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  • Copa del Rey, sorteo de dieciseisavos de final. Sant Andreu - Atlético de Madrid


    El Atlético de Madrid se enfrentará al Sant Andreu en los dieciseisavos de final de la Copa del Rey. Los partidos se disputarán las semanas del 31 de octubre y del 5 de diciembre. Esta eliminatoria ya se dio en la temporada 13-14 con victoria final del Atleti por un global de 6-2.

  • Fallece Bernardo de Salazar


    Ha fallecido en Madrid el historiador colchonero Bernardo de Salazar. Primer presidente de la Peña Los 50, participante asiduo en el Foro Gaudeamus Atleti y autor de libros y artículos sobre la historia del fútbol y de nuestro equipo en particular. Señales de Humo quiere unirse al dolor de su familia en estos momentos tan duros. Descanse en paz y espérenos con sus amigos Pechuga y Zapatones.

  • Plantilla 2018/19

    Esta es la plantilla del Atlético de Madrid con los dorsales oficiales para la temporada 18/19:

    1Antonio ADÁNPortero
     
    2Diego GODÍNDefensa
     
    3FILIPE LUIS KasmirskiDefensa 
    4Santiago ARIASDefensa
    5THOMAS Teye ParteyCentrocampista 
    6Jorge Resurrección, KOKE
    Centrocampista 
    7Antoine GRIEZMANNDelantero 
    8
    SAÚL ÑíguezCentrocampista 
    9Nikola KALINIĆDelantero 
    10Ángel CORREAMedio / Delantero 
    11Thomas LEMARExtremo 
    12


     
    13
    Jan OBLAK
    Portero
     
    14RODRIGO HernándezCentrocampista
     
    15Stefan SAVIĆDefensa 
    16

     
    17




    18GELSON MartinsExtremo 
    19DIEGO COSTADelantero 
    20JUANFRAN Torres
    Defensa 
    21Lucas HERNÁNDEZ
    Defensa 
    22

     
    23Víctor Machín, VITOLO
    Extremo 
    24José María GIMÉNEZDefensa
     
    25























    Altas

    Rodrigo (Villarreal), Lemar (Mónaco), Adán (Betis), Nehuén (Argentinos Jrs), Gelson (Sporting CP), Jonny (Celta), Arias (PSV), Kalinić (Milan)

    Bajas

    Gabi (Al-Sadd), Torres (Sagan Tosu), Kunde (Mainz 05), Velázquez (Rayo), Gameiro (Valencia), Diogo Jota (Wolverhampton)

    Cedidos

    Werner (Huesca), Mensah (Kayserispor), Jonny (Wolverhampton), Vrsaljko (Inter), Moreira (Aston Villa), Héctor (Málaga), Vietto (Fulham), Nehuén (Argentinos Jrs), Caio Henrique (Paraná), Schiappacasse (Rayo Majadahonda)

    Enviado sep 01 2018, 12:00 por SDHEditor con no comments
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  • UEFA Champions League, sorteo de la fase de grupos 2018/19


    El Atlético de Madrid se enfrentará a Borussia de Dortmund, Mónaco y Brujas en la fase de grupos de la Champions League.

    Jornada 1 - Martes 18 de septiembre.

    21:00 Mónaco - Atlético de Madrid
    21:00 Brujas - Borussia Dortmund

    Jornada 2 - Miércoles 3 de octubre.

    21:00 Borussia Dortmund - Mónaco
    21:00 Atlético de Madrid - Brujas

    Jornada 3 - Miércoles 24 de octubre.

    18:55 Brujas - Mónaco
    21:00 Borussia Dortmund - Atlético de Madrid

    Jornada 4 - Martes 6 de noviembre.

    18:55 Mónaco - Brujas
    21:00 Atlético de Madrid - Borussia Dortmund

    Jornada 5 - Miércoles 28 de noviembre.

    18:55 Atlético de Madrid - Mónaco
    21:00 Borussia Dortmund - Brujas

    Jornada 6 - Martes 11 de diciembre.

    21:00 Brujas - Atlético de Madrid
    21:00 Mónaco - Borussia Dortmund

  • El Atleti tricampeón de la Supercopa de Europa. Galería fotográfica

    AS

    El Español

    Eurosport

    El País

    Univisión

  • El Atleti tricampeón de la Supercopa de Europa. Revista de prensa (III)

    El País

    El Atlético exhibe más recursos y se lleva la Supercopa de Europa ante el Real Madrid
    Los rojiblancos, con Diego Costa de corneta, conquistan el título ante el equipo de Lopetegui tras imponer su físico y mejor banquillo en la prórroga

    José Sámano

    La Supercopa europea no solo encumbró al veraniego Atlético, sino que dejó un guiño inquietante para el Real Madrid: tras décadas de supremacía, en Estonia su vecino exhibió más recursos. Al Real, capaz de una remontada, se le hizo himalayesca la prórroga, cuando los rojiblancos mostraron más piernas y reclutas que un Madrid que, en su primer duelo oficial sin Cristiano, terminó con Ramos y Mayoral como delanteros. Casual o no, sin CR y nadie al quite por el portugués, el Madrid perdió su primera final internacional desde que lo hiciera con Boca en la Intercontinental de 2000. Tras encadenar trece descorches, sucumbió ante un Atlético supercampeón europeo por tercera vez y ganador por fin de un gran duelo europeo ante el Real.

    En un partido subido a la noria, ni siquiera había pestañeado el fútbol en Tallin cuando antes del minuto Diego Costa, el jugador del partido, taladró la red del Real Madrid. Un gol muy de ese buscavidas que es el ariete colchonero, un vietnamita sin vértigo ante cualquier rival. Un tanto muy simeonista. El pase al infinito de un central (Godín) para Diego Costa. Lo mismo da que esté de espaldas a la portería rival y le enchironen cocodrilos. El tipo, tan vivificante, no se achica ni a tiros. El internacional español se hizo un autopase de cabeza ante Ramos, sacó la cadena a Varane, que fue al cruce con aire como un monaguillo, y ametralló a Keylor por el palo que custodiaba. Un gol imposible, solo al alcance de un bizarro con la sobredosis de fe que destila Costa.

    El Madrid precisó de temple y paciencia para metabolizar el azote. Desplegado a partir de un 4-2-3-1, con Kroos y Casemiro en paralelo, Isco de enganche central y Bale y Asensio por las alas, de entrada el Real encontró remedio donde este curso se le presupone un cráter mayúsculo. Por el radar de CR, Bale, Asensio y Benzema jalonaron la episódica remontada del equipo de Julen Lopetegui. En un Madrid en el que nadie lució el siete, sus tres atacantes supieron buscarse los atajos hacia Oblak hasta que el equipo sucumbió en la prórroga.

    Mientras se tonificaba el Madrid, el Atlético fue el Atlético del espartaco Simeone. Cambian las plantillas, pero el traje no. Se fiche a quien se fiche, el equipo no titubea al replegarse y no disimula el papel de sus centrales a la hora de dar vuelo al juego. Llega Rodri, un medio centro con buena muleta, pero los recados a la pelota son asunto de Godín y Savic. Griezmann, de puntilllas por Estonia y sin carrete siquiera para una hora de faena, hoy es un mensajero de primera, pero el Atlético se saltó su peaje tanto como el de Rodri. En el caso del francés, porque sigue en el Mundial; en el caso del chico llegado del Villarreal por cierta desconfianza a que altere el molde. El conjunto del Metropolitano era Lemar. Un extremo hábil que también dejó poso como mosquetero. Cuestes lo que cuestes, con el Cholo hay que sudar como regaderas.

    Un delicioso taconazo de Asensio al que respondió de maravilla Oblak, prendió la mecha en el área de los colchoneros. Marcelo se sumó al frente y el Madrid se clavó en la periferia de la portería del Atlético. De un Atlético sin más salida que citar a Costa a un combate permanente de lucha libre con Ramos y Varane. Más sutil le resultó al Real la vía de Bale. Simeone, sabedor de que por las orillas percutirían el galés o Asensio, envidó con Lucas, más alguacil que Filipe. Pero Bale tiene momentos sin arresto posible. Enfiló y desbordó a Lucas como un expreso y su centro con la pierna derecha fue tan diabólico que hizo dudar al mismísimo Oblak. Benzema, en la sala de estar de CR, cabeceó como CR. Acto seguido, Asensio estuvo a un dedo del 2-1 con un disparo combado.

