Un hermoso domingo de noviembre en Madrid, cuando el sol sale de su casa de Oriente bohemio y pintor, y recubre las copas de los árboles con metales suntuosos…
Nunca he sido mitómano. Jamás le pedí un autógrafo a un jugador; no consumo camisetas, ni bufandas, ni colecciono recuerdos que no quepan en la memoria; jamás exigí a los ídolos del deporte que me aplaudiesen o saludasen al término de los partidos, o que me adularan en sus declaraciones o que me tuvieran en sus pensamientos; por mi parte, nunca los retribuí con la ola. Pero, como el resto de los aficionados, tengo mis deportistas preferidos. Y si alguna vez sentí un cariño especial por alguien fue por Luis Aragonés y Cecilio Alonso. El otro día, en el Foro Gaudeamus Atleti, tuve el placer de contemplar de nuevo a Cecilio y a Lorenzo Rico. Salvo por las canas, eran ellos sin ningún género de dudas: los inconfundibles pilares del gran Atleti de balonmano de los 80. También habían sido invitados Juan de Dios Román, el artífice de aquel singular equipo, y Salvador Santos Campano, antiguo guardameta de la sección y vicepresidente del club antes del diluvio. El primero no pudo acudir y nos envió una carta, que leyó Raúl Ávila. El segundo vino al final y se marchó antes que nadie.
Consagramos buena parte del coloquio a rememorar una época pobre en recursos y abundante en talento y trabajo. Porque los años gloriosos, amigos míos, nunca fueron boyantes. Lo habitual era que el pago de las nóminas se retrasara, en ocasiones varios meses, (aunque los jugadores nunca dejaron de cobrar). No había dinero para grandes fichajes, pero la cantera y la ilusión suplían con creces las dignas penurias. Y era inevitable que regresáramos juntos, los protagonistas y los seguidores, al momento estelar, a la Copa de Europa de la temporada 84-85. Las eliminatorias contra el Magdeburgo y el Dukla, la final contra la Metaloplástica. Lorenzo Rico contó que en las semifinales contra los checos las cosas se habían torcido tanto en Praga que, Juan de Dios, ajeno ya al match que daba por perdido sin remedio, apostrofaba a los titulares que soportaban dos pesadumbres (la derrota y su ira): "¡Cabrones, me habéis dejado sin la final de la Copa de Europa!". Pero, en la cancha, los suplentes consiguieron asombrosamente enredar al Dukla, y Juan de Dios obtuvo su final.
Escribí en "El Rojo y el Blanco" (y no hallo razón de peso para desdecirme) que la Metaloplástica Sabac no era un equipo, era la mejor selección de balonmano que ha dado la feraz Yugoslavia. Alguien recitó la alineación titular de aquella máquina incomparable: el portero Basic, los extremos Markonia e Isakovic, los laterales Vujovic y Petkovic, el pivote Vukovic y el central Portner. (Las autoridades del extinto país concentraban las figuras de cada modalidad en un club y así mantenían conjuntados a los internacionales, que ganaban sus ligas sin apenas esfuerzo.) Los nuestros, salvo dos: Stroem y Milián, se habían formado en las divisiones inferiores del Atleti.
Rico ganaría después la Copa de Europa con el Barça de los millonarios, pero declaró no haber sentido tanta emoción como la vez en que perdió la final con el Atleti. ¿Por qué? Por la multitud, la multitud que no quería abandonar el Palacio de los Deportes, la multitud que invadió la cancha y formó un pasillo para consolar a los vencidos y aclamarlos como a vencedores.
El Atlético de Madrid de balonmano desapareció en el año 94 (desde el 92, mal síntoma, se llamaba Atlético de Madrid-Alcobendas). En 1989 había caído el Muro de Berlín, que sujetaba al Telón de Acero. En pocos años, las potencias del Este se derrumbaron. Entonces sí, entonces de aquel escombro surgió la leyenda de los clubes españoles victoriosos. Sin contar al multilaureado Barça, han conquistado la Copa de Europa (no la que perdió el Atleti, por supuesto, sino otra muchísimo más pequeña) el Teka, el Elgorriaga Bidasoa, el Portland San Antonio y el Ciudad Real, otra creación ex nihilo de Juan de Dios, o casi.
El balonmano del Atlético es todo él pura (o mera) historia porque feneció, porque ya no hay banderas desplegadas, ni partidos europeos, ni derbis con el Barça, el Calpisa o el Granollers, ni canteranos geniales, ni preparadores irascibles. Sin embargo, Cecilio y Lorenzo quieren rescatarlo del Hades (la fría morada donde los muertos conversan nostálgicos de lo que les sucedió cuando vivían). Ellos creen que el Atleti podría encarnarse otra vez en el modesto avatar del AT Boadilla, que viste de rojo y blanco y va último en la "División de Honor B" (o Tercera). Hubo un patrocinador, pero se lo arrebató la crisis, y los habrá que piensen que el príncipe de ayer es hoy un mendigo que suplica unos cupones para matar el hambre y un techo para no dormir al raso, pero Cecilio y Lorenzo opinan que sus harapos ocultan un joven rey.
A última hora de la grata pero melancólica reunión apareció el hombre importante y ocupado, Salvador Santos, mascullando "el tiempo es oro" ("tengo prisa"; "no me puedo quedar"; "me esperan para comer"; "no sé qué diablos hago aquí"; uno, que es un blando; esto último no lo dijo, pero quizá lo pensó.) Le explicaron de qué iba el negocio. Quedó en hablar con otros hombres importantes y ocupados –"Enrique y Miguel Ángel"–, para ver qué puede hacerse. Uno de ellos, Enrique, declaró días atrás que le gustaría recuperar el balonmano, pero sin que el club ponga un euro. Él y Miguel Ángel ofrecen el nombre y la gestión, y Rita la "Cantaora", los fondos. (Ni siquiera tienen el coraje de negarse.) Meses atrás, Enrique ya había proferido que el balonmano "es un deporte muy caro". El presupuesto del vigente campeón europeo, el Ciudad Real, ronda los seis millones, justo lo que Enrique y Miguel Ángel pagaron por el futbolista Sinama, el de la exhibición de pifias ante el Orihuela.
Un hermoso domingo de noviembre en Madrid, cuando el sol sale de su casa de Oriente bohemio y pintor, y recubre las copas de los árboles con metales suntuosos….
Demasiadas veces el fútbol es un asco. Lo es sobremanera cuando el tipo que pita cambia el marcador con una especie de mando a distancia y en virtud del artículo 33. Ayer el Atleti, un equipo que no pasa de regular hasta cuando le salen las cosas, se disponía a triunfar en Anfield Road (según la propaganda, no sé qué templo de no sé qué misterios nada eleusinos), pero tropezó con un árbitro cobarde e invidente que le robó el partido en el último minuto. Después amonestó al "Kun", ignoramos la razón. (Quizá creyó que iba a escupir; quizá Agüero sacó de centro sin su permiso, cualquiera sabe.) Antes, había perdonado un penalti al once forastero y dos al local. Y durante buena parte del match pitó a instancias de los jugadores de casa.( ¡You fucking idiot, it’s been a bloody corner! Are you blind?) Una alhaja este nuevo retoño del frondoso árbol de la UEFA.
Así pues el Atleti rozó la victoria, y lo hizo a base de amontonar hombres en la zaga, un trabajo titánico en el achique y media docena de contragolpes. La suerte le había sido propicia, pues aunque el Liverpool de Benítez empujó lo suyo (sobre todo en la segunda mitad), las continuas oleadas atacantes, comandadas por su excelente capitán y secundadas con vigor, pero sin inteligencia, por la tropa, se estrellaron contra el dique en torno a Leo Franco. (A falta de Torres y de Skirtel, el Liverpool concentra toda su clase en Gerrard y Xavi Alonso, dejando el músculo para los Arbeloa, Agger, Mascherano, Kuyt, etc.)
Mirado el asunto desde el punto de vista del Atleti, se trataba de una pequeña heroicidad. Porque tiene mérito ganar a domicilio a uno de los capos del Viejo Continente, sobre todo con Perea en el eje de la retaguardia, con un Raúl García inoperante (el fútbol moderno es harto veloz para él) y con Luis García compareciendo a última hora para reforzar las posibilidades de su anterior equipo. (A Luis García lo adoran los muy entendidos forofos de los reds, que también aman el pelotazo bilbaíno, aunque es posible que el decrépito recurso llegase a San Mamés importado de la Rubia Albión. Unos muchachos entrañables estos ex hooligans, hoy modélicos supporters.)
