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El Atleti tricampeón de la Supercopa de Europa. Revista de prensa (II)

El Español

El Atlético marchita la flor del Real Madrid en la Supercopa de Europa

Los rojiblancos se llevan la Supercopa de Europa en la prórroga ante un equipo de Lopetegui que pagó muy caro los múltiples errores en defensa.

Jorge Calabrés

El guion de la Supercopa de Europa parecía similar al de las últimas veces que se habían visto las caras Real Madrid y Atlético más allá de las fronteras españolas. Sin embargo, algo cambió cuando, a diez minutos del final, Diego Costa mandó a la prórroga el encuentro. Sin gasolina, pero también sin la flor de años anteriores, el equipo de Lopetegui sucumbió preso de sus propios errores en defensa. Saúl y Koke enseñaron a los blancos el sabor de la derrota en un derbi europeo aunque fuera de menor enjundia que los anteriores.

La Supercopa de Europa abría el telón de las competiciones continentales en Tallin. Real Madrid y Atlético se medían de nuevo en un duelo por un título tras las finales de Lisboa y Milán que se llevaron los blancos. En el banquillo merengue se estrenaba Julen Lopetegui, mientras que Simeone soñaba con que a la tercera fuera la vencida. El argentino había podido con el eterno rival y vecino en Liga y Copa, pero nunca en Champions. Ahora, tras más de 120 millones en fichajes, los colchoneros ponían a prueba el proyecto creado para estar el próximo día 1 de junio en el Wanda Metropolitano en la lucha por 'La Orejona'.

No hubo grandes sorpresas en las alineaciones. Solo Modrić  se cayó del once al estar corto de preparación, mientras que en el conjunto rojiblanco debutaban Rodri y Lemar con Lucas Hernández convertido ya en el dueño del carril izquierdo de la zaga. El plan previo era claro: el Madrid dominaría la pelota y el Atlético buscaría sorprender en una contra o en un desplazamiento en largo.

El Atleti golpea primero

Y lo consiguieron los colchoneros antes de que se cumpliera el primer minuto de encuentro. Un balón alto de Godín fue ganado por Diego Costa en el salto con Sergio Ramos. Varane se duerme y el internacional español se lleva el esférico y, desde casi la línea de fondo y sin apenas ángulo, empalma con violencia para que la pelota se cuele por el palo de un flojo Keylor Navas. El costarricense se agacha y facilita el tempranero gol de los rojiblancos a los 49 segundos.

Reaccionó el Real Madrid aguantando el control del juego y acercándose poco a poco al área de Oblak. El esloveno sacó sus reflejos para que, en el minuto 17, evitar el empate de Marco Asensio tras un taconazo espectacular. Centro de Marcelo y el balear se saca un recurso de la nada que solo una gran parada echó al traste. Benzema, en el segundo palo, no llegó tampoco al rechace por centímetros.

Bale y Benzema lideran la reacción del Madrid

Aquella ocasión fue solo el aviso de lo que ocurriría diez minutos después. Bale se mide con Lucas Hernández y deja al francés atrás con un arrancada soberbia. El galés pone el balón templado al segundo palo para que aparezca de la nada Karim Benzema y cabecee a la red. El '9' del Madrid ejerció de matador y demostró su reconciliación absoluta con el gol tras la salida de Cristiano y con la ilusión renovada en la que será su décima campaña de blanco.

Marcelo y Asensio gobernaban el partido por la banda izquierda. Una versión más que notable de los de Lopetegui, con Casemiro de escoba, ante un Atleti en el que sorprendía también el trabajo sin balón de Lemar. El encuentro era divertido y de alto nivel, propio de dos de los mejores equipos del mundo. El Madrid respondía a la llamada a la guerra de los de Simeone sin titubear y los rojiblancos aguantaban el envite del triple campeón de Europa.

En la segunda parte, el partido transcurría sin peligro para ambos porteros. El juego era más espeso y Lopetegui buscó frescura con la entrada de Modrić  por Asensio. Simeone respondió con Correa por un desaparecido Griezmann. El francés pasó sin pena ni gloria por Tallin y mostró estar fuera de forma después de haber ganado el Mundial. Los entrenadores movían sus peones en una partida de estrategia en la que el más mínimo error podía ser crucial.

Juanfran y Marcelo firman las tablas

Ese fallo llegaría pasada la hora de partido y fue de nuevo Juanfran, para alegría del Madrid y suplicio de los colchoneros, el que cometería una mano innecesaria y estúpida tras un saque de córner por estar más pendiente de Benzema que del balón. Abre el brazo el lateral y la pelota choca directamente contra él. No dudó el polaco Marciniak en señalar el punto de penalti. El encargado de lanzarlo, en ausencia ya de Cristiano Ronaldo, fue el capitán. El andaluz tomó la responsabilidad y engañó a Oblak. Error de Juanfran y gol de Sergio Ramos. La vida seguía igual, en ese momento, para Atlético y Real Madrid.