    Tras el descanso, durante muchos minutos no remitió la sensación de crecida del Madrid. Donde había pisadas de Bale, solo había migas de Griezmann. Hasta que Juanfran dio un manotazo al balón tras desequilibrarse en un forcejeo con Benzema. Sin CR a la vista, Ramos tiró de graduación y ejecutó con éxito el penalti. Al Atlético le tocaba remar sin Griezmann y sin Rodri, ya sustituidos. Pero con Lemar y el denuedo de Costa. Hasta que Marcelo hizo el panoli. La jugada partió de Lemar, pero la pelota salió rebotada hacia el costado del lateral brasileño. Era un saque de banda favorable a los blancos, pero a Marcelo se le anudaron los cables y devolvió el balón a la plaza. Entre Juanfran y Correa tejieron el empate para Costa, un jabato de principio a fin. A esas alturas del partido y a estas alturas de la pretemporada, el duelo pasó a tener mucho más que ver con el físico que con tal o cual pizarra. Además, en el caso del Madrid, Lopetegui tiene cesto para dar relevo a sus volantes (Modric, Ceballos, Lucas), pero a la delantera se le ven los huesos. En la reserva de Lopetegui, Mayoral y el becario Vinicius. Cuesta recordar cuándo el Atlético tuvo más granero que su vecino. Así se evidenció en Tallin, donde Correa agitó a los suyos al tiempo que con el partido ya maratoniano, en la prórroga, se impuso el físico de gente como Costa, Thomas y Vitolo. El lazo, para Saúl, con un golazo tras una pifia de Varane, y para Koke, con un gol de billar. Un brindis para un Atlético muy Atlético pero con más escaparate. Una decepción para un Real más justo y huérfano de CR.

    https://elpais.com/deportes/2018/08/15/actualidad/1534367148_692673.html

    Un título al estilo Diego Costa
    El goleador, que habla de "cojones para ganar", no fue a la concentración de Italia y se quedó en Madrid para ponerse en forma

    Ladislao J. Moñino

    Situados justo encima de la bocana del vestuario, el millar de aficionados del Atlético desplazados a Tallín jalearon a Simeone cuando le vieron entrar en el palco al que le condenó la UEFA por la sanción que arrastra de la temporada pasada por insultar al colegiado francés Turpin en la ida de las semifinales de la Liga Europa. Poco antes, los jugadores rojiblancos habían buscado deliberadamente el último aliento de su afición aprovechando su ubicación. Los videomarcadores señalaban que el tiempo de calentamiento había concluido, pero permanecieron en el campo para no coincidir con los jugadores del Real Madrid en la entrada a la caseta, al que les cayó la misma lluvia de improperios que antes se había llevado Thibaut Courtois.

    Simeone vio casi todo el partido de pie y gesticulando como si estuviera en el banquillo, cuando Diego Costa aprovechó un balón largo de Savic para tirarle un sombrero de cabeza a Sergio Ramos, girarse y empotrar la pelota en la red por el palo que tapaba Keylor Navas. El tanto, a los 48 segundos, supuso el más rápido de la historia de la Supercopa de Europa. Abajo, el Profe Ortega sonreía y jaleaba el tanto fuera de sí. El plan que le había diseñado al delantero de Lagarto para afinarle había dado resultado por la rapidez y la agilidad con la que ejecutó la maniobra. El cuerpo técnico habían determinado que Costa no viajara a la miniconcentración de cinco días que hubo en Bolzano, a las faldas de los Alpes italianos a principios de mes. El delantero se quedó en Madrid para ejercitarse junto a Thomas y Vitolo, ambos con molestias. En esos cinco días Costa disminuyó sensiblemente el volumen de su abdomen. “El Profe sabe lo que hace”, aseveró Costa tras el duelo. “El partido de Costa ha sido increíble”, le alabó Simeone.

    Crecido por su primer gol, fue a cada disputa con Sergio Ramos como si fuera la última. Por arriba y por abajo, aceptó y ganó el combate. “Somos amigos, pero los dos sabemos que si su madre y la mía están en el campo cada uno va a lo suyo”, aclaró el bigoleador con el trofeo de mejor jugador del partido. No cejó en su empeño Costa de darle salida al equipo incluso cuando parecía que la historia parecía endiablarse. De nuevo el Madrid le daba la vuelta al marcador en una final. Costa siguió lo suyo, tirando desmarques, chocando su cabeza con Ramos y protestando. Cuando cazó la jugada de ratón de Correa, quiso buscar a Juanfran, que se redimió de la mano persiguiendo la pelota para recuperarla y dársela a Correa. “Con las ganas y los cojones que tenemos podemos pelear con quien sea”, advirtió eufórico Costa, que se permitió incluso bromear: “Le dije al Cholo que si quería ganar me tenía que fichar”.

    El golazo de Saúl también vino de otra recuperación, esta vez de Thomas. “Entró bien. Seguro que cuando le metí y, además en esa posición de mediapunta, alguno diría qué hace este, se ha vuelto loco. Pero Thomas ha jugado en esa posición en su selección”, relató Simeone, que admitió con un “ahora sí”, cuando fue preguntado por la profundidad del banquillo. “Necesitábamos ganar, el Real Madrid hacía mucho que no perdía una final europea”, aseguraba el técnico, que en el césped, durante la celebración, fundió su imagen de hincha, entrenador y exjugador con la de padre para fotografiarse junto a su hija pequeña con su séptimo trofeo, el que le convierte en el técnico del Atlético con más títulos de la historia: una Liga, una Copa, dos Ligas Europa, dos Supercopas europeas y una de España.

    https://elpais.com/deportes/2018/08/15/actualidad/1534355788_258152.html

    La Razón

    2-4. El Atlético empieza a lo grande y gana la Supercopa al Madrid
    Ganó la Supercopa al Real Madrid en la prórroga tras un partido muy competido. Los rojiblancos llegaron más fuertes al final del choque

    José Aguado.

    Tuvo más aire el Atlético después de noventa minutos de derbi tan competidos como siempre en estos últimos años. Los Real Madrid-Atlético se han convertido en partidos eternos, sin favorito, que se deciden en los penaltis o en los detalles o en quien aprovecha mejor los errores del rival. Lo hizo ayer el conjunto de Simeone, que llegó con más vida a la prórroga y no perdonó ninguno de los despistes de la defensa blanca, aún de vacaciones y con muchas cosas por corregir, principalmente en cuestiones de concentración y en la toma de decisiones en momentos de apuro. Todo lo que hizo bien el Madrid durante muchos minutos se le escapó después porque su defensa no estuvo a la altura.

    Nada más empezar, cuando aún no se había cumplido el primer minuto, Diego Costa estuvo más despierto que los centrales y que Keylor Navas, a quien Courtois miraba desde la grada; después, para el empate a dos, Marcelo prefirió dar un balón al rival antes que un saque de banda a favor; y en el tercero Ramos y Varane no supieron muy bien qué hacer con la pelota. El primero se la dio a su compañero que estaba de espaldas; el segundo, el francés, estuvo lento y eso es mortal ante un rival que muerde cuando presiona. Golpeó el Atlético esas tres veces y se aprovechó del desconcierto de después para llevarse la Supercopa, el primer encuentro oficial de ambos equipos esta temporada y que parecía el último choque de la campaña, tal como lo jugaron. Se notó el cansancio, que aún no están a tope los dos conjuntos y lo notó más el Madrid. Con la lesión de Casemiro se empezó a desdibujar y no tuvo tiempo para corregirse después. Se fue deshinchando el centro del campo y ya no encontró dónde agarrarse.

    En cambio, la salida de Thomas en esos minutos, por ejemplo, dio pulmones a un Atlético que parecía que lo iba a pasar peor y más cuando ya se habían ido Griezmann, aun en pretemporada, y Lemar, uno de los mejores anoche, en todos los sitios, siempre ofreciéndose, como si no necesitase tiempo de aclimatación al conjunto de Simeone. Es una gran incorporación, que da un salto de calidad a un equipo, que visto lo visto ayer, comienza dispuesto a pelear todo y a no mirar sólo hacia atrás.

    En otros derbis decisivos en Europa, el Atlético fue más temeroso, más precavido. En otro partido, tras el gol de Ramos de penalti, el equipo rojiblanco se hubiese hundido, superado por la superioridad rival en los días importantes. Ayer, quizá porque el Madrid no pudo más físicamente o porque al Atlético le ha cambiado la ambición, con el encuentro perdido, fue a por el empate, lo consiguió y después voló hacia la victoria que le da un chute de optimismo para afrontar lo que viene.

    El choque fue cambiando de estados de ánimo, aunque casi siempre dio la impresión de que el Madrid lo tenía más controlado. No le sirvió de mucho, penalizado por el cansancio, por sus errores atrás y quién sabe si por la falta de banquillo: para intentar igualar el choque, Lopetegui dio salida, al final, en el cambio permitido en la prórroga, a Borja Mayoral.