Luis García saltó para marrar el último pase en un contragolpe canónico que era medio gol, ya que la pelota iba en dirección a Agüero. En cuanto a Perea, es el defensa más bruto y más tosco de las grandes ligas, y su permanencia en el plantel rojiblanco retrata aún más a los que le renovaron la ficha que a quien lo contrató. En el Atleti estuvo sobresaliente Assunçao, que les cambió los pañales en más de una oportunidad a Heitinga y al citado Perea, y cumplieron los veteranos portugueses (muy disciplinado Maniche), así como Maxi (que marcó un gran gol) y los dos laterales, pese a ciertas blandenguerías y a algún despiste esporádico.
El planteamiento de Aguirre, casi idéntico al del choque contra el Villarreal, no era malo del todo (¡ya le vale después de tres años!). Escribí semanas atrás que es mejor jugar con un delantero bien alimentado que con dos en ayunas. Se puede perfectamente alinear a Forlán, mientras Agüero entrena, descansa y recobra el tono. (Y cuando se recupere Agüero, Forlán al banquillo.) Y acaso contra los Huelvas, Málagas y Mallorcas puedan actuar juntos ambos puntas; pero no contra los conjuntos más fuertes. Además, con un solo hombre en la vanguardia, el Atleti apenas pierde poder ofensivo porque sus centrocampistas gustan más de tirar que de pasar; tienen más vocación chutadora que constructora.
Pero en ocasiones el mejor planteamiento no sirve. Y si en la jornada del Villarreal lo trastocó el suicidio de Banega, ayer fue el árbitro el autor del sabotaje. Un matiz: Banega también fue expulsado porque en el fútbol español nadie sufre una falta sin ponerse a agonizar sobre la hierba. En la Gran Bretaña (fue muy esclarecedor al respecto el Chelsea/Liverpool de hace un par de domingos) los espectadores reniegan del teatro que no firmen Shakespeare, Oscar Wilde o Bernard Shaw, y por eso el balompié inglés es más noble y auténtico.
El partido de anoche fue al británico modo y aún así el referee noruego la armó. ¡Las que organizaría en El Sardinero, en El Molinón o en Zorrilla!
Mejor así porque es preferible perder en el último minuto que empatar o ganar por culpa del árbitro. Por cierto: debemos a Gil Marín y Cerezo otro hito en la historia del club que okupan: el de perder robando. (Doy mi palabra de que jamás presencié algo semejante en un Atleti-Madrid.) De hecho, el gran nivelador del encuentro fue Clos, el trencilla. Gracias a él hubo partido en la segunda mitad. No es que el Madrid practicara un fútbol de alta escuela durante el primer periodo; es que la zaga del Atleti consiste en unos muñecos de plástico dispuestos en línea, como los dummies que, en los entrenamientos, forman la barrera con la que se ensayan los golpes francos.
Perea e Heitinga se sobraron y bastaron para hundir a su equipo. Del holandés se dice que juega lesionado (peor aún: que vino lesionado). Pero es un mal defensa, como todo el mundo pudo comprobar cuando Van Nistelrooy, de espaldas a la portería rival, dominó el esférico con un movimiento que auguraba el giro veloz y el chut. Heitinga le dejó hacer. Los defensas del Madrid, en cambio, siempre interpusieron la bota, la rodilla, el codo, la pierna; nunca permitieron que sus oponentes dispararan con comodidad.
El único jugador del Atleti que estuvo a la altura táctica del Madrid fue Assunçao. El Madrid es un buen conjunto sin grandes figuras; homogéneo y adiestrado (por Capello), no tiene jugadores tontos ni tristes. El Atleti tiene un tonto de capirote: Perea y más de un triste (Pernía, por ejemplo, es un representante conspicuo de la raza de los tristes.)
Aunque mucha gente cree que la garra es un buen sucedáneo de la clase y del vigor, un equipo que puede poner en liza a Van der Vaart y a Drenthe durante los postreros 15 minutos, cuando el adversario únicamente puede echar mano de Luis García o De las Cuevas, cuenta con bastante ventaja. Sin embargo, la perenne alineación del zurdo catalán prueba que Aguirre es un entrenador de idea fija (sólo tiene una y copiada de Rikjaard: alinear a los interiores en la banda opuesta a la aconsejable por su condición de diestros o zocatos). El "Vasco" vive de espaldas al dios de los pequeños detalles y éste se venga haciéndolo víctima de sus diabluras.
Ya sé que es pedirle la Luna a un futbolista que viaja en vez de entrenar y que no ha tenido tiempo aún ni para hacerse los análisis de la pretemporada, pero el admirable Agüero, el exhausto Agüero, ha de concentrarse más cuando dispara o cuando da el último centro. Sus regates e incursiones nivelaron la contienda, pero sus errores en la asistencia y en el tiro también contribuyeron a que los blancos salieran indemnes del choque.
Tan feliz estaba el once local con el empate que se fue a celebrarlo un minuto. Quizá los futbolistas rojiblancos no podían ya con su alma y la igualada les sabía a victoria. O tal vez son así de inconscientes. Ya en Barcelona extrañó que accedieran a intercambiar las elásticas con sus vapuleadores culés en paz y armonía. Es el signo de los tiempos y lo es en este caso por partida doble: a casi todos los futbolistas de hoy les encantan las gansadas sobre el césped y los del Atleti, por ende, trabajan para una institución subnormal.
Antes de que el Barça comenzara a jugar (y siempre lo hizo a placer), ya ganaba por tres a cero. Los tres goles habían sido a balón parado (el último a ¡balón parado y a puerta vacía!) De modo que, a los ocho minutos de partido, la única tarea que le restaba al once local era ¡la decoración de la hazaña!.
Tan sin enemigo se vio el Barcelona que Messi quiso firmar un gol de ensueño, desdeñando marcar uno excelente, ¡como en los entrenamientos! Conclusión: el Barça se entrenó con el Atleti (o con un facsímil griposo de su propio juvenil).
La diferencia de velocidad, de ritmo, de agresividad, de capacidad de maniobra y de técnica entre los dos conjuntos fue abismal. Todos conocemos a los jugadores blaugranas, pero es que ayer Gudjohnsen, Busquets y Piqué parecían candidatos al Balón de Oro.
También conocemos a los jugadores del Atleti: Luis García, Coupet, A. López, Sinama y el gran Perea hicieron lo que saben. No se les puede pedir más; incluso cuando meten la pata, son ellos mismos; quiero decir que el aturdimiento forma parte de su naturaleza; pero el hasta ahora infranqueable valladar Ujfalusi quedó en ridículo; Heitinga (al que Aguirre ha pedido que no juegue el balón en corto sino que largue pelotazos a los delanteros, pues esto no es Holanda, ¡pendejo!) ídem; Assunçao y Raúl García fueron dos azucarillos en un orinal de ácido sulfúrico, etc. Sólo Agüero estuvo y, en el segundo tiempo durante un ratito, Banega. (De Maxi nada diré por razones obvias; se lesionó en el rabioso chut del tres a uno.)
En el palco, agonizó en silencio el pobre Lázaro Albarracín, pues uno de los okupas no acude ni al Calderón, por consejo de los doctores en Medicina, y el otro sólo acude al Calderón (aunque ambos bien que lucieron traje y corbata en Eindhoven).
Los que idearon un original cartel con el desafío Messi-Kun, olvidando que el balompié no es el tenis, también se cubrieron de gloria; pero éstos lo hacen todos los días. Para ellos un debate consiste únicamente en abrir una puerta para darse el gusto de cerrarla de golpe y en las narices de algún prójimo.
Buen partido en la primera mitad y malo en la segunda. (No sobra la gasolina y está por las nubes a uno y otro lado de los Pirineos.)
El Atleti salió airoso ante un buen equipo gracias principalmente a quien es ocioso mentar y a un par de secundarios de los que el público esperaba poco: Raúl García y Assunçao, aunque el brasileño empezó el choque obsequiando un balón y lo acabó obsequiando una falta. Durante el resto del match fue bastante más cicatero con sus oponentes. Assunçao equilibra al Atleti porque roba, presiona con sentido común y no es ningún tarugo con el cuero en los pies. Y R. García, más ágil y atinado que en otras ocasiones, se congració con los forofos locales, que estaban empezando a perder la fe en sus virtudes. De las Cuevas no desentonó. En cambio, a Sinama le vino grande el partido, igual que contra el Sevilla.