Casemiro, que se había vaciado, se tuvo que retirar lesionado modificando así el plan de Lopetegui para el último cuarto de hora. Ceballos sustituyó al brasileño, aunque ocupó la mediapunta y dejó el doble pivote para la experiencia de Kroos y Modrić . El tanto de los blancos había dejado grogui al conjunto de Simeone que no intimidaba, pero Marcelo rescató a los colchoneros salvando un saque de banda que terminó en el empate de Diego Costa. Juanfran recoge el regalo y cede a Correa para que llegue a línea de fondo y de un pase atrás que remata el delantero hispano-brasileño.

La última bala de Lopetegui fue Lucas Vázquez, intentando así dar velocidad a las bandas por un Isco que no tuvo su mejor noche aunque trabajó como el que más. Le costaba al Madrid recuperar la pelota sin Casemiro ya en el campo y el Atlético se sentía más cómodo con la posesión. Sin embargo, 'El Cholo' decidió meter más músculo con Thomas y quitar a uno de sus mejores hombres como fue Lemar en su debut. La última en tiempo reglamentario la tuvo Marcelo en una contra que terminó en un intento de chilena infructuoso del brasileño. El partido se iba a la prórroga y la gran batalla que los dos equipos madrileños en Estonia se tendría que decidir en el tiempo extra o en los lanzamientos desde el punto de penalti.

La verbena de la defensa

Mejoró el Real Madrid en los primeros compases de la prórroga, pero un nuevo error defensivo permitía al Atlético volverse a poner por delante. En el minuto 98, Varane se duerme en la frontal del área y Thomas le roba la cartera. El centrocampista pone un pase fuerte atrás que engancha de primeras Saúl para fusilar a Keylor Navas. Golazo de volea del internacional español y Lopetegui que tenía que agarrarse a la épica en su primer partido oficial.

El golpe mortal del Atleti llegaría antes de la final de la primera parte del tiempo extra. Carvajal perdió la carrera con Diego Costa, reclamó falta el lateral, y este conecta con Vitolo. El canario se la pone a Koke para que dé un pase perfecto a la red. El 2-4 era ya definitivo. Más que por el cuarto de hora que tendría el Real Madrid para marcar dos goles, por la sensación de impotencia que transmitían los merengues sobre el campo.

Parecía haber honrado la zaga blanca las Fiestas de la Paloma, verbena por excelencia madrileña, en el derbi europeo. Cuatro goles encajados tras sendos errores defensivos decidieron que la Supercopa de Europa volara de vuelta a España en el avión del Atlético. El equipo de Simeone presentó su candidatura a la próxima Champions y los de Lopetegui, que fueron de más a menos, dejaron un sabor agridulce. Sin la famosa flor de Zidane ni los goles de Cristiano, el Real Madrid hincó por primera vez la rodilla ante su eterno rival en una final continental.

https://www.elespanol.com/elbernabeu/futbol/20180815/atletico-lleva-supercopa-europa-real-madrid/330467762_0.html

Eurosport

Cambia la dinastía (2-4)

Carlos Villadiego

El Atlético de Madrid suma su tercera Supercopa de Europa tras vencer (2-4) al Real Madrid, en un duelo lleno de intercambios en el marcador y que se resolvió en la prórroga. Dos goles (Saúl y Koke) en el tiempo extra resolvieron el encuentro a favor de los rojiblancos. Antes, Diego Costa con un doblete y Benzema y Sergio Ramos pusieron la igualada que mandó el partido a la prórroga.

PERSONAJES

Diego Costa

Ni un minuto tardó en inaugurar su casillero goleador esta temporada. El hispano-brasileño comienza como un tiro, tal y como lo acabó. Fue todo un incordio en la zaga blanca que pocas veces pudo controlarlo. Marcó el gol que mandaba el partido a la prórroga. Jugador más determinante durante todo el partido.

Karim Benzema

En un año cuestionado por su falta de gol, unido a que el conjunto blanco busca un 9 que compita con él, Karim empieza la temporada con un gol y siendo importante. El galo fue de los mejores en el Madrid, además de poner el empate momentáneo.

Gareth Bale

Se echó el equipo a la espalda tras el gol del Atlético junto a Benzema. La marcha de Cristiano y su posterior decisión a quedarse le obliga a coger galones y dar un paso adelante. De momento el galés habla en el campo. Con el paso del tiempo se fue apagando como el equipo por el cansancio.

NUDO

El partido comenzó rompiendo todos los esquemas previos que pudiera tener, ya que la final tardó en desnivelarse 50 segundos. Un balón en largo, un control de cabeza y un disparo endiablado que se coló en la portería de Keylor Navas que le ganó la partida al recién llegado Courtois.

El Real Madrid tenía la difícil tarea de hacer olvidar la marcha de Cristiano, y Costa tardó un minuto en ponerle las cosas más complicadas a un equipo de Lopetegui, que sacó un once sin fichajes y sin Modric, recién llegado de las vacaciones por el Mundial.

Por su parte, en el Atlético debutaban en competición oficial Lemar y Rodri añadiendo dos buenos refuerzos al buen equipo creado por Simeone, que por segunda final consecutiva estaba en la grada, por una sanción del año anterior.

Tras el gol, el conjunto blanco se hizo con el balón y los rojiblancos se mantuvieron agazapados, con las señas de identidad que les caracteriza, saliendo bien al contraataque y mostrándose fuertes en la presión y en defensa.

