trabajo cuando se produjeron los incidentes; por otro lado, la afición visitante se fue de rositas con la excepción de un solo tipo quien, sin saber el que suscribe si es una buena o una mala persona, vino a ver el fútbol y se llevó para él solito y de forma acumulada la sanción que deberían haber compartido todos sus compañeros de viaje en porciones alícuotas y proporcionales.

Así, en estos tiempos absurdos en los que los militantes antiglobalización llenan de pintadas del estadio del Atleti en defensa de Mirasierra, que es un barrio bien de la capital, la sorprendida afición colchonera se dispuso ayer a ver un partido raro en un estadio vacío. Sólo 75 personas por cada equipo podían acudir a ver el partido, y esto parece ya un poco absurdo. Por qué 75 y no 14, número de importante simbología colchonera, es algo que no nos han explicado. Por qué entre esos 75 elegidos de entre la inmensa masa colchonera estaba el presidente del otro equipo grande de la capital nos parece un poco absurdo, aunque si fue por dar algún tipo de apoyo institucional al Atleti ante el atropello de la UEFA nos podría parecer hasta bien y de agradecer. Pero claro, este tipo de cosas son las que el Atleti no explica a sus socios, para qué hacerlo. En estas circunstancias son éstos, los aficionados de a pie, quienes deben tratar de desenmarañar las intricadas relaciones del palco para entender por qué fue ese señor uno de los privilegiados y no lo fue el socio rojiblanco de mayor edad, o aquél con el número de socio más bajo, o los cincuenta socios más antiguos, o sus invitados, o los 75 socios más fieles o que más viajan con el equipo, o cincuenta militares sin graduación, o los rojiblancos más trabajadores, los especialistas en la obra de Faulkner, las rojiblancas más bellas, los colchoneros más madrugadores o los más juerguistas, los mejores imitadores de Chiquito de la Calzada o los más versados en el uso del buril, aquellos que gastaron más en la tienda de productos oficiales o los que nunca se quejan, los más miopes, los más bajitos, los padres de familia numerosa o sólo aquellos socios de nombre Emilio y domicilio en portal impar. No. Fueron otros y no sabemos por qué, pero allí que se fueron y allí estuvieron, los tíos.

Y ocurrió que, en estos tiempos absurdos en los que a nadie le extraña que un equipo de una ciudad no tenga ningún jugador de la misma, el Atleti jugó un partido más cómodo de lo esperado ante un rival vestido de azul purísima. Salió el Atleti vestido de Atleti, que algo es algo en estos días, y salió el rival vestido de azul clarito y bien peinado. Quizás los pocos invitados al palco pudieran apreciar, gracias a la ausencia de la masa rojiblanca, que el PSV, vestido de bebé y hablando con la ge, olía a colonia nenuco y polvos de talco. Durante el primer tiempo se comportó el PSV como su atuendo merecía, dejando al Atleti hacer un partido cómodo, terminándose el potito y riéndose a carcajadas cuando le hacían el avión con la cuchara. Dos fallos defensivos, algo absurdos, dieron al Atleti la oportunidad de tranquilizar el partido, adormecer al rival y darle golpecitos en la espalda por aquello de los gases. Del primer gol se encargó Simao, un jugadorazo cada vez más importante. Del segundo, Maxi, un jugadorazo que parece empezar a volver. Sólo un puñetazo a la cara de Heitinga, al parecer durante una disputa por la propiedad de un juguete (un balón, según los presentes), quebró el plácido partido de los locales.

Pero en estos tiempos absurdos en los que los fieros seguidores del fondo sur se arrancan por Camilo Sexto y a todos nos gusta la idea, la canción y la letra, ocurrió también que el Atleti decidió, fiel a su lógica absurda, hacer lo posible por complicarse la vida. Un gol evitable ante un desorientado Heitinga, que pidió el cambio al ratito por ver chiribitas en cada giro de cuello, puso al Atleti en una situación incómoda, esa situación que todo aficionado colchonero conoce. Los jugadores del Atleti, quizás por incapacidad funcional o quizás en solidaridad con el poco ilustrado colectivo escolar patrio, no han llegado a entender que es más fácil que le empaten a uno cuando lleva un gol de diferencia que cuando lleva cuatro. Se diría que el Atleti goza dejando partir de forma absurda su ventaja en el marcador, preparándose para la angustia de los diez minutos finales con el arrojo de un terrorista suicida. No llegó la sangre al río a pesar de algún susto solucionado con solvencia con Coupet, que llama la atención por salir de debajo de los palos, el lugar donde pensaba el aficionado atlético que atornillaban a los porteros últimamente. Pudo el Atleti complicarse la vida pero no lo hizo, y eso que en ataque anduvo algo despistado por causa de un Kun algo desconocido y de un Sinama que no parece capaz de cubrir el hueco que le dejan de vez en cuando sus titulares compañeros de delantera. Y todo ello el día en el que Seitaridis, el jugador más absurdo entre los absurdos, jugó bien.

Así que en estos tiempos absurdos en los que Laura Pausini declara públicamente que le gustaría cantar a dúo con Celine Dion y ni se pronuncia la ONU ni el ejército se moviliza ni suenan las alarmas anti-bombardeo aéreo, el Atleti se metió en octavos de Liga de Campeones firmando una buena fase de clasificación. El mismo equipo que en la liga renquea y tose a la mínima corriente de aire soluciona con solvencia sus desafíos europeos, y si no es por un pérfido bombero noruego estaría ya clasificado primero de grupo con cara de galán de cine y pañuelo en el bolsillo de la americana. Ayer, en un partido absurdo dirigido a voces por un segundo entrenador haciendo las veces de entrenador de verdad (que ya es puntería, para un par de días que el hombre tiene que ejercer de primer espada, va y le toca un partido en silencio) se ganó el Atleti un par de partidos más entre los dieciséis mejores equipos de Europa, que se dice pronto. Queda el partido contra el Olympique, el partido que en Francia esperan como la venganza de San Quintín y aquí, quién nos lo iba a decir, esperamos como un trámite para ver quién nos toca en la siguiente eliminatoria.

http://elrojoyelblanco.blogspot.com/2008/11/la-extraa-cuasi-crnica-del-partido.html

Publicado nov 28 2008, 08:00 por SDHEditor
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