Agüero tiene un caminar raro, como si cojease o como si sólo viviera para correr y driblar y le aburriese el mero ir de un lado a otro al paso del común de los mortales. Como está molido, ha cambiado de forma provisional su estilo de juego; ahora renuncia al desborde; se frena después del dribling y busca a un compañero o dispara.
Algunos aficionados piensan que Perea es un buen defensor y un mal atacante, pero yo opino que es un mal jugador integral, un mal jugador de pies a cabeza. Rifó la pelota en los dos sentidos del campo y no comprendió las únicas situaciones que requerían algún discernimiento, entre ellas la obvia del gol marsellés. Sin embargo, Pernía tuvo anoche una actuación casi meritoria para sus posibilidades.
La televisión mostró un palco multirracial y circunspecto y la alegría descomunal de tres pijos del papel cuché, a los que las cámaras otorgaron una representación que no les corresponde.
Próxima cita: el sábado en el Camp Nou. Demasiados partidos. El que suscribe tampoco anda sobrado de preparación y debería tomarse un mes de baja, pero se avecinan duelos en la alta sierra. Y si no descansa el pobre "Kun", ¿cómo va a escaquearse un simple amanuense de sus hazañas?
El clásico partido entre un conjunto hecho y otro por conjuntar y con bajas. Tiene ventaja el primero, y en nueve oportunidades de cada diez logra imponerse, aunque hombre por hombre sea inferior (que tampoco era exactamente el caso).
El Sevilla es un hueso pequeño y compacto, una taba (hay que roelo, como al Pontevedra de los 60), pero el Atleti anteayer no tuvo molares, ni siquiera caninos.
Bien por el jefe Ujfalusi, que no ignora cómo actuar en cada momento. Mal por Luis García, que no falló un solo pase… al contrario (luego el Sevilla jugó con uno más y el Atleti con uno menos). Ahora bien, lo normal es que los zurdos no den una a derechas cuando los obligan a actuar fuera de su demarcación, expediente al que recurre una vez y otra Aguirre I "El Obcecado". Luis García (un segundo delantero con recortito y buen chut) siempre fue un jugador de todo o nada, que se hacía perdonar con un acierto mayúsculo 15 ó 20 pifias incomprensibles.
Numerosos aficionados del Atleti se preguntan qué ha sido de Maxi Rodríguez, pero Maxi (un ocho nato) es un futbolista nada figura, trabajador, económico (lo contrario que L. García), y no destaca si no logra un gol. Cuando golea, los entendidos abren su inmensa bocota y afirman: "¡Apareció Maxi!", y los que más dudaban de que se hubiese calzado las botas añaden con suficiencia: "Siempre aparece".
Las selecciones son grandes quemaderos de energía y de salud, por culpa de los viajes y de la falta de entrenamiento, y la Copa de Europa, tres cuartos de lo mismo (pasa incluso más factura que la UEFA porque los jugadores se sobreexcitan y encaran los choques como si no hubiera un mañana). Pero los equipos de mayor nivel son capaces de asumir un handicap que puede antojarse injusto, pero que es coherente desde el punto de vista del deporte.
Las bajas ponen a prueban la calidad de una plantilla y el grado de organización de una cantera. Hay jugadores útiles en el banquillo del Atleti: lo está siendo Sinama; Banega promete, y uno juraría que De las Cuevas ha olvidado su lesión. Otra buena noticia: la mayoría de los fichajes reclaman un puesto en el once titular y su pretensión no parece absurda. No obstante, el Atleti, como el más árido de los desiertos, se ha bebido en un santiamén el famoso plus de calidad y exige nuevos trasvases. La cantera nada aporta y, por si fuera poco, el agotamiento del "Kun" constituye un problema de los de llamar a Houston. El crack, por definición, carece de recambio.
1.- Así habló Zaratrasto
Dos de mis clásicos, Nietzsche y Kipling, aconsejan, respectivamente, no saltar a la menor ocasión como impelido por un resorte y no andar a la greña. Uno, que jamás fue pendenciero, tendería a seguir recomendaciones tan saludables y prácticas, pero la provocación es demasiado estentórea.
Extractos de una entrevista de Karmentxu Marín con el presidente del Atlético de Madrid.
Karmentxu Marín: "¿No le pierde esa lengüecilla? Tiene fama de prometer mucho y hacer poco".
Enrique Cerezo: "Yo soy bastante respetuoso con la gente, y creo que la gente tiene que saber lo que tiene que saber, y la verdad en el momento en que la tiene que saber" (¡Sic!)
Karmentxu Marín: Prodigioso en su claridad.
EC.: Es la pura verdad. La verdad es lo que a uno le interesa en el momento en que le interesa (¡¡Sic!!). Nadie lea aquí los cinismos de un superhombre, que en un momento de debilidad o acaso de coquetería se sincera con una extraña (aunque algo de eso hay); tampoco, el producto tartamudo de la mente de un majadero que se cree un twice-born (un dos veces nacido), y al que la impunidad de sus embustes le hace presentir que, en efecto, está tan por encima de la verdad que puede hasta mostrar sus cartas sin arruinar el juego. Lo primero que uno percibe en las palabras de semejante as de la incongruencia es una leve irritación. KM lo acusa de bocazas (cosa a la que el bocazas no está acostumbrado) y él le responde: bueno y qué. Y lo segundo, el intento de darse charol aparentando profundidad, pues los que, como él, pertenecen a la elite son más listos que los ratones coloraos, aunque parezcan chuparse el dedo; lo que pasa es que muchas veces han de decir en público lo contrario de lo que piensan, incluso aparentar que no piensan. Cerezo no es gente, pero la respeta tanto que le administra la verdad con cuentagotas o se la escamotea por su bien, ya que como dijo el poeta "pues amarga la verdad /quiero echarla de la boca". Y, claro, él no quiere que, al conocer la verdad de sus mangoneos, se amarguen los abonados del Atleti y empiecen a echar por la boca… lo que no está en los escritos. ¿Capisce?
El mismo hombre sabio más adelante:
EC.: Tenemos una de las mejores canteras de Europa. Lo que pasa es que los jugadores tardan mucho tiempo en hacerse. Y si un niño empieza a jugar a los 10 o 12 años…
KM: Tarda en hacerse Niño [o sea, en llegar a Torres].
EC.: Desgraciadamente, para todos los clubes del mundo es difícil encontrar un Niño. Pero de vez en cuando sale. (¡Sic!) O sea: ya quisierais, clubes del mundo mundial, que en vuestra cantera hubiera salido un Niño, como el nuestro. Pero resulta que ya no es nuestro, ¡bribón! KM pudo y debió replicar: ya lo creo que sale un Niño, sale gratis o por cuatro perras gordas del club donde se crió, ¡mastuerzo! (esto es cosecha mía, KM estaba obligada a no perder los estribos).
Una tercera píldora; le preguntan a Cerezo en otro periódico:
-¿Prefiere usted ganar la Champions o la Copa? Y él responde:
-Me da igual (¡sic!). He aquí un cerebro privilegiado que dará la sorpresa cuando le practiquen la autopsia.
2.- Idiotez recompensada
Hace tiempo propuse a los de Señales de Humo una especie de enciclopedia friqui cuyas entradas recogieran las sandeces que se escriben en los periódicos deportivos. Las hay de antología. No percibí mucho entusiasmo, quizá por miedo a que se enojen los friquis y, sobre todo, los que emplean a los friquis. No obstante, deberían encorajinarnos la destrucción del idioma, el desprecio por la información, el abuso de las tácticas propagandísticas más toscas, los trucos y las marrullerías con que estos nulos sujetos prostituyen su labor e intoxican a la opinión pública. Las empresas contratan a semejantes chalados porque constituyen la mejor correa de transmisión de la chaladura; si además son casi analfabetos, como sus lectores, pues tanto mejor para todos. Solemos pensar que se trata de pobrecitos chupatintas atrapados por las hipotecas y el llanto de una prole con el estómago vacío. Por su parte, ellos (los chalados) se creen la vanguardia del aficionado comme il faut, al que ponen voz, por lo común un desagradable rebuzno. Otra peculiaridad de esta subcasta de intocables, (de half-born, o medio nacidos), es su adhesión inquebrantable a los mangantes futboleros, con los que creen codearse y a los que defienden por muchas barrabasadas que hagan. Y así como Atila, cuando se sentía perdido, buscaba refugio tras los carromatos de su horda, los okupas del Atleti se suelen esconder detrás de una docena de badulaques que son como su impedimenta y que les sirven de parapeto. (Fuera de bromas: no nos damos cuenta de que los fascismos únicamente son posibles gracias a un material humano de esta clase.)