Fruto de esa insistencia con el balón, una galopada de Bale con un buen centro, lo remató Benzema para poner la igualada. Ya llovía menos para los blancos que tras un inicio dubitativo conseguía igualar la final.

Con el empate en el marcador se llegó al descanso, y tras el paso por los vestuarios el partido fue cayendo poco a poco debido a las fechas en la que estamos, con demasiadas imprecisiones en los dos equipos.

Todo igualado, partido controlado por ambos contendientes y parecía que se iba a resolver como suele ocurrir en estos partidos. Una jugada aislada, un penalti de Juanfran por manos le daba ventaja al Madrid en el marcador tras transformar Sergio Ramos el discutido penalti.
Atlético Madrid Supercoupe

Se tornaba negro para los del Cholo, pero a este equipo no le puedes dar por muerto. Un error de Marcelo que no acierta a mandar el balón a saque de banda lo aprovecha Juanfran para combinar con Correa y ponérsela a Diego Costa que en boca de gol puso la igualada de nuevo.

El partido terminó con los dos equipos fundidos y dando por buena la prórroga. En ella, un nuevo error en la zaga blanca dio la ventaja definitiva a los rojiblancos. Una presión alta de Diego Costa a Varane en su propia corona del área, abrió para Thomas que le puso un caramelito a Saúl que sorprendió con una volea por toda la escuadra.

Y prácticamente sin tiempo de respuesta, una contra rápida de los colchoneros supuso un nuevo gol y sentenció el partido para darle la tercera Supercopa para los de Simeone. Un nuevo título para los rojiblancos, que comienzan la temporada de la mejor forma posible. Por su parte, el Real Madrid pierde su primera final europea tras vencer en las anteriores 13 finales.

https://www.eurosport.es/futbol/supercopa-de-europa/2018-2019/supercopa-de-europa-real-madrid-atletico-cambia-la-dinastia-2-4_sto6889794/story.shtml

El Independiente

Ganó el Atlético, cambió el viento


El simbolismo vale más que el trofeo y tendrá un efecto más duradero. El Atleti se ha quitado un peso de encima, porque no hay nada tan pesado como los complejos.

Juanma Trueba

Para tener la importancia que corresponde a su nombre, la Supercopa debería disputarse una semana después de la final de la Champions, como fin de fiesta y último gran combate de las competiciones europeas (eso sí: haría falta añadir días al calendario Gregoriano). Está bien demostrado que programada como inicio de la temporada siguiente la importancia de la Supercopa se difumina y se relativiza a gusto del consumidor. Quien la gana la incorpora orgullosamente a su palmarés, en especial si las últimas cosechas han sido escuálidas. Quien la pierde se la toma como la versión avanzada de un torneo de verano y quien no la juega la ignora por completo.

El Atlético está en su pleno derecho de sentirse como el campeón de los campeones, porque con esa intención fue creado el trofeo en 1972, gracias a la ocurrencia del periodista holandés Anton Witkamp en los tiempos del fútbol total. Sin embargo, esa proclamación durará apenas esta noche, si acaso un par de días más. En cuanto comience la Liga el torneo se archivará con los partidos de pretemporada y ya no quedará rastro de él cuando toque hacer balance del curso que ahora empieza. Y es una lástima.

Por fortuna, lo de menos en este caso era la copa, cinco kilos de plata que amarilleará como todas. Lo que se dirimía es la propiedad de Europa, tierras altas. Para el Real Madrid es un coto privado de caza y se pasea por él con la escopeta al hombro, tan atento a las liebres como a los intrusos. Para el Atlético, su último desafío como club no es conquistar Europa como concepto global (ya tiene parcela), sino concretamente la Europa que pisa el Real Madrid. Y ha empezado a conseguirlo. Hasta el momento, el Atleti no había superado ningún cruce con el Madrid en competiciones europeas, incluidas dos finales de Champions. De hecho, desde 2013, el Real Madrid era el único equipo capaz de ganar a los rojiblancos en Europa. Terminó la racha. O la maldición.

El simbolismo vale más que el trofeo y tendrá un efecto más duradero. El Atleti se ha quitado un peso de encima, porque no hay nada tan pesado como los complejos. De haber perdido otra vez, le hubiera sido muy difícil mantener la fe. El sufrimiento que entrañó la conquista, construida en la prórroga, fortalecerá los ánimos de un equipo al que no le faltaba nada y solo le sobraba un fantasma. También agranda la inconmensurable figura de Simeone. En los últimos minutos de un partido igualadísimo y agotador, el Cholo dio entrada a Thomas y lo colocó en la mediapunta. Carecía de sentido, eso pensamos, hasta que el ghanés robó la pelota a Varane en la frontal del área y asistió a Saúl, que marcó con una volea lujuriosa. Cinco minutos más tarde, y con el Madrid aturdido, sentenció Koke.

Hará falta tiempo para saber si en ese instante asistimos a un giro del partido o de la historia. Quién lo sabe. Han cambiado muchas cosas (Cristiano, Zidane) y también podría haber cambiado el viento de la fortuna. Era Napoleón quien reclamaba generales con suerte y es posible que tal condición se haya despreciado cuando se planificó una renovación deportiva que se llevó por delante al entrenador. El Real Madrid no perdía una final internacional desde que cayó contra Boca en la final de la Intercontinental de 2001.