    No hizo mal encuentro el Madrid, pese a perder y romper una racha de finales ganadas. Pero le faltó constancia para ser superior al rival. Mezcló buenos momentos, casi siempre a cargo de Bale; con desconexiones, sobre todo cuando consiguió dar la vuelta al partido. En vez de matar el choque, se volvió conservador. Pero si lo de ayer sirve como medida de lo que puede suceder a lo largo de la temporada la prueba no es mala. Sobre todo porque fue el primer día sin Cristiano Ronaldo, cuando se tenía que demostrar si Bale estaba listo para recoger el liderazgo del equipo.

    Y lo está. Hasta que el agotamiento le superó, el galés lo hizo todo bien, más por la derecha, pero moviéndose por cualquier zona del campo. Sin Modrić  de inicio, Lopetegui dibujó un 4-3-3 de manual con Asensio en un lado y Gareth en el otro, en la derecha, pero esta vez eso no supuso una merma de sus facultades. No se equivocó casi nunca el galés: cuando corrió, cuando participó en el juego o cuando desbordó para poner un balón de gol en la cabeza de Benzema para empatar el choque. Eso es lo que se quería ver en la entidad blanca; que se pueden hacer goles sin CR7 y que Bale y Benzema pueden presentar batalla a la que quizá es la mejor defensa del mundo.

    Tuvo que trabajar mucho el Madrid para empatar. Fue rompiendo al Atlético, más inseguro que otras veces, y fue Bale quien encontró la grieta para empatar el choque. Dio dos zancadas de más que los rivales y su centro lo remató Benzema sin saltar. El nueve del Madrid.

    Desde el minuto diez, cuando se recuperó del «shock» del tanto de Costa, el Madrid tomó el balón y fue minando y ganando espacio al rival, con rapidez y con paciencia, con Marcelo cerca del área rival, donde es más peligroso para el rival que para su equipo. Kroos intentaba mandar y Asensio quería, sin éxito, romper con su potencia. La primera parte fue un derbi de manual: el Madrid con la pelota y el Atlético cómodo defendiéndose.

    El claro penalti de Juanfran dio la ventaja al Madrid y parecía que le acercaba a la victoria. Había dado la vuelta al encuentro, que contra el Atlético es casi un milagro. Pero entonces, todo cambió. El conjunto de Simeone pudo recomponerse. Estuvo más listo que el Madrid y entre Correa y Thomas mejoraron a los titulares. Con ellos, el Atlético logró ganar al Madrid en Europa.

    https://www.larazon.es/deportes/futbol/supercopa-de-europa-en-directo-el-real-madrid-sale-sin-Modrić -GL19475377

    Diego Costa gana la pelea

    Sergio Ramos y el delantero rojiblanco revivieron su eterno duelo. Faltas de los dos, un gol del madridista y dos del jugador atlético, el resumen de su enfrentamiento

    Domingo García.

    Al enfrentamiento entre Sergio Ramos y Diego Costa le faltaba una final europea. Aquellos roces que comenzaron cuando el delantero internacional vestía la camiseta del Rayo se han repetido en todas las competiciones nacionales, en Liga y en Copa, pero no se habían dado en el continente. Porque en la primera final de la Liga de Campeones en la que se enfrentaron los dos equipos la participación del rojiblanco fue fugaz. Simeone no quiso renunciar a su presencia, para eso había ido a Croacia a tratarse con placenta de yegua, pero apenas pudo sostenerse sobre el campo. Ocho minutos permaneció sobre el césped nada más. Y cuando se enfrentaron los dos equipos en Milán, Diego ya estaba en el Chelsea.

    Pero en Tallin el enfrentamiento dio todo lo que se esperaba de los dos. Primero fue Sergio Ramos el que puso el codo en la cara del delantero con las primeras discusiones posteriores. Después fue el rojiblanco el que midió las distancias con su brazo con el mismo resultado.

    El último roce se lo llevó Sergio Ramos cuando Diego Costa lo arrolló con los tacos en la nuca después de un forcejeo que terminó con el capitán madridista por los suelos. Ramos se fue a protestar al árbitro para que enseñara la tarjeta amarilla al rival, sin demasiado éxito. Después de la bronca terminaron bromeando y dándose la mano. Igual que ha pasado siempre, porque a pesar de las disputas, de las discusiones y de las patadas, fue Sergio Ramos el que hizo de guía a Costa cuando llegó a la selección. Fueron inseparables en los primeros días del delantero como internacional y el trato se ha mantenido.

    Durante el partido, el duelo se vivió en las dos áreas, porque Diego Costa acertó primero, con un remate imposible que no pudo alcanzar Keylor Navas después de robarle la pelota a Ramos y superar con facilidad en la carrera a Varane. Apenas se cumplía el primer minuto de juego cuando Costa ya había marcado el primer gol.

    Sergio hizo de Cristiano

    La respuesta de Sergio Ramos fue asumir la responsabilidad en el lanzamiento de penalti. La ausencia de Cristiano Ronaldo en el equipo obliga a asumir nuevos roles en el equipo. Y si los goles se los deben repartir entre Benzema y Bale, Sergio ha decidido que los penaltis son cosa suya. Ya ha asumido el lanzamiento en otras ocasiones, con el Real Madrid y con la selección. Y ayer tampoco falló.

    Pero Diego no podía quedarse así. Marcó el segundo gol que forzó la prórroga y se convirtió en decisivo para que su equipo ganara de nuevo un título europeo. Es la tercera Supercopa que gana el Atlético en los últimos nueve años. Ha ganado las tres que ha disputado, siempre llegando como campeón de la Liga Europa. Ahora su objetivo es regresar el próximo año como campeón de la máxima competición continental que se disputa en el Metropolitano.

    https://www.larazon.es/deportes/diego-costa-gana-la-pelea-LM19510496

    20 minutos

    El Atlético le gana la Supercopa de Europa al Real Madrid con Diego Costa como estrella

    Raul Rioja

    • El hispano-brasileño marcó dos goles y participó en los otros dos (2-4).
    • Los errores defensivos condenaron a un Real Madrid que acarició la victoria.

    El Atlético de Madrid levantó otro título continental tras superar al Real Madrid en una Supercopa de Europa con muchas alternativas y que se decidió en la prórroga (2-4). El gran protagonista fue Diego Costa, que marcó dos goles y fue pieza clave en la remontada colchonera.

    Rescatado por un gol de Diego Costa en el minuto 78, resolutivo en la prórroga con dos tantos y oportuno en cada error defensivo del Real Madrid, el Atlético de Madrid conquistó su tercera Supercopa de Europa (2-4), mejor en los detalles que un rival vulnerable, que tuvo el título en su mano.

    Desde que marcó el 2-1 de penalti Sergio Ramos a media hora del minuto 90 y desde que se apropió del encuentro sin aparente respuesta del equipo rojiblanco, tan convencido quizá de su victoria que Marcelo se permitió un lujo innecesario, del que renació el Atlético agarrado a Diego Costa, a un gol directo al tiempo extra. Su partido fue sensacional, por sus tantos, por su entrega, por su despliegue, porque sin él, probablemente, el éxito habría sido imposible, como sin el golazo de volea de Saúl Ñíguez en la primera parte de la prórroga, que desequilibró ya invariablemente un encuentro que sentenció instantes después Koke Resurrección, con la frustración del Real Madrid, derrotado en una final 18 años después.

    Ni siquiera el verano ni una pretemporada tan condicionada aligeran ni la dimensión ni la emoción ni las vibraciones ni la pasión ni la tensión del derbi más grande de Europa, menos aún en estos tiempos. Son dos equipos para luchar por todo, para disputar cada título, para reinar en Europa... Y no admiten ninguna excusa

    No las hay desde su ambición ni la configuración de sus plantillas ni tampoco las proponen desde el terreno de juego. Había futbolistas casi recién aterrizados de sus vacaciones, pero compitieron con todo en el estadio Lillekula, un campo minúsculo, con apenas 12.500 espectadores, para un partido tan enorme; agitado, en ebullición, a toda velocidad, prácticamente al primer instante.

    Hace cuatro años, en la final de la Champions en Lisboa, Diego Costa aguantó ocho minutos, roto, imposibilitado, por lesión; este miércoles, en la Supercopa, sólo necesitó 50 segundos y un pase largo, quizá a la nada, de Diego Godín para transformar un lance aparentemente irrelevante del juego en un golazo incontestable. ¿Por qué? Porque, de espaldas, fue astuto para sorprender a Sergio Ramos, fuera de foco de inmediato cuando el atacante peinó el balón; porque después fue rápido para conectar de nuevo otra vez con la cabeza en la pelota y desbordar por zancada a Varane y porque su definición fue brutal, con un derechazo que dobló a Keylor Navas.