La industria editorial suele aparecérsenos con el ademán y la vestimenta del más firme pilar de la cultura, pero su sueño es hacer libros garrapateados por no escritores y leídos por no lectores. Así, alguien ha accedido a publicar un simulacro de obra que lleva por título: "Yo soy del Atleti, ¡y qué!". Conociendo al autor, un conspicuo half-born de la prensa deportiva nacional, es de presumir que se trata de una primera entrega, a la que seguirán otras no menos enjundiosas: "Yo soy un tarado, ¡y qué!" Yo soy el rey del anacoluto, ¡y qué!" "Yo soy un hombre felpudo, ¡y qué!" "Yo no valgo para nada, ¡y qué!" Conclusión: este tipo se amuebló la cabeza en "Y que-a". (¿Os parece un mal chiste? Los tengo peores.) ¿Qué nos queda por ensayar? ¿La escritura automática de Bretón con los chimpancés como sujetos del experimento?
Dicen que amenazan al idioma castellano quienes en ciertos puntos del país se niegan a que lo use la gente. No pongo en duda el diagnóstico, pero opino que tampoco es un lord protector de la lengua el que la agravia continuamente por estupidez, ignorancia e insensibilidad. Y vamos camino de postular para el Nóbel y la Academia a mequetrefes surgidos de los bajos fondos de la cultura, cuando lo prudente sería colocar en la redacción de cada periódico a un gramático con amplios poderes sobre la continuidad de los que allí trabajan. La reseña del acto de presentación del bodrio (un estupro de varias musas) contiene esta línea inmortal: "Muchos de los que han escrito y hablado de la historia más reciente del club estaban allí para arropar a uno de los maestros…" (¡¡Sic!!) Y también una declaración de Cerezo no menos memorable: "Es una gran obra, aunque no la he leído" (¡Sic!). Imagino lo próximo: "El Instituto Universitario del Atlético de Madrid se honra en conceder el doctorado honoris causa al último de la clase de la nueva promoción de "Ayúdalos a caminar"; nos referimos nada menos que al gran…". Puedo ver la cara de Cerezo cuando, abriendo el sobre, nos comunique picarón: "The winner is…" ¡Toma ya!
La debilidad del Atleti es un cultivo, aunque inverso, para el no hacen falta enormes cantidades de esterilizantes. Basta con un par de twice-born al frente, rodeados de una cohorte de half-born. Unos y otros sólo tienen en la cabeza y no bien organizado un surtido de clichés y de lugares comunes, y mantienen entre ellos un vínculo personal, de índole carismática, que recuerda ligeramente al de Hitler y los *** de a pie. La última baratija fruto de tan íntimo contubernio: el "derecho a soñar de los atléticos" (¡sic!), una invitación a dormir a pierna suelta entre espantosos ronquidos. Como no ignoro que es perfectamente inútil citar a Chomsky, lo haré con mucho gusto: "Los poderosos quizá puedan permitirse el lujo de ignorar las lecciones de la historia. Por lo que respecta al común de los mortales, sería insensato vivir de ilusiones.
Cuando el Atleti haya sucumbido, bajo los escombros de las ilusiones vanas, ¿tendrán estos espabilados la desfachatez de presentarse como sus viudos? ¿Habrá entonces que prodigarles el consuelo?
El coliseo de Getafe: una contradicción en los términos. Estupendo gol de Sinama; el "Kun" también puede jugar mal; los espías del Liverpool son gafes; Luis García no es un interior y hay que alinearlo lo menos posible y lo más lejos posible del área y del centro del campo propios; Aguirre volvió a jugar con dos mediocentros y se olvidó de Banega; Pernía, un lateral zurdo, es obligado a sacar los córneres desde la derecha, incluso cuando actúa ¡otro zurdo como interior diestro! Conclusión: el "Vasco" es cabezota y su saber, muy discutible. Manu del Moral va para ocho carrilero, viniendo de ser un nueve sin gol, y probó que el dos y el tres del Atleti no saben defender; el Getafe es el Getafe del año anterior pero sin De la Red.. (Interrogante: ¿en qué tanto por ciento ha disminuido la capacidad azulona por culpa de esta baja? Y dicen que el Madrid no se ha reforzado.) Algunos de los mejores jugadores del Atleti son frágiles (Simao, Forlán, Maniche, tal vez Heitinga…); a Pablo ya no se le perdonan ni los aciertos. Las noticias sobre el pésimo estado de las finanzas del club colchonero son viejas, pero la de que tendrá que empeñar el estadio es falsa: carece de estadio.
(Brevedad elegíaca sobre un equipo del norte.) Cuando en el transcurso de un partido veraniego, M. A. Ruiz pronosticó que el Sporting daría que hablar este año, pocos dudamos de que emitía sin proponérselo una sentencia condenatoria. He ahí un conjunto de Segunda que volverá a Segunda. ¡Ay Quini, ay Castro, ay Ferrero, ay Morán, ay Valdés, ay Mesa, ay!
Resulta un poco extraño (aunque gratísimo para los colchoneros) ver al Atleti golear uno tras otro y sin bajarse del autobús, que hubiese dicho Helenio Herrera, a los febles rivales que le ha deparado la competición hasta el momento. Es posible que tanta holgura guarde también relación con la buena forma del once de Aguirre, un equipo más rodado que la mayoría de los equipos a los que se enfrenta, pero, descontado ese factor, lo cierto es que el Atleti parece haber aprendido a ganar los choques que hay ganar, sin agobios, sin emplearse a fondo, sin un gasto de energía superfluo, lo cual quizá indique que ha logrado huir del pelotón de los torpes (congratulations, boys and girls). Y así el Recre, conjunto humilde que otros años amagaba en el Calderón la proeza o la conseguía, fue triturado anoche por el Atleti de forma lenta pero implacable. Es verdad que el portero y los defensas onubenses actuaron tan rematadamente mal que hicieron bueno al desastroso Sinama, quien hasta los dos goles en el último cuarto de hora, había dado un clinic sobre lo que no debe hacer un ariete, pues su manejo de la pelota y su criterio a la hora de jugarla dejan bastante que desear. (El francés no anda sobrado de cerebro ni de técnica, pero es joven y aún puede crecer, cosas mas raras se han visto. Hay muchos ejemplos, alguno ilustre: hace tres años Cristiano Ronaldo abusaba del regate y disparaba de aquella manera; hoy es un futbolista menos desequilibrado y un espléndido goleador). Y los puntas del cuadro andaluz, solidarios con sus aturdidos colegas de la zaga, pifiaron algunos remates ante Coupet, el cual estuvo decidido incluso en los balones aéreos, su presunto talón de Aquiles.
Del plácido recital de ayer destacaré varias cosas: la seguridad de la defensa (bien los laterales y sobrios y casi infalibles Perea y Ujfalusi, sobre todo el primero), la soltura de Simao (en plena madurez deportiva) y la actitud de Maniche, que ha recobrado las ganas de competir y se bate como un león. (Maniche cayó en desgracia el día que dijo que el Atleti no era un grande, una verdad que los forofos, que se nutren de la comida basura que les echa el marketing, no le perdonaron; sin embargo, los mismos que meses atrás lo injuriaban ahora lo veneran incondicionalmente; antes muertos que sensatos).
Pero partidos como el de ayer sirven sobre todo para aquilatar los recursos de una plantilla, y nos conforta a los colchoneros comprobar que los teóricos suplentes parecen imbuidos de la importancia de su papel. Así, el protagonista de la excelente internada que daría lugar al tercer gol (acaso la acción más brillante del partido) fue De las Cuevas, y también destacaron Luis García y Banega, un recién llegado que quizá sea el segundo futbolista con más clase y visión del plantel (un pero: anoche se condujo con blandura en un par de lances defensivos). Creo que Raúl García tiene más futuro como mediocentro que como medio de enlace, y, en la medida en que aprenda tan exigente oficio, superando el hándicap de un cuerpo poco ágil, y renuncie a toda veleidad con el estrellato, será muy útil a su club (el espejo en el que debe contemplarse es el fulgente de Marcos Senna).