No es buen consejo hacer leña del árbol caído, porque ninguno hay en el suelo; tampoco se aconseja lanzar las campanas al vuelo. La Supercopa no es un trofeo contra el que se pueda estrellar un proyecto, ni que pueda dispararlo, pero permanece la sensación de que al Atlético, últimamente, todo le sale bien, no tanto a su eterno rival. Ha fichado bien, ha retenido a sus estrellas y ha ganado, por fin, al Madrid en Europa.

Referidos al juego, poco nuevo que destacar. Fue uno de tantos duelos entre los mismos protagonistas, una pelea casi medieval, plagada de alternativas; marcó al minuto Diego Costa y respondió Benzema a los 26. Luego Ramos adelantó a su equipo de penalti y después igualó Diego Costa, inmenso como suele, incisivo y desquiciante. El partido cambiaba de manos sin que nadie fuera capaz de agarrarlo. En otro momento, en todos los momentos anteriores, hubiera ganado el Madrid, pero en esta ocasión venció el Atlético. No creo que el destino, a estas alturas, permita que sea una anécdota.

https://alacontra.elindependiente.com/gano-atletico-cambio-viento/

Cuando despertó, Diego Costa todavía estaba allí

El delantero llevó el peso ofensivo del equipo: marcó los dos primeros goles y participó en el tercero, ya en la prórroga.

Sandra del Estal 

La mayoría de veces lo que te da la felicidad está ahí, a tu lado. Siempre ha estado cerca. No le haces el caso que se merece porque es casi parte del mobiliario, parte de la cotidianidad en la que pronto nos acomodamos. Las novedades son más interesantes porque tienen el aroma de lo fresco y a algo que dabas por perdido y se queda tienes que darle un cariño especial, no vaya a ser que le empiecen a entrar las dudas. Pero al final, un día, cuando no pensabas en ello, aparece y en un minuto recuerdas porque es tan importante en tu vida.

Eso recordó Diego Costa a la afición del Atleti. En el primer minuto del partido, para que las cosas queden claras desde el principio. Controló con la testa el pase largo de Godín en dos tiempos y remató al hueco que le había dejado Keylor. Gol. Para que sus críticos luego digan que lo malo que tiene este jugador es la cabeza. Ración doble.

Después Costa comenzó el partido que más le gusta. El de los piques con Ramos. Según el árbitro, la cabeza del delantero dio contra el codo del defensa  y después Costa, en carrera, golpeó con el pie a la cabeza a Ramos, que acabó con la oreja colorada. Tras los lances, choque de manos y tan amigos. O no, porque el punta peleaba cada pelota como si fuera la última que iba a ver en su vida y fue lo que es siempre, el jugador más incómodo al que se enfrenta el Real Madrid.

Marcó el segundo gol del Atleti, el del empate, y participó en el tercero, ya en la prórroga. Suyo fue el empuje ofensivo frente a un Griezmann que llegó al partido con poco rodaje y sin tener aún el tono físico. Suya fue la emoción, ésa que decía Simeone que iba a decidir el partido. Suyas fueron las ganas de romper con el maldito maleficio que arrastraba el Atlético en sus derbis europeos y que duraba ya más tiempo del soportable. Nadie se había acordado de él, pero apareció. Él todavía estaba allí.

https://alacontra.elindependiente.com/costa-atletico-madrid/

Marca

El Atlético encuentra el karma
Los de Simeone ganan la Supercopa a un Madrid que malvivió sin Cristiano

Jesús Sánchez

El Atlético se fue hasta Tallin para dejar atrás su última frontera. Superar al Real Madrid en Europa, lo que nunca había ocurrido, lo era. El equipo de Simeone, efectivo, hambriento, ilusionado en lo que parece el inicio de una época incluso más ambiciosa, conquistó la Supercopa, la tercera de su historia, para confirmar su extraordinario crecimiento, su espíritu inconformista, su vocación por dominar. Nadie había ganado una final internacional a los blancos en los últimos 18 años. El imposible lo hizo el Atlético, crecido en lo emocional pese a los golpes del pasado, tras un partido parejo, disputado, veraniego, resuelto en la prórroga ante un rival que jugó bien, pero que regaló demasiado. El Madrid empezó a malvivir sin Cristiano. Sólo fue un partido oficial sin el delantero portugués, un partido estival, pero perdió. Adiós al primer título de la temporada en el estreno de Lopetegui, que tampoco pudo emular a Zidane. Una nueva era. Para el Madrid y, por supuesto, para el supercampeón, el Atlético.

A los 50 segundos, Diego Costa se cocinó un gol como el delantero con estrellas Michelín que es. Chef de la pelea por los balones imposibles, al delantero hispano-brasileño le dieron un melón y le puso jamón ibérico. Controló con la cabeza, se hizo un autopase, Sergio Ramos no midió bien y Varane pecó de tibio. Delante de Keylor pero muy escorado, Diego descerrajó un derechazo que sorprendió al portero tico por el mismo sitio por el que los porteros de balonmano no atajan el lanzamiento desde los siete metros. Era el mejor arranque posible para el Atlético, el equipo maestro en la sufrida (y efectiva) disciplina del unocerismo.