    En 50 segundos. Con todo lo que supone para el goleador, el Atlético, y para el contrincante, pero no para el Real Madrid. Asumido el lapsus, controlada la presión que tanto le agobió de inicio al conjunto blanco, en cuanto encontró a Marcelo, Bale e Isco fabricó metro a metro, pase a pase, la respuesta al primer golpe.

    No fue inmediata en el marcador, tampoco apabullante ni mucho menos, pero sí convincente en cuanto logró rebajar la pretensión rojiblanca de jugar en campo contrario, en cuanto conectó con verticalidad, en cuanto Marcelo profundizó por la izquierda, como el taconazo de Asensio que salvó espectacular Oblak, y en cuanto Gareth Bale superó por el otro lado y por primera vez a Lucas Hernández.

    La parábola perfecta de su centro sorprendió incluso al mejor portero del mundo. Oblak dudó cuando nunca duda, arrinconado en la propia línea de su portería, batido por el certero cabezazo de Karim Benzema al borde de la media hora, empatado un partido que se movió a un ritmo mucho más alto de lo esperado hasta que duró la fuerza.

    Una acción tan simple como efectiva niveló un duelo que había sido del Atlético -15 minutos-, después fue del Real Madrid -hasta instantes del descanso- y luego, ya en el segundo tiempo, no fue ni para uno ni para otro, mucho más medidos los dos desde el 1-1, más pendientes de los riesgos que de los beneficios.

    Ni había aparecido hasta entonces Antoine Griezmann ni apareció después, sin la frescura de piernas todavía que exige cualquier partido de competición oficial, sin el protagonismo de un futbolista de su talla y sustituido en el minuto 55 por Ángel Correa, cuando, instantes después, de repente, un penalti impulsó al Real Madrid.

    Una mano prescindible de Juanfran, quizá accidental, a lo mejor provocada por la pugna con Benzema, pero penalti al fin y al cabo. Lo transformó Sergio Ramos, con un lanzamiento sutil, con toda la seguridad del mundo, inalcanzable e impredecible para Oblak para dar al Real Madrid la sensación ya de medio título, pero sólo sensación.

    Porque las embestidas ofensivas del Atlético habían decaído desde mucho antes, prácticamente desde el gol que le adelantó a los 50 segundos, sometido aparentemente ya por el Real Madrid hasta el regalo de Marcelo que aceptó Juanfran, dio continuidad Correa y culminó Diego Costa con el 2-2 (m. 78) para provocar la prórroga.

    La prórroga... de Saúl, de Koke y del Atlético, que se adueñó definitivamente de la Supercopa de Europa, con una volea preciosa del primero con la izquierda, previo fallo de Varane, en el minuto 98; con el 2-4 del segundo instantes después, en el 104, y con el séptimo título europeo, cuatro con Simeone, del equipo rojiblanco.

    https://www.20minutos.es/deportes/noticia/real-madrid-atletico-directo-supercopa-europa-2018-3412919/0/

  • El Atleti tricampeón de la Supercopa de Europa. Revista de prensa (II)

    El Español

    El Atlético marchita la flor del Real Madrid en la Supercopa de Europa

    Los rojiblancos se llevan la Supercopa de Europa en la prórroga ante un equipo de Lopetegui que pagó muy caro los múltiples errores en defensa.

    Jorge Calabrés

    El guion de la Supercopa de Europa parecía similar al de las últimas veces que se habían visto las caras Real Madrid y Atlético más allá de las fronteras españolas. Sin embargo, algo cambió cuando, a diez minutos del final, Diego Costa mandó a la prórroga el encuentro. Sin gasolina, pero también sin la flor de años anteriores, el equipo de Lopetegui sucumbió preso de sus propios errores en defensa. Saúl y Koke enseñaron a los blancos el sabor de la derrota en un derbi europeo aunque fuera de menor enjundia que los anteriores.

    La Supercopa de Europa abría el telón de las competiciones continentales en Tallin. Real Madrid y Atlético se medían de nuevo en un duelo por un título tras las finales de Lisboa y Milán que se llevaron los blancos. En el banquillo merengue se estrenaba Julen Lopetegui, mientras que Simeone soñaba con que a la tercera fuera la vencida. El argentino había podido con el eterno rival y vecino en Liga y Copa, pero nunca en Champions. Ahora, tras más de 120 millones en fichajes, los colchoneros ponían a prueba el proyecto creado para estar el próximo día 1 de junio en el Wanda Metropolitano en la lucha por 'La Orejona'.

    No hubo grandes sorpresas en las alineaciones. Solo Modrić  se cayó del once al estar corto de preparación, mientras que en el conjunto rojiblanco debutaban Rodri y Lemar con Lucas Hernández convertido ya en el dueño del carril izquierdo de la zaga. El plan previo era claro: el Madrid dominaría la pelota y el Atlético buscaría sorprender en una contra o en un desplazamiento en largo.

    El Atleti golpea primero

    Y lo consiguieron los colchoneros antes de que se cumpliera el primer minuto de encuentro. Un balón alto de Godín fue ganado por Diego Costa en el salto con Sergio Ramos. Varane se duerme y el internacional español se lleva el esférico y, desde casi la línea de fondo y sin apenas ángulo, empalma con violencia para que la pelota se cuele por el palo de un flojo Keylor Navas. El costarricense se agacha y facilita el tempranero gol de los rojiblancos a los 49 segundos.

    Reaccionó el Real Madrid aguantando el control del juego y acercándose poco a poco al área de Oblak. El esloveno sacó sus reflejos para que, en el minuto 17, evitar el empate de Marco Asensio tras un taconazo espectacular. Centro de Marcelo y el balear se saca un recurso de la nada que solo una gran parada echó al traste. Benzema, en el segundo palo, no llegó tampoco al rechace por centímetros.

    Bale y Benzema lideran la reacción del Madrid

    Aquella ocasión fue solo el aviso de lo que ocurriría diez minutos después. Bale se mide con Lucas Hernández y deja al francés atrás con un arrancada soberbia. El galés pone el balón templado al segundo palo para que aparezca de la nada Karim Benzema y cabecee a la red. El '9' del Madrid ejerció de matador y demostró su reconciliación absoluta con el gol tras la salida de Cristiano y con la ilusión renovada en la que será su décima campaña de blanco.

    Marcelo y Asensio gobernaban el partido por la banda izquierda. Una versión más que notable de los de Lopetegui, con Casemiro de escoba, ante un Atleti en el que sorprendía también el trabajo sin balón de Lemar. El encuentro era divertido y de alto nivel, propio de dos de los mejores equipos del mundo. El Madrid respondía a la llamada a la guerra de los de Simeone sin titubear y los rojiblancos aguantaban el envite del triple campeón de Europa.

    En la segunda parte, el partido transcurría sin peligro para ambos porteros. El juego era más espeso y Lopetegui buscó frescura con la entrada de Modrić  por Asensio. Simeone respondió con Correa por un desaparecido Griezmann. El francés pasó sin pena ni gloria por Tallin y mostró estar fuera de forma después de haber ganado el Mundial. Los entrenadores movían sus peones en una partida de estrategia en la que el más mínimo error podía ser crucial.

    Juanfran y Marcelo firman las tablas

    Ese fallo llegaría pasada la hora de partido y fue de nuevo Juanfran, para alegría del Madrid y suplicio de los colchoneros, el que cometería una mano innecesaria y estúpida tras un saque de córner por estar más pendiente de Benzema que del balón. Abre el brazo el lateral y la pelota choca directamente contra él. No dudó el polaco Marciniak en señalar el punto de penalti. El encargado de lanzarlo, en ausencia ya de Cristiano Ronaldo, fue el capitán. El andaluz tomó la responsabilidad y engañó a Oblak. Error de Juanfran y gol de Sergio Ramos. La vida seguía igual, en ese momento, para Atlético y Real Madrid.

    Casemiro, que se había vaciado, se tuvo que retirar lesionado modificando así el plan de Lopetegui para el último cuarto de hora. Ceballos sustituyó al brasileño, aunque ocupó la mediapunta y dejó el doble pivote para la experiencia de Kroos y Modrić . El tanto de los blancos había dejado grogui al conjunto de Simeone que no intimidaba, pero Marcelo rescató a los colchoneros salvando un saque de banda que terminó en el empate de Diego Costa. Juanfran recoge el regalo y cede a Correa para que llegue a línea de fondo y de un pase atrás que remata el delantero hispano-brasileño.