Por último, Agüero, siempre Agüero. Es el centro magnético de este equipo; el hombre que lo ha galvanizado, que le ha devuelto la autoestima, que lo ha colocado otra vez en el mapa. Tiene una cláusula de rescisión que, lejos de disuadir a los posibles compradores, constituye un acicate para los más pudientes. Pero nadie podrá arrebatárselo al Atleti, NADIE, si el club le brinda dos cosas: un salario acorde con su valía y la oportunidad de competir por los grandes títulos. Su continuidad no va a ser, por tanto, una estricta cuestión de dinero; opino incluso que el chaval nunca forzaría al Atleti a pujar en subastas delirantes (y un indicio es la maniobra del cuco presidente del Inter, que ha buscado en Maradona un aliado para sus propósitos depredadores). El Atleti es el equipo de Agüero en Europa, como el Independiente es su equipo en América. El problema es que los okupas cultivan una entidad de doble rostro: uno, frente a la galería, de gran institución, cargada de historia, con un futuro envidiable, bla, bla, bla. Y otro, para a salvar la cara, ellos que la tienen muy fea y muy dura, de equipo impotente a merced del primero que se le pase por la cabeza desestabilizarlo (a esto último llaman los ideólogos como García Pitarch ley de vida). Son muy tahúres y procuran jugar con los naipes marcados y varios ases en la manga.
Agüero quiere quedarse donde está (el hecho prodigioso es que Agüero ha adoptado al Atleti, que le cae bien ese chucho flaco, ese saco de pulgas que encontró por el monte). Su caso no es único, ni siquiera en el ultra-mercantilista fútbol de hoy: Benzema ha rechazado varias ofertas de la Premier porque se siente capaz de llegar con el Lyon a la cima del fútbol europeo. Esto es algo que no entrará jamás en la cabeza de ningún Guti. Los elegidos no ambicionan fichar por el Madrid o el Manchester sino derrocar al Madrid y al Manchester e iluminar clubes oscuros (u oscurecidos antes de que ellos se calzasen las botas). Sí, prefieren ese desafío a vivir de las rentas en una entidad poderosa, rica y temible. Incluso por encima del cariño (y el Kun se lo tiene al Atleti), está el orgullo del crack, eso de lo que carece Guti, un simple vanidoso.
La propaganda dice que la Champions es el mejor torneo del mundo, pero la juegan, entre otros conjuntos magistrales, los amiguetes bielorrusos con los que mañana lidia el Madrid y el antaño respetable PSV Eindhoven, hoy sombra de una sombra. La buena noticia es que por fin Agüero pudo entrenarse con el equipo que le paga, circunstancia de la que nos congratulamos los aficionados colchoneros.
Uno espera de los rivales, incluso de los inferiores sobre el papel, agresividad, rapidez, afán de lucha... Pero las reverendas madres del PSV, que en el campeonato español las pasarían canutas para ganar algún partido, ni combinaron, ni estorbaron a sus oponentes, ni dieron patadas, ni mascullaron un ¡jolines! Los centrales que sacó el cuadro holandés, por ejemplo, no eran bisoños, eran bebés prematuros en una incubadora. De modo que, cuando se lesionó Forlán, su sustituto Sinama pudo ratonear a placer. (Mi amigo Javier Barrio, con quien vi el decepcionante match, dice que me equivoco respecto a Sinama porque no es tan malo como yo opino; yo no opino que sea tan malo; sólo lo suficiente.) También Luis García encontró un rival idóneo para el lucimiento personal y Simao y Maniche... Cómo sería la cosa que el debutante Banega se creyó obligado a regatear cada vez que le venía el esférico, olvidando que hay más suertes.
En muchas fases del segundo periodo el Atleti se durmió de puro sueño (costaba mantenerse ojo avizor), y así Leo Franco rompió a sudar. Sobre la calidad atacante del PSV baste decir que Heitinga apenas intervino y si Ujfalusi trabajó algo, fue por culpa de A punto López, un lateral en franca decadencia.
Dos anécdotas que quizá no lo sean tanto: Aguirre tardó en sustituir a Forlán cinco minutos y el charrúa se quedó junto a la banda, con los brazos en jarras y mirando al techo del estadio. En su rostro se leía la irritación: ¿por qué no me quita ya?; ¿no ve que estoy cojo? Y Agüero se fue a la caseta de mala gana, como si hubiese deseado para su estreno en la Champions alguna jugada de mérito superlativo o, quizá, el hat trick.
Las crónicas ensalzarán la segunda toma de Breda, pero este facilón triunfo no ha servido para disipar mi nostalgia del viejo Atlético en la vieja Copa de Europa.
Lo suyo hubiera sido armar un equipo con los descansados, los suplentes y algunos juveniles del filial (y Aguirre tuvo una semana y media para conjuntar un once resultón). ¿Se hubiese perdido? Es lo más probable, pero sin dejar un pésimo sabor de boca y sin comprometer la moral y el vigor necesarios para los choques venideros. En Valladolid sobraban la mayoría de los jugadores internacionales: los dos portugueses, Ujfalusi, Agüero, los dos centrales... Sin embargo, Aguirre se quedó a medias en las rotaciones. ¿Quién entiende que Banega no estuviese ni para jugar 30 minutos?
Y luego tomó decisiones sobre la marcha sumamente discutibles: el cambio de Assunçao por Agüero revela que lo inquietaba más el qué dirán que cualquier otra consideración. Sobre el papel, era un rasgo de audacia: sacas a un medio y pones a otro delantero. Pero en realidad fue un suicidio. Al equipo le salió en medio un boquete colosal por culpa de la fatiga de Maniche y de la insolvencia de Maxi en el doble pivote. Diluido Agüero, después de un comienzo fulgurante, decayó el Atleti, que acabó jugando en su área contra los nueve del Valladolid.
En fin, hay que saber perder las escaramuzas para ganar la batalla. Además, se puede caer de muchas formas. El Atleti escogió anteayer la peor (algunos hábitos son difíciles de corregir; hay personas que no pueden dejar el tabaco; el Atleti le tiene apego al bochorno.)
Me gustó el guardameta del Valladolid: joven, con buena planta, valentía y reflejos. (Asenjo también había sonado en la pretemporada, junto con Moyà, como futuro compañero de Leo Franco, pero vino Coupet). En cambio, no me gustó Sinama, futbolista de técnica muy deficiente que el sábado fue un activo zaguero blanquivioleta.
Tres apuntes. El primero, sobre el árbitro. La batahola que el respetable le formó a Medina la he visto muchas veces cuando el visitante es el Atleti; casi nunca cuando es el Madrid. Ya se sabe: en provincias, la gente es del equipo de casa y del Madrid o del Barcelona. Si en territorio merengue el favorecido es el Madrid, no pasa nada; el público vocifera pero con sordina, con poca convicción, pues aunque pierda el cuadro local, gana el mejor club del mundo; todo sea por la buena causa. El árbitro de anteanoche volvió a dar un recital de politiqueo y perjudicó al teórico grande. La justa expulsión del cuentista, que antes había derribado a Simao (era roja directa), sulfuró a los pucelanos, con Mendilíbar al frente del somatén (los entrenadores demagógicos y los jugadores comediantes deberían ser castigados porque siembran la cizaña y adulteran el deporte). Y si merecía la pena máxima el agarrón de Assunçao, así mismo la merecían los empellones recibidos por el interior luso en el área del Valladolid, pero Medina Cantalejo vislumbró en el griterío un problema de orden público y se hizo el loco.
El segundo, sobre los comentaristas. Pedraza se jactó de haberle sacado una foto a la tabla clasificatoria para celebrar el efímero liderato del Atleti. Es un despropósito que uno no esperaría ni del hincha más acérrimo del Numancia. Ahora el líder es el Español. Seguro que sus incondicionales no han preparado ninguna gansada ni remotamente parecida. Son más dignos.
Y el tercero, sobre la claque de Gil Marín. Los idiotas que aprovecharon el triunfo contra el Málaga para endosarnos el pack completo de los okupas: triple ración de grandioso futuro, nuevo estadio y ciudad deportiva, esta vez enmudecieron. Lo mejor de las derrotas es que sellan los labios de los bufones. Bendito silencio, aunque sólo dure unas horas.