El Atletico, consciente de que había que acumular grano en los primeros minutos ante la previsible falta de fuerzas, presionó bien, como el relojito que puso en hora Simeone hace ya unos años. A la lucha se ha incorporado Lemar, que lo ha entendido a la primera, bien enseñado por su amigo Griezmann. O te dejas la vida o no juegas. Y se entregaba a la causa atajando primero a Marcelo y después corriendo por la otra banda, con un gran sentido táctico y un espíritu admirable que terminó contagiando a la tropa rojiblanca, bien dirigida por Rodri, que parece llevar toda la vida con las rayas rojiblancas. Extraordinario fichaje. Busquets ya tiene sucesor.

Un equipo que no fuera el Madrid se hubiera deshilachado tras recibir un gol en el primer minuto de la primera final que jugaba sin Cristiano y sin Zidane. Pero el equipo de Lopetegui dejó atrás la zona cero tras el bombazo de Costa, se fue entonando en torno a la pelota, aprovechando el retroceso del Atlético, que se iba quedando en su campo, para empezar a probar la dimensión de Oblak. Lo hizo Asensio de tacón cuando a Marcelo le había dado por intervenir con más asiduidad. Su influencia es brutal. Cuando Benzema empató (minuto 27) el partido ya tenía color blanco.

Fue una galopada de Bale que dejó atrás a Lucas como si el lateral francés fuera una tortuga y la puso, con la pierna derecha, al segundo palo donde apareció el galo con oficio de ariete. Sin Cristiano, Bale y Benzema son mucho más. El remate fue fantástico y el gol un premio a la gran jugada del galés, cuyo repertorio es amplio. Gareth resultaba incontrolable para los jugadores del Atlético. Hasta el descanso, las alternativas se sucedieron. Llegó más el Madrid, y Asensio pudo marcar, pero el equipo de Simeone terminó bien, en la otra área, para abrochar una estupenda segunda parte. Muy divertida.

La segunda parte fue otra cosa, algo peor. El Atlético la arrancó mejor, con mucho empuje. El Madrid competía bien. Presiona arriba el equipo de Lopetegui, muy solidario también a la hora de sufrir. Y lo hacen todos sus jugadores. Apenas intervenían los porteros, aunque el partido era ya de idas y venidas. Simeone decidió retirar a Griezmann, muy por debajo del encuentro, y Lopetegui dio entrada al Balón de Oro del Mundial, Modric, lo mejor de un banquillo blanco repleto de jóvenes y canteranos. Con el partido parejo, Juanfran hizo un penalti tras un forcejeo con Benzema. No hizo falta el VAR, que no había, para verlo con claridad.

Faltaban 25 minutos. Lemar volvió a tirar del Atlético, que no se rendía. Una torpeza de Marcelo le dio el empate. El balón se iba fuera de banda, pero el afán por rescatarlo se convirtió en un regalo para Juanfran. Correa se libró de dos rivales en el área y Costa la empujó. 2-2, minuto 79. Poco pasó hasta el final salvo que Marcelo pudo marcar de media chilena en el minuto 93. Sí, en el 93. Prórroga.

La noche iba ya de regalos. Sin demasiadas fuerzas, los detalles cobrarían importancia. Thomas lo fue. Ramos y Varane se pusieron a pasarse el balón en la frontal. El mediocentro rojiblanco se la birló al central para dársela a Saúl, que marcó de volea un gol extraordinario. El Madrid, que estaba siendo superior, se desplomó. Porque Costa, seis minutos después, se la robó a Carvajal para dársela a Koke, que anotó el cuarto. El Atlético había resistido hasta la victoria. Había alcanzado su karma.

http://www.marca.com/futbol/supercopa-europa/2018/08/15/5b749e55e2704e57218b462c.html

El Mundo

El Atlético ajusta cuentas

Jaime Rodríguez

  • Se lleva el título pasando por encima al Real Madrid en la prórroga
  • Diego Costa reventó a la zaga blanca

El Atlético aprovechó la Supercopa de Europa para curar un poquito las heridas que la Champions le había dejado en el escudo tras perder dos finales ante su más odiado enemigo. En este peculiar destino, en un campo minúsculo, utilizó la prórroga para desmontar a su rival, agotado en la medianoche de Estonia. Saúl, con un golazo de bandera, y Koke hundieron al Madrid en un feo resultado, la peor forma de comenzar una temporada cuando se estrena entrenador y se ha marchado Cristiano. Tuvo más presencia el Madrid en los 90 minutos, con buen fútbol por momentos, pero sus fallos defensivos le machacaron. El Atlético aguantó el tipo y en el tiempo extra reventó el encuentro. [Narración y estadísticas].