    La última bala de Lopetegui fue Lucas Vázquez, intentando así dar velocidad a las bandas por un Isco que no tuvo su mejor noche aunque trabajó como el que más. Le costaba al Madrid recuperar la pelota sin Casemiro ya en el campo y el Atlético se sentía más cómodo con la posesión. Sin embargo, 'El Cholo' decidió meter más músculo con Thomas y quitar a uno de sus mejores hombres como fue Lemar en su debut. La última en tiempo reglamentario la tuvo Marcelo en una contra que terminó en un intento de chilena infructuoso del brasileño. El partido se iba a la prórroga y la gran batalla que los dos equipos madrileños en Estonia se tendría que decidir en el tiempo extra o en los lanzamientos desde el punto de penalti.

    La verbena de la defensa

    Mejoró el Real Madrid en los primeros compases de la prórroga, pero un nuevo error defensivo permitía al Atlético volverse a poner por delante. En el minuto 98, Varane se duerme en la frontal del área y Thomas le roba la cartera. El centrocampista pone un pase fuerte atrás que engancha de primeras Saúl para fusilar a Keylor Navas. Golazo de volea del internacional español y Lopetegui que tenía que agarrarse a la épica en su primer partido oficial.

    El golpe mortal del Atleti llegaría antes de la final de la primera parte del tiempo extra. Carvajal perdió la carrera con Diego Costa, reclamó falta el lateral, y este conecta con Vitolo. El canario se la pone a Koke para que dé un pase perfecto a la red. El 2-4 era ya definitivo. Más que por el cuarto de hora que tendría el Real Madrid para marcar dos goles, por la sensación de impotencia que transmitían los merengues sobre el campo.

    Parecía haber honrado la zaga blanca las Fiestas de la Paloma, verbena por excelencia madrileña, en el derbi europeo. Cuatro goles encajados tras sendos errores defensivos decidieron que la Supercopa de Europa volara de vuelta a España en el avión del Atlético. El equipo de Simeone presentó su candidatura a la próxima Champions y los de Lopetegui, que fueron de más a menos, dejaron un sabor agridulce. Sin la famosa flor de Zidane ni los goles de Cristiano, el Real Madrid hincó por primera vez la rodilla ante su eterno rival en una final continental.

    https://www.elespanol.com/elbernabeu/futbol/20180815/atletico-lleva-supercopa-europa-real-madrid/330467762_0.html

    Eurosport

    Cambia la dinastía (2-4)

    Carlos Villadiego

    El Atlético de Madrid suma su tercera Supercopa de Europa tras vencer (2-4) al Real Madrid, en un duelo lleno de intercambios en el marcador y que se resolvió en la prórroga. Dos goles (Saúl y Koke) en el tiempo extra resolvieron el encuentro a favor de los rojiblancos. Antes, Diego Costa con un doblete y Benzema y Sergio Ramos pusieron la igualada que mandó el partido a la prórroga.

    PERSONAJES

    Diego Costa

    Ni un minuto tardó en inaugurar su casillero goleador esta temporada. El hispano-brasileño comienza como un tiro, tal y como lo acabó. Fue todo un incordio en la zaga blanca que pocas veces pudo controlarlo. Marcó el gol que mandaba el partido a la prórroga. Jugador más determinante durante todo el partido.

    Karim Benzema

    En un año cuestionado por su falta de gol, unido a que el conjunto blanco busca un 9 que compita con él, Karim empieza la temporada con un gol y siendo importante. El galo fue de los mejores en el Madrid, además de poner el empate momentáneo.

    Gareth Bale

    Se echó el equipo a la espalda tras el gol del Atlético junto a Benzema. La marcha de Cristiano y su posterior decisión a quedarse le obliga a coger galones y dar un paso adelante. De momento el galés habla en el campo. Con el paso del tiempo se fue apagando como el equipo por el cansancio.

    NUDO

    El partido comenzó rompiendo todos los esquemas previos que pudiera tener, ya que la final tardó en desnivelarse 50 segundos. Un balón en largo, un control de cabeza y un disparo endiablado que se coló en la portería de Keylor Navas que le ganó la partida al recién llegado Courtois.

    El Real Madrid tenía la difícil tarea de hacer olvidar la marcha de Cristiano, y Costa tardó un minuto en ponerle las cosas más complicadas a un equipo de Lopetegui, que sacó un once sin fichajes y sin Modric, recién llegado de las vacaciones por el Mundial.

    Por su parte, en el Atlético debutaban en competición oficial Lemar y Rodri añadiendo dos buenos refuerzos al buen equipo creado por Simeone, que por segunda final consecutiva estaba en la grada, por una sanción del año anterior.

    Tras el gol, el conjunto blanco se hizo con el balón y los rojiblancos se mantuvieron agazapados, con las señas de identidad que les caracteriza, saliendo bien al contraataque y mostrándose fuertes en la presión y en defensa.

    Fruto de esa insistencia con el balón, una galopada de Bale con un buen centro, lo remató Benzema para poner la igualada. Ya llovía menos para los blancos que tras un inicio dubitativo conseguía igualar la final.

    Con el empate en el marcador se llegó al descanso, y tras el paso por los vestuarios el partido fue cayendo poco a poco debido a las fechas en la que estamos, con demasiadas imprecisiones en los dos equipos.

    Todo igualado, partido controlado por ambos contendientes y parecía que se iba a resolver como suele ocurrir en estos partidos. Una jugada aislada, un penalti de Juanfran por manos le daba ventaja al Madrid en el marcador tras transformar Sergio Ramos el discutido penalti.
    Atlético Madrid Supercoupe

    Se tornaba negro para los del Cholo, pero a este equipo no le puedes dar por muerto. Un error de Marcelo que no acierta a mandar el balón a saque de banda lo aprovecha Juanfran para combinar con Correa y ponérsela a Diego Costa que en boca de gol puso la igualada de nuevo.

    El partido terminó con los dos equipos fundidos y dando por buena la prórroga. En ella, un nuevo error en la zaga blanca dio la ventaja definitiva a los rojiblancos. Una presión alta de Diego Costa a Varane en su propia corona del área, abrió para Thomas que le puso un caramelito a Saúl que sorprendió con una volea por toda la escuadra.

    Y prácticamente sin tiempo de respuesta, una contra rápida de los colchoneros supuso un nuevo gol y sentenció el partido para darle la tercera Supercopa para los de Simeone. Un nuevo título para los rojiblancos, que comienzan la temporada de la mejor forma posible. Por su parte, el Real Madrid pierde su primera final europea tras vencer en las anteriores 13 finales.

    https://www.eurosport.es/futbol/supercopa-de-europa/2018-2019/supercopa-de-europa-real-madrid-atletico-cambia-la-dinastia-2-4_sto6889794/story.shtml

    El Independiente

    Ganó el Atlético, cambió el viento


    El simbolismo vale más que el trofeo y tendrá un efecto más duradero. El Atleti se ha quitado un peso de encima, porque no hay nada tan pesado como los complejos.

    Juanma Trueba

    Para tener la importancia que corresponde a su nombre, la Supercopa debería disputarse una semana después de la final de la Champions, como fin de fiesta y último gran combate de las competiciones europeas (eso sí: haría falta añadir días al calendario Gregoriano). Está bien demostrado que programada como inicio de la temporada siguiente la importancia de la Supercopa se difumina y se relativiza a gusto del consumidor. Quien la gana la incorpora orgullosamente a su palmarés, en especial si las últimas cosechas han sido escuálidas. Quien la pierde se la toma como la versión avanzada de un torneo de verano y quien no la juega la ignora por completo.

    El Atlético está en su pleno derecho de sentirse como el campeón de los campeones, porque con esa intención fue creado el trofeo en 1972, gracias a la ocurrencia del periodista holandés Anton Witkamp en los tiempos del fútbol total. Sin embargo, esa proclamación durará apenas esta noche, si acaso un par de días más. En cuanto comience la Liga el torneo se archivará con los partidos de pretemporada y ya no quedará rastro de él cuando toque hacer balance del curso que ahora empieza. Y es una lástima.

    Por fortuna, lo de menos en este caso era la copa, cinco kilos de plata que amarilleará como todas. Lo que se dirimía es la propiedad de Europa, tierras altas. Para el Real Madrid es un coto privado de caza y se pasea por él con la escopeta al hombro, tan atento a las liebres como a los intrusos. Para el Atlético, su último desafío como club no es conquistar Europa como concepto global (ya tiene parcela), sino concretamente la Europa que pisa el Real Madrid. Y ha empezado a conseguirlo. Hasta el momento, el Atleti no había superado ningún cruce con el Madrid en competiciones europeas, incluidas dos finales de Champions. De hecho, desde 2013, el Real Madrid era el único equipo capaz de ganar a los rojiblancos en Europa. Terminó la racha. O la maldición.