Como el listón estaba por los suelos, costaba muy poco rebasarlo. Aun así, era de prever que las holgadas, rotundas, aparatosas, victorias contra el Schalke 04 y el Málaga, debilitado conjunto el primero y endeble el segundo, desatasen la euforia de los profesionales de la rentable industria de hinchar perros y también de la afición menos avisada. Las baterías de los idiotas de la prensa han vuelto a tronar. Son cuatro cañones herrumbrosos y emplazados de cualquier manera, pero hacen ruido, mucho ruido y producen humo, mucho humo.
Y eso que la pretemporada había sido un desastre, para ludibrio del club y delicia del periodismo friqui. Y no me refiero a las giras y a los bolos, sino a las gestiones encaminadas a armar el proyecto 2008-2009. Se ha vacilado a los seguidores colchoneros con la indecencia habitual. Han sido aireadas disyuntivas de equipo minúsculo (o hay Champions, o no hay fichajes; al final hubo Champions y sólo un fichaje: el de Banega, cedido por el Valencia muy a última hora); se ha llorado de todas las formas habidas y por haber, con preferencia por las más grimosas, desvergonzadas e hirientes para la afición: no hay dinero, Agüero se irá tarde o temprano, la Champions puede ser una ruina, etc.
Es curioso: este año, en que el club vuelve a la elite, siquiera de visita, y se avecinan los aireados millones de Telemadrid, los okupas han invertido menos que en cualquiera de los precedentes desde el retorno a la división de honor. Pero no es la primera vez que sucede algo similar. De hecho, ya pasó algo por el estilo cuando el Atleti asomó la gaita por la Copa de Europa después del doblete, qué coincidencia, ¿verdad? Ya sé que gastar mucho no significa gastar mejor, pero admira que los fondos escaseen justo cuando el regreso al mejor fútbol internacional promete una pingüe caja. (Llamadme suspicaz si queréis, pero todo indica que los okupas se han tomado un respiro en el engorde de la deuda y que el drenaje de las arcas del club será durante este ejercicio a costa de los ingresos extra.)
No obstante las inopinadas penurias y su cínica divulgación, el verano también fue pródigo en faroladas y amagos de adquisiciones fastuosas, pero como Heitinga y Ujfalusi habían sido contratados antes de que terminase el curso precedente, todo quedó en un parto de los montes, con el affaire de Assunçao y el Oporto, el regateo al céntimo por Coupet y la contratación de Sinama como grandes hitos. Incluso si los futbolistas que han ingresado en el club rindieran (ojalá), tanto vaivén en pos de jugadores que se fueron a otros equipos o se quedaron en el que estaban, trasciende a improvisación, a oportunismo, a demagogia; nadie puede ignorar ya que a los okupas les da lo mismo que el Atleti quede primero o cuarto, que gane la Copa del Rey o la Champions, (¡lo ha declarado su indigno presidente!) Lo suyo es una permanente huida hacia delante, sin otro propósito que exprimir el limón un año más.
Y si no, ahí tenéis el caso Motta, otro bluff marca de la casa, pues revela la ausencia de toda política deportiva o su subordinación a los enjuagues del clan Gil. Se trajo, contra lo que aconsejaba la prudencia más elemental, a un hombre con un expediente médico alarmante, peor aun: inasumible. (De hecho, ni el Sutherland, ni el Racing se han atrevido a lo que se atrevió Gil Marín.) ¿Beneficiarios de la operación? Todos menos el Atleti. El Barça se embolsó 1,5 millones de euros o quizá 1,3 + 0,2 (si usamos la esclarecedora contabilidad de Villalonga; la rebaba, el sablazo, de los 200.000 euros se habrá quedado entre las uñas del adquiriente de la joya, off course) y el jugador cobró íntegramente su sueldo y apenas intervino. Para engañar a los crédulos aficionados (y qué fácil es con la ausencia de toda información relevante y veraz), se dijo que Motta iba a renovar pero con una cláusula que habría exigido el propio jugador, en virtud de la cual renunciaba a su ficha en caso de no ser alineado en determinada cantidad de encuentros. Los forofos más panolis exultaron con la nueva. ¡Qué detalle!, ¡que profesional!..., etc. Al final, no hubo contrato, ni cláusula, ni niño muerto. Pero Motta ya está amortizado: dejó un Atleti más pobre del que encontró, pero fue útil para enriquecer un poco más a Gil Marín (el muy caradura le espetó al fiscal del "Caso Negritos" durante el proceso tras el que fue condenado: "¡Jamás he perdido dinero con ningún futbolista!". ¡Gran verdad!, él jamás perdió dinero, lo perdió el club, al que docenas de operaciones como la de Motta han llevado al borde de suspensión de pagos, y la única razón por la que aún no se ha acogido a un concurso de acreedores es porque una parte de la deuda es artificial y contraída con los okupas, que firman los pagarés en nombre del Atleti y luego pasan por la ventanilla a cobrarlos.)
Sí, los irresponsables que rigen los destinos de esta malhadada institución han estado más diligentes a la hora de pasaportar a los hombres que no eran útiles (todos los cuales les deben el haberse puesto la camiseta rojiblanca), que de redondear el plantel. Y si bien hay indicios de que varios de los nuevos pudieran servir para fortalecer el once rojiblanco (¡albricias, zapatetas en el aire y pan de Madagascar!), los okupas han racaneado y mentido como de costumbre y, sobre todo, no se han estirado lo suficiente; a poco que lo hubieran hecho, habrían conseguido una plantilla bastante apañada.
Como las bondades de los recién incorporados han sido ya proclamadas por los vocingleros mercaderes del zoco (yo, más prudente, hubiese aguardado el inapelable veredicto de la competición), me ceñiré a lo que a priori le falta en el campo al Atlético de Madrid para poder aspirar a un papel protagonista en la Liga y en la Copa de Europa.
La mayor parte de la prensa y de los aficionados querían un mediapunta; incluso el entrenador, muy preocupado por sintonizar con la corriente de la opinión mayoritaria, no tuvo empacho en sumar su voz a la del coro. Las preferencias se decantaban por Riquelme y Diego. He visto a Diego en dos ocasiones: una con el Werder frente al Barça y otra en el Brasil-Argentina de los últimos JJOO. En ninguno de los dos partidos justificó la devoción que le profesan muchos aficionados y gran parte de la crítica. Y quienes leen este blog saben que tampoco soy un fan de Riquelme. Razonaré mi gusto. Para muchos aficionados el mediapunta es el pasador del último pase. Para mí no es ni carne ni pescado, ni medio ni delantero, y podría ser definido como el jugador que espera a que el centrocampista le dé la pelota para enviársela a su vez al ariete. El último pase es responsabilidad del penúltimo jugador en tocar el cuero (o sea, de cualquiera que transite por la vanguardia.) El día del Málaga dieron últimos pases: Agüero, Maniche, Simao, Luis García… Hasta Assunçao proporcionó un último pase que no acertó a rematar Maxi Rodríguez. Y el día del Schalke uno de los asistentes fue nada menos que el gran Perea. No hace falta, por tanto, ningún especialista.
Hay equipos como el Milán (o como la selección española en el match contra Alemania) que prefieren actuar con un solo delantero y liberar de todo trabajo defensivo a uno de los centrocampistas. Kaká, Cesc, pero no hay ningún equipo en el mundo que juegue hoy con un mediapunta y dos delanteros, y ni siquiera hay practicantes del 4-3-3 a base de tres pivotes y tres puntas moviéndose a su albedrío. (La Argentina de los JJOO optó por dos medios defensivos y dos medios ofensivos, su dibujo fue algo así como un 4-2-2-2, en el que, por cierto, el famoso y añorado Riquelme no desempeñó ningún papel estelar. Dunga creyó que la clave de la clasificación de Brasil se reducía a anular a Riquelme, como en anteriores oportunidades, pero a la albiceleste han llegado tipos como Messi, Agüero o Di María, que descongestionan el cuello de botella provocado por la parsimonia de Riquelme, pues, al ser autónomos con respecto al hiperlento crack del Boca, pueden fabricar jugadas sin su concurso. El ostracismo de Riquelme, quien nunca rindió más (ni siquiera en el citado partido contra Brasil) que el Ronaldiho irreconocible de los últimos tiempos, ilustra esa ley no escrita del fútbol actual que proscribe los cuerpos poco ágiles.