Más ambiente rojiblanco en la ciudad, en el estadio y en el césped también, con mucho más interés del Atlético en el arranque. Serían las ganas de revancha o la intensidad propia, pero sus primeros cinco minutos sofocaron al Madrid, desperezándose aún en el 0-1. Ni 50 segundos llevaba la Supercopa de Europa cuando Diego Costa ganó un balón por arriba a Sergio Ramos, dos pasitos por detrás en la disputa. Toque hacia atrás del ariete, carrera de bisonte hacia el área, suspiros de Varane, lento, y zapatazo a la red. Keylor Navas quedó regular, por entrar la pelota por el palo donde intentaba tapar. El estreno de la temporada continental se descorchaba a lo grande para euforia de la hinchada atlética, superior a la vecina, y del banquillo huérfano de Simeone, enjaulado en un palco. Su socio, el Mono Burgos, pegó un pequeño salto para festejar ese arañazo tempranero que suele ser gloria en una final.

El golpe dejó grogui durante un rato a los blancos, con Lopetegui desgañitándose desde la banda y la defensa aún preguntando por dónde se había colado con esa facilidad Costa. El nuevo curso, la ausencia de Cristiano, las piernas pesadotas... Muchas cosas rondaron en ese momento la mente de los madridistas, en el césped y en el palco, además del incordio de verse por debajo del marcador ante la escuadra más impenetrable del continente. Su alivio fue que muy pronto el Atlético prefirió apoyar la espalda que empujar con el pecho a un rival aturdido. No es la primera vez que lo hace Simeone en una final.

La cesión de terreno sirvió al Madrid para activarse, entre contundentes cortes de Casemiro. Sin Luka Modric y con Isco algo difuso, le tocó a Toni Kroos poner orden en el centro del campo, abriendo de izquierda a derecha con ese toque de balón seco que suena pala de playa. Una apertura la aprovechó Bale para tomar medidas a Lucas Hernández, tan tierno de entrenamientos como Griezmann, ausente. El galés mostró ya el buen zanco exhibido en la pretemporada. Por la otra banda, Marcelo complicaba el debut de Lemar, el gran fichaje rojiblanco. Poco después, Simeone (el Mono) le cambió a la izquierda para que Koke frenara al brasileño.

Rodri se quitó la timidez

El lateral zurdo había puesto la primera oportunidad a Asensio, astuto para rematar de tacón. Apareció Jan Oblak. Paradón abajo. A esas alturas, Ramos y Costa ya acumulaban dos choques aéreos y sendos dolores de cabeza, reclamada la amarilla para el blanco en la primera. No encontraba salida el Atlético, sin parecer importarle mucho, cómodo en el despeje de las llegadas blancas, cada vez más constantes.

La fórmula le falló, a pesar de tenerla bien afinada en estos últimos años, y el Madrid empató antes de la media hora gracias a otra cabalgada bárbara de Bale por la derecha. Se la echó larga y Lucas quedó mirándole el dorsal. En línea de fondo, el británico dibujó un centro con la derecha espléndido, con efecto plátano al estilo Míchel, que Karim Benzema remató a la red en el segundo palo. Gol de delantero puro, de aire acristianado, que viene de cine al francés ahora que está obligado a elevar (mucho) su rendimiento anotador.

Al momento, Asensio tuvo el segundo en una buena salida y remate ajustado. El Atlético sólo recompuso la figura cuando Rodri se quitó de encima la timidez. Una arrancada suya, con la frente arriba y valentía, hizo recuperar el ánimo al fondo de su afición.

Hacía tiempo que no tenía el equipo rojiblanco un mediocentro con tan buen aspecto. Lleva el 14, pero nada tiene que ver con Gabi. Gracias al canterano los suyos espabilaron camino del descanso, aunque sin presencia ante Keylor. Esa leve reacción continuó en el comienzo de la segunda parte, sin que se tradujera tampoco en peligro para su rival, reforzado muy pronto con Modric. No le importó a Lopetegui que apenas llevara una semana de entrenamientos. Mejoró Isco con el croata, mientras el cansancio estival se empezaba a notar en ambos aspirantes.

Más insistente el Madrid, tuvo premio gracias a una inocente acción de Juanfran, otra vez desafortunado en una final ante su ex equipo. Sacó la mano como Piqué en Moscú y Sergio Ramos, de penalti, cumplió con otra costumbre: marcar al Atlético en una final. Pero esta vez, el capítulo de esta serie interminable de derbis europeos (siete desde 2014) tuvo un giro diferente, porque los de Simeone supieron rehacerse cuando apretaba el reloj. Les ayudó Marcelo, al asistir a Juanfran cuando intentaba salvar una pelota de la banda. El lateral entró rápido en el área, la dejó al culebreo de Correa y Costa remachó en el área pequeña el 2-2. Acaba de marcharse Casemiro al banquillo cojeando.