    El simbolismo vale más que el trofeo y tendrá un efecto más duradero. El Atleti se ha quitado un peso de encima, porque no hay nada tan pesado como los complejos. De haber perdido otra vez, le hubiera sido muy difícil mantener la fe. El sufrimiento que entrañó la conquista, construida en la prórroga, fortalecerá los ánimos de un equipo al que no le faltaba nada y solo le sobraba un fantasma. También agranda la inconmensurable figura de Simeone. En los últimos minutos de un partido igualadísimo y agotador, el Cholo dio entrada a Thomas y lo colocó en la mediapunta. Carecía de sentido, eso pensamos, hasta que el ghanés robó la pelota a Varane en la frontal del área y asistió a Saúl, que marcó con una volea lujuriosa. Cinco minutos más tarde, y con el Madrid aturdido, sentenció Koke.

    Hará falta tiempo para saber si en ese instante asistimos a un giro del partido o de la historia. Quién lo sabe. Han cambiado muchas cosas (Cristiano, Zidane) y también podría haber cambiado el viento de la fortuna. Era Napoleón quien reclamaba generales con suerte y es posible que tal condición se haya despreciado cuando se planificó una renovación deportiva que se llevó por delante al entrenador. El Real Madrid no perdía una final internacional desde que cayó contra Boca en la final de la Intercontinental de 2001.

    No es buen consejo hacer leña del árbol caído, porque ninguno hay en el suelo; tampoco se aconseja lanzar las campanas al vuelo. La Supercopa no es un trofeo contra el que se pueda estrellar un proyecto, ni que pueda dispararlo, pero permanece la sensación de que al Atlético, últimamente, todo le sale bien, no tanto a su eterno rival. Ha fichado bien, ha retenido a sus estrellas y ha ganado, por fin, al Madrid en Europa.

    Referidos al juego, poco nuevo que destacar. Fue uno de tantos duelos entre los mismos protagonistas, una pelea casi medieval, plagada de alternativas; marcó al minuto Diego Costa y respondió Benzema a los 26. Luego Ramos adelantó a su equipo de penalti y después igualó Diego Costa, inmenso como suele, incisivo y desquiciante. El partido cambiaba de manos sin que nadie fuera capaz de agarrarlo. En otro momento, en todos los momentos anteriores, hubiera ganado el Madrid, pero en esta ocasión venció el Atlético. No creo que el destino, a estas alturas, permita que sea una anécdota.

    https://alacontra.elindependiente.com/gano-atletico-cambio-viento/

    Cuando despertó, Diego Costa todavía estaba allí

    El delantero llevó el peso ofensivo del equipo: marcó los dos primeros goles y participó en el tercero, ya en la prórroga.

    Sandra del Estal 

    La mayoría de veces lo que te da la felicidad está ahí, a tu lado. Siempre ha estado cerca. No le haces el caso que se merece porque es casi parte del mobiliario, parte de la cotidianidad en la que pronto nos acomodamos. Las novedades son más interesantes porque tienen el aroma de lo fresco y a algo que dabas por perdido y se queda tienes que darle un cariño especial, no vaya a ser que le empiecen a entrar las dudas. Pero al final, un día, cuando no pensabas en ello, aparece y en un minuto recuerdas porque es tan importante en tu vida.

    Eso recordó Diego Costa a la afición del Atleti. En el primer minuto del partido, para que las cosas queden claras desde el principio. Controló con la testa el pase largo de Godín en dos tiempos y remató al hueco que le había dejado Keylor. Gol. Para que sus críticos luego digan que lo malo que tiene este jugador es la cabeza. Ración doble.

    Después Costa comenzó el partido que más le gusta. El de los piques con Ramos. Según el árbitro, la cabeza del delantero dio contra el codo del defensa  y después Costa, en carrera, golpeó con el pie a la cabeza a Ramos, que acabó con la oreja colorada. Tras los lances, choque de manos y tan amigos. O no, porque el punta peleaba cada pelota como si fuera la última que iba a ver en su vida y fue lo que es siempre, el jugador más incómodo al que se enfrenta el Real Madrid.

    Marcó el segundo gol del Atleti, el del empate, y participó en el tercero, ya en la prórroga. Suyo fue el empuje ofensivo frente a un Griezmann que llegó al partido con poco rodaje y sin tener aún el tono físico. Suya fue la emoción, ésa que decía Simeone que iba a decidir el partido. Suyas fueron las ganas de romper con el maldito maleficio que arrastraba el Atlético en sus derbis europeos y que duraba ya más tiempo del soportable. Nadie se había acordado de él, pero apareció. Él todavía estaba allí.

    https://alacontra.elindependiente.com/costa-atletico-madrid/

    Marca

    El Atlético encuentra el karma
    Los de Simeone ganan la Supercopa a un Madrid que malvivió sin Cristiano

    Jesús Sánchez

    El Atlético se fue hasta Tallin para dejar atrás su última frontera. Superar al Real Madrid en Europa, lo que nunca había ocurrido, lo era. El equipo de Simeone, efectivo, hambriento, ilusionado en lo que parece el inicio de una época incluso más ambiciosa, conquistó la Supercopa, la tercera de su historia, para confirmar su extraordinario crecimiento, su espíritu inconformista, su vocación por dominar. Nadie había ganado una final internacional a los blancos en los últimos 18 años. El imposible lo hizo el Atlético, crecido en lo emocional pese a los golpes del pasado, tras un partido parejo, disputado, veraniego, resuelto en la prórroga ante un rival que jugó bien, pero que regaló demasiado. El Madrid empezó a malvivir sin Cristiano. Sólo fue un partido oficial sin el delantero portugués, un partido estival, pero perdió. Adiós al primer título de la temporada en el estreno de Lopetegui, que tampoco pudo emular a Zidane. Una nueva era. Para el Madrid y, por supuesto, para el supercampeón, el Atlético.

    A los 50 segundos, Diego Costa se cocinó un gol como el delantero con estrellas Michelín que es. Chef de la pelea por los balones imposibles, al delantero hispano-brasileño le dieron un melón y le puso jamón ibérico. Controló con la cabeza, se hizo un autopase, Sergio Ramos no midió bien y Varane pecó de tibio. Delante de Keylor pero muy escorado, Diego descerrajó un derechazo que sorprendió al portero tico por el mismo sitio por el que los porteros de balonmano no atajan el lanzamiento desde los siete metros. Era el mejor arranque posible para el Atlético, el equipo maestro en la sufrida (y efectiva) disciplina del unocerismo.

    El Atletico, consciente de que había que acumular grano en los primeros minutos ante la previsible falta de fuerzas, presionó bien, como el relojito que puso en hora Simeone hace ya unos años. A la lucha se ha incorporado Lemar, que lo ha entendido a la primera, bien enseñado por su amigo Griezmann. O te dejas la vida o no juegas. Y se entregaba a la causa atajando primero a Marcelo y después corriendo por la otra banda, con un gran sentido táctico y un espíritu admirable que terminó contagiando a la tropa rojiblanca, bien dirigida por Rodri, que parece llevar toda la vida con las rayas rojiblancas. Extraordinario fichaje. Busquets ya tiene sucesor.

    Un equipo que no fuera el Madrid se hubiera deshilachado tras recibir un gol en el primer minuto de la primera final que jugaba sin Cristiano y sin Zidane. Pero el equipo de Lopetegui dejó atrás la zona cero tras el bombazo de Costa, se fue entonando en torno a la pelota, aprovechando el retroceso del Atlético, que se iba quedando en su campo, para empezar a probar la dimensión de Oblak. Lo hizo Asensio de tacón cuando a Marcelo le había dado por intervenir con más asiduidad. Su influencia es brutal. Cuando Benzema empató (minuto 27) el partido ya tenía color blanco.

    Fue una galopada de Bale que dejó atrás a Lucas como si el lateral francés fuera una tortuga y la puso, con la pierna derecha, al segundo palo donde apareció el galo con oficio de ariete. Sin Cristiano, Bale y Benzema son mucho más. El remate fue fantástico y el gol un premio a la gran jugada del galés, cuyo repertorio es amplio. Gareth resultaba incontrolable para los jugadores del Atlético. Hasta el descanso, las alternativas se sucedieron. Llegó más el Madrid, y Asensio pudo marcar, pero el equipo de Simeone terminó bien, en la otra área, para abrochar una estupenda segunda parte. Muy divertida.

    La segunda parte fue otra cosa, algo peor. El Atlético la arrancó mejor, con mucho empuje. El Madrid competía bien. Presiona arriba el equipo de Lopetegui, muy solidario también a la hora de sufrir. Y lo hacen todos sus jugadores. Apenas intervenían los porteros, aunque el partido era ya de idas y venidas. Simeone decidió retirar a Griezmann, muy por debajo del encuentro, y Lopetegui dio entrada al Balón de Oro del Mundial, Modric, lo mejor de un banquillo blanco repleto de jóvenes y canteranos. Con el partido parejo, Juanfran hizo un penalti tras un forcejeo con Benzema. No hizo falta el VAR, que no había, para verlo con claridad.