La pregunta es si el Atlético ha logrado solucionar los problemas de distribución, de fluidez combinatoria, que tuvo en las campañas anteriores. En parte, la cosa dependerá de la labor de los centrales y del mediocentro; y en parte de lo que ofrezcan Maniche y Banega, ayudados por los interiores. Pero el actual talón de Aquiles de la plantilla del Atleti es, a mi juicio, la ausencia casi total de zurdos (hay tres y dos no juegan, al menos desde el inicio). Los seis hombres que evolucionan principalmente por la franja central del campo: los dos centrales, los dos medios y los dos delanteros, son diestros. También, la pareja de interiores. Esto provoca un desequilibrio estructural importante. Es un misterio por qué se ha prescindido de Reyes (el criterio del descarte ha debido de ser el ahorro de una ficha) o por qué no se ha cubierto su baja con otro zocato Por la banda izquierda actúan Simao, que es diestro, y Pernía o A. López, dos laterales no muy altos y algo fallones cuando se trata de defender. Por la derecha, Maxi escoltado por Seitaridis o Perea. (El problema de Perea es que carece de la comprensión intuitiva del juego que tienen los futbolistas de los que decimos que saben jugar. Es duro y rápido, pero la pelota le causa muchos quebraderos de cabeza. Malo con el cuero en los pies, tampoco sabe jugar sin balón. O sea, desde el punto de vista táctico, deja mucho que desear. Por su parte, Seitaridis nunca ha vuelto a ser el espléndido dos de la Eurocopa de Portugal, ignoro los motivos.) ¡Ah!, se me olvidaba: desde el punto de vista físico, los jugadores recién llegados son fuertes (salvo Banega) pero no muy altos, con la excepción de Sinama que tampoco es una torre.
En resumen: el Atlético no parece tener un once irreprochable, tanto menos una plantilla compensada y suficiente para abordar la Liga, la Champions y la Copa (soy de los que creen que ningún profesional del fútbol debería disputar con su club más de 40 ó 45 partidos de alta competición por temporada, y, si yo fuera Aguirre, este sábado dejaría en el vestuario a los internacionales). Los laterales suscitan dudas, no hay apenas zurdos, etc. Tampoco sabemos todavía si los centrales son tan solventes defendiendo como manejando el balón. (En el blog propuse días atrás, el refuerzo de la banda izquierda, y di los nombres de Di María y Grosso; aquél porque pensaba en la sinergia que podría depararle al Atleti la alineación simultánea de Agüero, Banega y Di María: tres pequeños mosqueteros de la misma edad, amigos y compatriotas, y éste porque es un tres cabal. Esas dos operaciones no hubiesen sido muy onerosas, pero se ha preferido regalar una plaza de extranjero.)
Total, ni aun en los supuestos de que Banega responda a las nada absurdas expectativas creadas y las lesiones respeten a sus principales figuras, hay garantías de que se vayan a cumplir los modestos objetivos firmados por el club y acatados con entusiasmo por los palmeros de Gil Marín. De títulos mejor no hablar, y no creo que los deseen los okupas, ya que la afición podría malacostumbrarse. El nivel de exigencia crece después de cada trofeo, una victoria abre el apetito de otras, etc. Lo que menos querría Gil Marín, creedme, es que ningún inopinado triunfo perturbe el placentero calendario de sus expolios.
El conjunto del Manzanares se dio un festín a costa del Málaga en el primer partido de la Liga 2008-2009, y el público acabó desbordante de alegría, haciendo la ola (para subrayar su absoluta despreocupación por el resultado) y coreando el nombre de varios jugadores. ¡Cómo adoro equivocarme cuando se trata del Atleti! Me refiero en este caso a Assunçao, que no me había convencido durante el par de encuentros de pretemporada en que lo vi. No es Costinha II, ni por asomo, según afirmé en un artículo con harta ligereza; sabe actuar en esa delicada posición del mediocentro, que exige un gran equilibrio, una gran madurez; Assunçao no sólo es diligente en la recuperación de la pelota, sino que mueve el esférico con ritmo, inteligencia y precisión y no se esconde detrás de los rivales, como algunos de sus antecesores. Seguro en las entregas, se percata a la perfección de lo que sucede en el campo, auxilia a sus compañeros y tiene personalidad. Como la tienen también Heitinga y Ujfalusi.
Es verdad que el Málaga no era la piedra de toque idónea para calibrar las posibilidades del equipo de Aguirre en la temporada, pero todo indica que el Atleti se ha fortalecido por atrás y que el triángulo que forman los dos centrales y Assunçao (con el brasileño en el vértice superior) le confiere solidez. Hoy, además, rayaron a gran altura Simao y Forlán, muy bien secundados por Maniche.
Me gustó especialmente un detalle: los suplentes (Luis García y Sinama) saltaron al césped con la ambición de emular a los titulares. No atesoran la clase de éstos, pero fabricaron un buen gol y, sobre todo, desdeñaron limitar su concurso a la mortecina gestión de los minutos de la basura, como denominan en la NBA al tramo de los choques en que ya hay vencedor. Ellos también se sintieron obligados a demostrar que valen. Buenas noticias para el Atleti.
1.- La gesta
Discrepo de la mayoría de los comentarios leídos o escuchados sobre la clasificación del Atleti para la Champions League, los cuales han tirado por la fácil y perniciosa senda del ¡hosanna! y de la brillantina, y no puedo evitar que me venga a la memoria una frase del escritor austriaco Thomas Bernhard: "Todos los horrores provienen de los aplausos". Tendemos congénitamente a la euforia, a la vanilocuencia, al farde, y así nos va.
No fue, en mi opinión, un gran choque porque "Lo que no puede ser no puede ser y además es imposible". Se enfrentaban un Atlético descosido, gris en el eje y pobre en los laterales y un Schalke sin medio conjunto titular, aunque más rodado que su oponente. El Atleti exhibió la otra noche los mismos defectos que en pretéritas campañas: posesión inane del esférico, mucha distancia entre la vanguardia y la defensa, abuso del pelotazo… Y si al final aplastó al Schalke fue porque posee un jugador maravilloso, capaz de galvanizar a sus compañeros hasta medio dormido ("Estuve en los Juegos agarrando la forma", había declarado días atrás; pues bien, no la agarró del todo, pero es tan bueno…).
Por contra, el alabadísimo Forlán, que marcó un tanto excelente, combinó en un sinfín de oportunidades con los adversarios. A veces se le ocurren al charrúa cosas verdaderamente peregrinas: por ejemplo, un taconazo a la ciega al borde la frontal, frivolité que sólo vale para que el enemigo contragolpee inmisericorde. Pero luego lo arregla con un par de acciones meritorias y con el denuedo que gasta de vez en cuando. (Debería ser más económico con la pelota y no bajar nunca, ya que no sirve como improvisado medio de enganche.)
Al Schalke también le volvieron la espalda la fortuna y el referee. De modo que, sin jugar rematadamente mal y sin cavar una trinchera frente a su portería (que tampoco es el Bolton), sólo podía hacer pupa al "Pupas" en las jugadas a balón parado, o vivir de los regalos en la medular (del citado Forlán, de Maniche y de Raúl García; ¡prohibido perder el cuero ahí, carajo!), y de los laterales Perea y Pernía, que al principio atiborraron de balones al meta y a los zagueros del Schalke, pero que pronto dieron en cometer faltas bobas y en ceder saques de esquina absurdos. (Añádase al feo panorama la intermitencia de Simao y el aislamiento de Maxi en la banda derecha.) Pero los contraataques del conjunto de Gelsenkirchen murieron casi siempre en las cabezas de Heitinga y Ujfalusi. (La crítica y la afición coinciden en que el holandés y el checo son oro en polvo; sin embargo, uno aplazaría el incienso y la mirra hasta verlos medirse con delanteros a los que no les sobren pies.)
En fin, me encandiló Agüero pero no su equipo, y de mi disgusto no se salva el entrenador, pues Aguirre tardó en hacer los cambios y permitió que durante 10 ó 12 minutos el Schalke acorralara a su rival, el cual no se vino atrás motu propio tras una hipotética consigna medrosa del mister, como denuncian sus mecánicos detractores; el repliegue lo dictó la fatiga de Maniche y Raúl García, el miércoles, dos marines americanos con espíritu vietnamita. Por suerte para el once local, los ratos en que el Schalke dominó no fueron un zarandeo, sino el abrazo de un oso algo torpón y miope.
2.- Idioteces rituales
Así pues el Atlético ganó…"El partido más importante del año", "El partido del siglo", "El partido de nuestras vidas". Otros optaron por exacerbar el dramatismo avant match: "Un partido a vida o muerte", que evocaba cierto episodio (nacional) de la Guerra de la Independencia:
—Mi general, si nos vencen, ¿a dónde nos retiramos?