Agotados ambos equipos, en el frenesí final faltó temple para sentenciar. Marcelo, en la última jugada, pifió el remate ante Oblak. Entonces el árbitro mandó la final a la prórroga, otro territorio habitual en estos duelos. Tras Lisboa y Milán, el Atlético se llevó su alegría en Tallin. Enorme volea de Saúl y remate de Koke. No es lo mismo, pero a los rojiblancos les supo a gloria.

http://www.elmundo.es/deportes/futbol/2018/08/15/5b749c57268e3ea66a8b45fe.html

La noche de más furia de Diego Costa

Carlos Guisasola

Firma un doblete tras un intenso duelo con Ramos y es nombrado MVP

Cuando menos se lo esperaba, en pleno baño con la grada rojiblanca, Diego Costa acabó calado hasta los pies. Koke le aguardaba con la botella de agua bien cargada y, en cuanto su víctima se hizo la foto con la brillante Supercopa, le empapó de arriba a abajo. Y el verano de Tallin nada tiene que ver con el de la capital. Y menos al borde de la 1:00 de la madrugada, cuando el minúsculo estadio Lilleküla se convirtió en una improvisada discoteca al ritmo del 'I gotta feeling' del grupo Black Eyed Peas. Costa también tuvo que cargar con el trofeo que le reconocía como el mejor jugador de la final. Sus 107 minutos de furia, de batalla permanente y siempre al límite, le sirvieron para decidir el derbi europeo. Y, de paso, quitarse un escozor que arrastraba desde hacía cuatro años. Desde aquella final de Champions de Lisboa en la que no pudo sostenerse en pie ni 10 minutos. Seguro que soñó muchas noches con algo así.

Lo primero que hizo Costa en la final fue deshacerse de Ramos y Varane y sacar los colores a Keylor Navas con un derechazo en el primer minuto del partido. El gol más rápido en una final de la Supercopa. Lo siguiente, después de pegarse las veces que hicieron falta con Sergio Ramos (que fueron unas cuantas), fue marcar el gol del empate y soltar la adrenalina sobre el fondo donde vivían el duelo la hinchada rival. Y por allí, molestando y soltando el aliento en el cogote de los zagueros blancos, estaba también él. De su lucha emergió el tanto de Saúl que acabó por definir la que es ya su segunda Supercopa de Europa. Y de su batalla con Carvajal, el cuarto de Koke. Estuvo en todas, vaya. Ya estaba en el banquillo en 2010, en Mónaco, pero no tuvo oportunidad de disputar un minuto. Era sólo un chaval que empezaba a despuntar.

Su duelo con Ramos fue uno de esos de los viejos tiempos, cuando aún no habían tenido tiempo de compartir vestuario con los colores de España. Por alto, por bajo y por donde les emparejase el destino. Y si no, ya se encargaban ellos de encontrarse en cualquier rincón del minúsculo estadio Lilleküla de la capital de Estonia. Hubo chispas de todos los colores entre los dos compañeros de la selección. Así, durante esos 107 minutos que aguantó casi al límite, cuando no pudo más. Y eso que apenas llevaban sin verse un mes y medio, desde que Rusia eliminó a España del Mundial en los penaltis.

"Sergio y yo peleamos por lo nuestro"

«Sergio me ayudó bastante en la selección pero nosotros siempre dentro del campo tenemos nuestros roces. Si está su madre o mi madre, cada uno peleamos por lo nuestro. Pase lo que pase dentro del campo, se queda ahí», explicó con su trofeo de MVP en la sala de prensa de Tallin, mientras se seguía pegando, aunque esta vez con los problemas acústicos del micrófono.

Esta gran noche de Costa justifica los más de 60 millones que el Atlético ha tenido que pagar este verano al Chelsea por sus servicios, ya que jugó la mitad del curso pasado cedido. Él, como si fuera un niño, no paró de saltar un instante. Y, por supuesto, le permite curarse esa herida que arrastraba desde Lisboa. «Realmente no jugué ese partido, fueron sólo nuevo minutos... Tenía ganas de jugarlo completo y así fue. Nos tocaba ganar una final al Real Madrid y ojalá nos podamos encontrar más veces».

Sus goles y su fuerza la celebró como un hincha más su entrenador, que tuvo que vivir el partido desde la grada por la sanción que arrastra. «Los goles y el partido de Diego fueron tremendos», lo alabó Simeone que, pese a sus 120 minutos dando berridos a los suyos desde la grada, compareció con la voz bien entera y parte del orgullo recuperado tras los zarpazos de Lisboa y Milán. Tallin es un punto de partida.

http://www.elmundo.es/deportes/futbol/2018/08/16/5b74bf02ca474104348b4627.html

El Atleti se quita el disfraz de humilde
 
Iñako Díaz-Guerra

Escondida entre su clásica (y siempre calculada) prudencia extrema, la rueda de prensa de Simeone previa a la Supercopa incluyó un mensaje nuevo, más ambicioso: «Las expectativas son altas y se nos va a exigir desde el nivel de la plantilla que hemos formado. Necesitamos mejorar lo que hicimos la temporada pasada».

Y lo que hicieron la temporada pasada fue quedar segundos en la Liga y ganar la Europa League, así que ya no cuela aquello de «nuestros rivales son el Valencia y el Sevilla». No lo son y la gente no es tonta, así que está bien abandonar un discurso que ya resultaba tan forzado como el último chiste viral de Joaquín (sí, el del Betis, que aburre ya hasta a Hulio). Y por lo que se vio en Tallin, el Cholo hablaba en serio. El Atleti fue mucho menos conservador que en otras ocasiones, no entregó el balón (el Madrid se lo quitó a ratos, como a cualquiera, que es muy distinto) y reaccionó con grandeza al 2-1: quiso como siempre y supo mejor que nunca.