    Faltaban 25 minutos. Lemar volvió a tirar del Atlético, que no se rendía. Una torpeza de Marcelo le dio el empate. El balón se iba fuera de banda, pero el afán por rescatarlo se convirtió en un regalo para Juanfran. Correa se libró de dos rivales en el área y Costa la empujó. 2-2, minuto 79. Poco pasó hasta el final salvo que Marcelo pudo marcar de media chilena en el minuto 93. Sí, en el 93. Prórroga.

    La noche iba ya de regalos. Sin demasiadas fuerzas, los detalles cobrarían importancia. Thomas lo fue. Ramos y Varane se pusieron a pasarse el balón en la frontal. El mediocentro rojiblanco se la birló al central para dársela a Saúl, que marcó de volea un gol extraordinario. El Madrid, que estaba siendo superior, se desplomó. Porque Costa, seis minutos después, se la robó a Carvajal para dársela a Koke, que anotó el cuarto. El Atlético había resistido hasta la victoria. Había alcanzado su karma.

    http://www.marca.com/futbol/supercopa-europa/2018/08/15/5b749e55e2704e57218b462c.html

    El Mundo

    El Atlético ajusta cuentas

    Jaime Rodríguez

    • Se lleva el título pasando por encima al Real Madrid en la prórroga
    • Diego Costa reventó a la zaga blanca

    El Atlético aprovechó la Supercopa de Europa para curar un poquito las heridas que la Champions le había dejado en el escudo tras perder dos finales ante su más odiado enemigo. En este peculiar destino, en un campo minúsculo, utilizó la prórroga para desmontar a su rival, agotado en la medianoche de Estonia. Saúl, con un golazo de bandera, y Koke hundieron al Madrid en un feo resultado, la peor forma de comenzar una temporada cuando se estrena entrenador y se ha marchado Cristiano. Tuvo más presencia el Madrid en los 90 minutos, con buen fútbol por momentos, pero sus fallos defensivos le machacaron. El Atlético aguantó el tipo y en el tiempo extra reventó el encuentro. [Narración y estadísticas].

    Más ambiente rojiblanco en la ciudad, en el estadio y en el césped también, con mucho más interés del Atlético en el arranque. Serían las ganas de revancha o la intensidad propia, pero sus primeros cinco minutos sofocaron al Madrid, desperezándose aún en el 0-1. Ni 50 segundos llevaba la Supercopa de Europa cuando Diego Costa ganó un balón por arriba a Sergio Ramos, dos pasitos por detrás en la disputa. Toque hacia atrás del ariete, carrera de bisonte hacia el área, suspiros de Varane, lento, y zapatazo a la red. Keylor Navas quedó regular, por entrar la pelota por el palo donde intentaba tapar. El estreno de la temporada continental se descorchaba a lo grande para euforia de la hinchada atlética, superior a la vecina, y del banquillo huérfano de Simeone, enjaulado en un palco. Su socio, el Mono Burgos, pegó un pequeño salto para festejar ese arañazo tempranero que suele ser gloria en una final.

    El golpe dejó grogui durante un rato a los blancos, con Lopetegui desgañitándose desde la banda y la defensa aún preguntando por dónde se había colado con esa facilidad Costa. El nuevo curso, la ausencia de Cristiano, las piernas pesadotas... Muchas cosas rondaron en ese momento la mente de los madridistas, en el césped y en el palco, además del incordio de verse por debajo del marcador ante la escuadra más impenetrable del continente. Su alivio fue que muy pronto el Atlético prefirió apoyar la espalda que empujar con el pecho a un rival aturdido. No es la primera vez que lo hace Simeone en una final.

    La cesión de terreno sirvió al Madrid para activarse, entre contundentes cortes de Casemiro. Sin Luka Modric y con Isco algo difuso, le tocó a Toni Kroos poner orden en el centro del campo, abriendo de izquierda a derecha con ese toque de balón seco que suena pala de playa. Una apertura la aprovechó Bale para tomar medidas a Lucas Hernández, tan tierno de entrenamientos como Griezmann, ausente. El galés mostró ya el buen zanco exhibido en la pretemporada. Por la otra banda, Marcelo complicaba el debut de Lemar, el gran fichaje rojiblanco. Poco después, Simeone (el Mono) le cambió a la izquierda para que Koke frenara al brasileño.

    Rodri se quitó la timidez

    El lateral zurdo había puesto la primera oportunidad a Asensio, astuto para rematar de tacón. Apareció Jan Oblak. Paradón abajo. A esas alturas, Ramos y Costa ya acumulaban dos choques aéreos y sendos dolores de cabeza, reclamada la amarilla para el blanco en la primera. No encontraba salida el Atlético, sin parecer importarle mucho, cómodo en el despeje de las llegadas blancas, cada vez más constantes.

    La fórmula le falló, a pesar de tenerla bien afinada en estos últimos años, y el Madrid empató antes de la media hora gracias a otra cabalgada bárbara de Bale por la derecha. Se la echó larga y Lucas quedó mirándole el dorsal. En línea de fondo, el británico dibujó un centro con la derecha espléndido, con efecto plátano al estilo Míchel, que Karim Benzema remató a la red en el segundo palo. Gol de delantero puro, de aire acristianado, que viene de cine al francés ahora que está obligado a elevar (mucho) su rendimiento anotador.

    Al momento, Asensio tuvo el segundo en una buena salida y remate ajustado. El Atlético sólo recompuso la figura cuando Rodri se quitó de encima la timidez. Una arrancada suya, con la frente arriba y valentía, hizo recuperar el ánimo al fondo de su afición.

    Hacía tiempo que no tenía el equipo rojiblanco un mediocentro con tan buen aspecto. Lleva el 14, pero nada tiene que ver con Gabi. Gracias al canterano los suyos espabilaron camino del descanso, aunque sin presencia ante Keylor. Esa leve reacción continuó en el comienzo de la segunda parte, sin que se tradujera tampoco en peligro para su rival, reforzado muy pronto con Modric. No le importó a Lopetegui que apenas llevara una semana de entrenamientos. Mejoró Isco con el croata, mientras el cansancio estival se empezaba a notar en ambos aspirantes.

    Más insistente el Madrid, tuvo premio gracias a una inocente acción de Juanfran, otra vez desafortunado en una final ante su ex equipo. Sacó la mano como Piqué en Moscú y Sergio Ramos, de penalti, cumplió con otra costumbre: marcar al Atlético en una final. Pero esta vez, el capítulo de esta serie interminable de derbis europeos (siete desde 2014) tuvo un giro diferente, porque los de Simeone supieron rehacerse cuando apretaba el reloj. Les ayudó Marcelo, al asistir a Juanfran cuando intentaba salvar una pelota de la banda. El lateral entró rápido en el área, la dejó al culebreo de Correa y Costa remachó en el área pequeña el 2-2. Acaba de marcharse Casemiro al banquillo cojeando.

    Agotados ambos equipos, en el frenesí final faltó temple para sentenciar. Marcelo, en la última jugada, pifió el remate ante Oblak. Entonces el árbitro mandó la final a la prórroga, otro territorio habitual en estos duelos. Tras Lisboa y Milán, el Atlético se llevó su alegría en Tallin. Enorme volea de Saúl y remate de Koke. No es lo mismo, pero a los rojiblancos les supo a gloria.

    http://www.elmundo.es/deportes/futbol/2018/08/15/5b749c57268e3ea66a8b45fe.html

    La noche de más furia de Diego Costa

    Carlos Guisasola

    Firma un doblete tras un intenso duelo con Ramos y es nombrado MVP

    Cuando menos se lo esperaba, en pleno baño con la grada rojiblanca, Diego Costa acabó calado hasta los pies. Koke le aguardaba con la botella de agua bien cargada y, en cuanto su víctima se hizo la foto con la brillante Supercopa, le empapó de arriba a abajo. Y el verano de Tallin nada tiene que ver con el de la capital. Y menos al borde de la 1:00 de la madrugada, cuando el minúsculo estadio Lilleküla se convirtió en una improvisada discoteca al ritmo del 'I gotta feeling' del grupo Black Eyed Peas. Costa también tuvo que cargar con el trofeo que le reconocía como el mejor jugador de la final. Sus 107 minutos de furia, de batalla permanente y siempre al límite, le sirvieron para decidir el derbi europeo. Y, de paso, quitarse un escozor que arrastraba desde hacía cuatro años. Desde aquella final de Champions de Lisboa en la que no pudo sostenerse en pie ni 10 minutos. Seguro que soñó muchas noches con algo así.