—Al cementerio.
Encuentros vitales los hay casi cada fin de semana (muchos de ellos resultan luego mortales de necesidad, por el aburrimiento con el que transcurren). Pero de tomarles la palabra a los hooligans de los periódicos, a partir de ahora habría que contemplar el futuro inmediato del Atlético de Madrid con infinita tranquilidad, máxime cuando hasta el próximo partido del siglo pueden pasar perfectamente otros 11 ó 12 años. Y quizá sea tal el mensaje subyacente a convertir la obligación en sueño y un mero match clasificatorio, en la madre de todas las batallas. El Atleti, nos indican los okupas y sus valedores, habría salvado el ejercicio; ya puede tumbarse cuan largo es y roncar a pierna suelta.
También Cerezo quiso sumarse al deporte de hinchar el perro y expectoró la siguiente gilidez: "Hay tanta responsabilidad que no hay más remedio que ganar". Recomiendo no darle muchas vueltas a los gatillazos mentales de Cerezo, porque no encierran más enseñanza que la de su propia ineptitud. Pero cualquiera podría inferir de lo sostenido por el presidente de las derrotas, que, hasta hoy, él y su compinche habían dado permiso a los jugadores y técnicos del Atlético de Madrid para ser irresponsables y, en consecuencia, fracasar.
3.- El pelota
Según Trotski, el partido bochevique, por los tiempos de la Revolución de Octubre, estaba mil veces a la izquierda del gobierno provisional y las masas, mil veces a la izquierda del partido bolchevique. He aquí el fragmento de un ultragil mil veces a la derecha de los okupas: "Han pasado once años desde la última vez que el Atlético jugó Champions. (se escribe ‘la Champions’, ¡borrico!) Mucho tiempo. Y algunos de los que vivieron en primera persona aquella experiencia ya no están con nosotros. Del primero que me acordé tras eliminar al Schalke (¿lo hiciste tú?, ¡acémila!) fue de Jesús Gil. ¡Cómo hubiese disfrutado de este momento! ‘La Liga de Campeones es rojiblanca. Que tiemblen todos’, diría. (No fueron esas sus palabras cuando el Atleti la jugó en 1986-87, ¡asno!; sino éstas otras: ‘¡Jopé, vamos a ingresar 2..000 o 3.000 millones de pesetas’.)… Me alegro por Cerezo, que da la cara cuando nadie quiere hacerlo. Y por Gil Marín. Esto no era lo suyo y ahora no puede ni ver los partidos. A veces también aciertan".
Conozco a un químico del Consejo Superior de Deportes, Ángel Galán, que utiliza para referirse a estos casos una perífrasis de su invención: "Un análisis detenido de la lengua de este sujeto revelaría sin lugar a dudas un rastro de heces". Pero la clave psicológica de tanta obsequiosidad pudiera ser el alivio experimentado por los pretorianos de los Gil, quienes creen que este marcador convalida todas sus patrañas. ¡Gracias, gracias, venerados amos porque, por una vez, no habéis dejado con el culo al aire a vuestros humildes servidores! Firmado: la moqueta humana.
4.- Regresos
La idea de que el Atleti ha vuelto al lugar que le correspondía es absolutamente falsa. No hay tal sitio reservado. (No en la vida seria; tanto menos en el juego deportivo.) "El que fue a Sevilla perdió su silla; el que fue a Jaén perdió el tren", canturreaban los niños de la posguerra. El Atleti se ha ido al garete por el socavón que han abierto a sus pies unos vulgares butroneros, y es de ilusos engolosinarse con la ridícula especie de que el Coruña, el Valencia, el Villarreal o el Sevilla no han hecho otra cosa todos estos años que calentarle el sitio.
En cambio, Torres sí regresa al Calderón, aunque no de visita, ni para quedarse. Llamado a ser el nueve de este club durante década y media y a formar un tándem memorable con Agüero, es ahora un adversario peligroso, por obra y gracia de los okupas, quienes, en su infinita sabiduría, han contribuido a armar al Liverpool, quizá porque ni siquiera imaginaban que el Atleti fuese un día a disputar la Champions.
5.- Algo de viento en las velas, pero…
No obstante, si el Atleti fuese un club normal, cabalgaría sobre el pony de este triunfo, como un delfín juguetón a lomos de las olas. Pero no lo hará porque, aunque lo trajeron al mundo para competir, largos años de pésima y delictiva administración lo han empequeñecido. De ahí que lo más probable es que esta minúscula victoria que abre un postigo al mejor fútbol europeo sea para mal. (El único precedente no es muy alentador. Recordad que el cuadro del Manzanares fue incapaz de subirse al bicampeonato del 96 (o se subió para precipitarse de cabeza al abismo); no hay razón para esperar que ahora vaya a suceder algo muy diferente. El Atleti, que ha ascendido a la primera división del fútbol europeo, no parece que tenga plantilla para ser alguien en la Champions. A última hora se ha fichado a Banega (de rendimiento incógnito), pero el verano se fue en un andorreo interminable detrás de un distribuidor consagrado. (La gente pedía un diez, pero toda la vida del Señor se llamó diez al interior zurdo) Uno, en vista de la incorporación de Banega, hubiese ido a por a Di María, (rompamos con Brasil y sumémonos a la feliz Argentina del "Kun"), otro veinteañero con clase y por ende zurdo. (Quizá el Benfica hubiese accedido a cambiarlo por Reyes, con las debidas compensaciones monetarias o en especie.) También me gusta Grosso, el veterano tres del Lyon, gran profesional que sube, baja, corta, centra… No, no creo que sea tan difícil hacer un buen equipo, incluso sin gastar demasiado, pero hace falta proponérselo, y los okupas del Atleti no están para bagatelas. Prefieren hacer otro uso del club.
El Atlético de Madrid, en flagrante abuso del derecho de admisión, le ha negado el abono a José Luis Sánchez Ayuso, presidente de Señales de Humo. Se trata de una vulgar vendetta contra la asociación en la persona de su rostro más visible. Señales es una especie de tábano cuyos picotazos malhumoran al orondo buey. Por eso de tarde en tarde muge y tira coces contra el aguijón. Así, la famosa querella contra José Luis Domínguez (otro miembro de Señales) y ahora la cacicada de tachar a su tocayo.
Y aún cree algún comentarista que Gil Marín y el otro son unos gestores algo vagos que, como él cuando era estudiante, incurren en chapuzas por mera desidia. (El sujeto les imputa algún defectillo imaginario que sirve para enmascarar los vicios reales.) No, hombre: Gil Marín y el otro son muy diligentes. Algún día contaremos por lo menudo la historia de la okupación del Atlético de Madrid (esperemos que para entonces la entidad no sea un fiambre), y se comprobará que la familia no ha dado una puntada sin hilo. Lo que ocurre es que entre sus horizontes (estrechos como la madriguera de un topo) nunca figuró hacer del Atleti un club de primer orden, sino montar un próspero chiringuito de compraventa de futbolistas a comisión, birlar un estadio, etc. En otras palabras: Gil Marín y el otro serían pésimos gestores para un equipo de fútbol, pero estupendos para un puticlub, justamente lo que es el Atleti hoy. Y si hasta el presente han operado a sus anchas es porque al Real Madrid le viene de perlas que el insigne tándem de tontos útiles mangonee a orillas del Manzanares. La escasa oposición o ha sido espontánea (las pancartas de los seguidores lúcidos, que los esbirros del club se han encargado de quitar y destrozar), o la ha ejercido y ejerce Señales de Humo. Como disfrutamos de una prensa a la que la libertad de expresión le importa una boñiga de buey (es lógico: su vergonzoso y estúpido menester no la requiere), estas tropelías no hayan el menor eco (o lo hayan muy tenue, casi inaudible) en los medios deportivos, o sea: en los periódicos merengues. Por su parte, el analista de la galbana, perezoso incorregible, se limita a desear para el Atleti un ruso podrido de millones, a la par que subestima a los particulares que se atreven a decir lo que él y sus colegas callan, sin duda por pura astenia canicular. Y hay ingenuos que piensan que el pollo se está metiendo con los okupas, cuando lo único que hace es emitir un débil quejío: ¡Ay, ojalá que mi amo tuviera petrodólares! Pues nada, hasta que los tenga, punto en boca.
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