Evidentemente, y por más que desespere a los amantes del discurso único futbolístico, Simeone jamás va a poner a su Atleti a jugar como Guardiola al City. Ni falta que hace. No quiere mejores futbolistas para jugar a una cosa distinta sino para jugar mejor a lo mismo. Nadie le pide a un punk que se ponga a tocar como Mark Knopfler sólo porque le regalen una guitarra más cara: seguirá pegando guitarrazos, pero sonarán mejor.

Igual que este Atleti en el que Rodrigo y Lemar suponen un salto de calidad tremendo en la tormentosa relación rojiblanca con la pelota. Se sabía que poseían el talento, pero eso no basta en este equipo. Carrasco, Gaitán, Vietto, Jackson... Es larga la lista de fichajes que no tuvieron la personalidad necesaria para sobrevivir a la exigencia felizmente enfermiza de Simeone. En su primer partido oficial, ante el ogro terrible, los dos chavales fueron los que más la pidieron. Ni un titubeo. Ni un temblor. Para cualquier atlético, verles es soñar.

Como para cualquier rival, ver a Diego Costa es temblar. Su llegada el pasado enero transformó al Atleti... pese a que él en ningún momento estuvo del todo bien, castigado por constantes problemas físicos. En Tallin, con su íntimo amigo Sergio Ramos como víctima (¿cuánto pagarían por ver un reality protagonizado por estos dos?, ¿en qué piensan las teles?), demostró que su caos derriba enemigos, gana partidos, es imparable. Forma junto al aún posvacacional Griezmann, una de las tres mejores delanteras del mundo. Lo normal, por otra parte, en un candidato claro a todo. Porque eso es el Atleti y ya ni Simeone lo esconde. Tras demasiado tiempo disimulando, Clark Kent se ha quitado las gafas.

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¡Viva Simeone!

Julián Ruiz

Aleluya. Por primera vez, Diego Simeone le ha ganado una final europea al Real Madrid. Un paso hacia el cielo. Y la evidencia de que Florentino Pérez, desde que le abandonó Zidane, ha entrado en una depresión traumática que le ha paralizado su sistema nervioso. Desde la "espantá" de Zidane es como una persona sin respuestas, sin ideas.

Primero dejó irse a Ronaldo, destabilizó a la selección española en todo un mundial, con un entrenador muy provinciano y casi pierde a Modric. Todo ello sin reaccionar, como si sufriera una parálisis cerebral.

El Atlético, que jugó un partido ejemplar tácticamente, sin demostrar que es mejor equipo, le hizo un guiñapo a un real Madrid, obviamente con mejores jugadores, pero sin sacar rendimiento a su superioridad técnica. ¿Por qué? Porque Keylor Navas es un deficiente portero, que se tragó los dos primeros goles, con la ayuda de Ramos y Varane. Navas ha sentenciado su titularidad. En realidad, nunca me gustó.

No me desagradó la disposición táctica de Lopetegui en casi todo el partido, menos cuando Ramos y Varane regalaron el soberbio tanto de Sául. El Madrid no puede engañarse. Con Lopetegui, el club ha descendido al "provincianismo". El inquietante técnico ha logrado su trayectoria a base de jugadores de la "cantera". Como deje el Madrid la "gloria" a base de la filosofía de Lopetegui, a base de sus Sub-21, con Isco, Ceballos, Asensio y compañía, el Real Madrid estará condenado a la vulgaridad. Las risas de Cristiano se oyen desde Turín. Lopetegui ha sido sólo un cabreo de Florentino con Zidane y Ronaldo.

El Atlético fue feliz con el gol relámpago de Diego Costa. Se echó demasiado atrás con el primer tanto. Tuvo la acelaración del 'souflee' en el segundo tiempo y cuando parecía muy inferior a la potencia blanca, emergió el Atlético de Simeone. Con el tayo en el gol cae Disgo Costa, y con la magnífica perversión los golazos de Saúl y Koke. El Atlético perdía el absurdo complejo del diván blanco freudiano, que incluso sacudía a Simeone. El Atlético ya está dispuesto a besar el cielo en lo que parece una nueva era.

¿Que va a pasar en el Madrid? Incierto futuro si Florentino no reacciona. Hasta el "provinciano" Lopetegui le ha pedido un central, que no sea como Ramos y, por encima del dios Ronaldo, alguien que sea capaz de estar en el infierno del área para que pueda rematar cualquier cosa, incluso un miserable rechace. Es mentira que no haya delanteros centros, por mucho que al presidente de la Casa Blanca le guste Benzema. Al menos, hay cinco y todos los madridistas los tiene en la como castigos en la mente.

Hay una nueva época del Real Madrid. Hasta el peor analista se lo podía imaginar, que tras cuatro títulos de Champions, habría una época de decadencia. ¿Cuanto durará? Dependerá del dinero, de la imaginación de la Casa Blanca. Parece que nace una nueva era del Atlético de Madrid. ¿La majestuosa gloria del Metropolitano? De momento, los atléticos pueden gritar. ¡Viva Simeone!

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