    Lo primero que hizo Costa en la final fue deshacerse de Ramos y Varane y sacar los colores a Keylor Navas con un derechazo en el primer minuto del partido. El gol más rápido en una final de la Supercopa. Lo siguiente, después de pegarse las veces que hicieron falta con Sergio Ramos (que fueron unas cuantas), fue marcar el gol del empate y soltar la adrenalina sobre el fondo donde vivían el duelo la hinchada rival. Y por allí, molestando y soltando el aliento en el cogote de los zagueros blancos, estaba también él. De su lucha emergió el tanto de Saúl que acabó por definir la que es ya su segunda Supercopa de Europa. Y de su batalla con Carvajal, el cuarto de Koke. Estuvo en todas, vaya. Ya estaba en el banquillo en 2010, en Mónaco, pero no tuvo oportunidad de disputar un minuto. Era sólo un chaval que empezaba a despuntar.

    Su duelo con Ramos fue uno de esos de los viejos tiempos, cuando aún no habían tenido tiempo de compartir vestuario con los colores de España. Por alto, por bajo y por donde les emparejase el destino. Y si no, ya se encargaban ellos de encontrarse en cualquier rincón del minúsculo estadio Lilleküla de la capital de Estonia. Hubo chispas de todos los colores entre los dos compañeros de la selección. Así, durante esos 107 minutos que aguantó casi al límite, cuando no pudo más. Y eso que apenas llevaban sin verse un mes y medio, desde que Rusia eliminó a España del Mundial en los penaltis.

    "Sergio y yo peleamos por lo nuestro"

    «Sergio me ayudó bastante en la selección pero nosotros siempre dentro del campo tenemos nuestros roces. Si está su madre o mi madre, cada uno peleamos por lo nuestro. Pase lo que pase dentro del campo, se queda ahí», explicó con su trofeo de MVP en la sala de prensa de Tallin, mientras se seguía pegando, aunque esta vez con los problemas acústicos del micrófono.

    Esta gran noche de Costa justifica los más de 60 millones que el Atlético ha tenido que pagar este verano al Chelsea por sus servicios, ya que jugó la mitad del curso pasado cedido. Él, como si fuera un niño, no paró de saltar un instante. Y, por supuesto, le permite curarse esa herida que arrastraba desde Lisboa. «Realmente no jugué ese partido, fueron sólo nuevo minutos... Tenía ganas de jugarlo completo y así fue. Nos tocaba ganar una final al Real Madrid y ojalá nos podamos encontrar más veces».

    Sus goles y su fuerza la celebró como un hincha más su entrenador, que tuvo que vivir el partido desde la grada por la sanción que arrastra. «Los goles y el partido de Diego fueron tremendos», lo alabó Simeone que, pese a sus 120 minutos dando berridos a los suyos desde la grada, compareció con la voz bien entera y parte del orgullo recuperado tras los zarpazos de Lisboa y Milán. Tallin es un punto de partida.

    http://www.elmundo.es/deportes/futbol/2018/08/16/5b74bf02ca474104348b4627.html

    El Atleti se quita el disfraz de humilde
     
    Iñako Díaz-Guerra

    Escondida entre su clásica (y siempre calculada) prudencia extrema, la rueda de prensa de Simeone previa a la Supercopa incluyó un mensaje nuevo, más ambicioso: «Las expectativas son altas y se nos va a exigir desde el nivel de la plantilla que hemos formado. Necesitamos mejorar lo que hicimos la temporada pasada».

    Y lo que hicieron la temporada pasada fue quedar segundos en la Liga y ganar la Europa League, así que ya no cuela aquello de «nuestros rivales son el Valencia y el Sevilla». No lo son y la gente no es tonta, así que está bien abandonar un discurso que ya resultaba tan forzado como el último chiste viral de Joaquín (sí, el del Betis, que aburre ya hasta a Hulio). Y por lo que se vio en Tallin, el Cholo hablaba en serio. El Atleti fue mucho menos conservador que en otras ocasiones, no entregó el balón (el Madrid se lo quitó a ratos, como a cualquiera, que es muy distinto) y reaccionó con grandeza al 2-1: quiso como siempre y supo mejor que nunca.

    Evidentemente, y por más que desespere a los amantes del discurso único futbolístico, Simeone jamás va a poner a su Atleti a jugar como Guardiola al City. Ni falta que hace. No quiere mejores futbolistas para jugar a una cosa distinta sino para jugar mejor a lo mismo. Nadie le pide a un punk que se ponga a tocar como Mark Knopfler sólo porque le regalen una guitarra más cara: seguirá pegando guitarrazos, pero sonarán mejor.

    Igual que este Atleti en el que Rodrigo y Lemar suponen un salto de calidad tremendo en la tormentosa relación rojiblanca con la pelota. Se sabía que poseían el talento, pero eso no basta en este equipo. Carrasco, Gaitán, Vietto, Jackson... Es larga la lista de fichajes que no tuvieron la personalidad necesaria para sobrevivir a la exigencia felizmente enfermiza de Simeone. En su primer partido oficial, ante el ogro terrible, los dos chavales fueron los que más la pidieron. Ni un titubeo. Ni un temblor. Para cualquier atlético, verles es soñar.

    Como para cualquier rival, ver a Diego Costa es temblar. Su llegada el pasado enero transformó al Atleti... pese a que él en ningún momento estuvo del todo bien, castigado por constantes problemas físicos. En Tallin, con su íntimo amigo Sergio Ramos como víctima (¿cuánto pagarían por ver un reality protagonizado por estos dos?, ¿en qué piensan las teles?), demostró que su caos derriba enemigos, gana partidos, es imparable. Forma junto al aún posvacacional Griezmann, una de las tres mejores delanteras del mundo. Lo normal, por otra parte, en un candidato claro a todo. Porque eso es el Atleti y ya ni Simeone lo esconde. Tras demasiado tiempo disimulando, Clark Kent se ha quitado las gafas.

    http://www.elmundo.es/deportes/futbol/2018/08/15/5b749e65468aeb40388b45bf.html


    ¡Viva Simeone!

    Julián Ruiz

    Aleluya. Por primera vez, Diego Simeone le ha ganado una final europea al Real Madrid. Un paso hacia el cielo. Y la evidencia de que Florentino Pérez, desde que le abandonó Zidane, ha entrado en una depresión traumática que le ha paralizado su sistema nervioso. Desde la "espantá" de Zidane es como una persona sin respuestas, sin ideas.

    Primero dejó irse a Ronaldo, destabilizó a la selección española en todo un mundial, con un entrenador muy provinciano y casi pierde a Modric. Todo ello sin reaccionar, como si sufriera una parálisis cerebral.

    El Atlético, que jugó un partido ejemplar tácticamente, sin demostrar que es mejor equipo, le hizo un guiñapo a un real Madrid, obviamente con mejores jugadores, pero sin sacar rendimiento a su superioridad técnica. ¿Por qué? Porque Keylor Navas es un deficiente portero, que se tragó los dos primeros goles, con la ayuda de Ramos y Varane. Navas ha sentenciado su titularidad. En realidad, nunca me gustó.

    No me desagradó la disposición táctica de Lopetegui en casi todo el partido, menos cuando Ramos y Varane regalaron el soberbio tanto de Sául. El Madrid no puede engañarse. Con Lopetegui, el club ha descendido al "provincianismo". El inquietante técnico ha logrado su trayectoria a base de jugadores de la "cantera". Como deje el Madrid la "gloria" a base de la filosofía de Lopetegui, a base de sus Sub-21, con Isco, Ceballos, Asensio y compañía, el Real Madrid estará condenado a la vulgaridad. Las risas de Cristiano se oyen desde Turín. Lopetegui ha sido sólo un cabreo de Florentino con Zidane y Ronaldo.

    El Atlético fue feliz con el gol relámpago de Diego Costa. Se echó demasiado atrás con el primer tanto. Tuvo la acelaración del 'souflee' en el segundo tiempo y cuando parecía muy inferior a la potencia blanca, emergió el Atlético de Simeone. Con el tayo en el gol cae Disgo Costa, y con la magnífica perversión los golazos de Saúl y Koke. El Atlético perdía el absurdo complejo del diván blanco freudiano, que incluso sacudía a Simeone. El Atlético ya está dispuesto a besar el cielo en lo que parece una nueva era.

    ¿Que va a pasar en el Madrid? Incierto futuro si Florentino no reacciona. Hasta el "provinciano" Lopetegui le ha pedido un central, que no sea como Ramos y, por encima del dios Ronaldo, alguien que sea capaz de estar en el infierno del área para que pueda rematar cualquier cosa, incluso un miserable rechace. Es mentira que no haya delanteros centros, por mucho que al presidente de la Casa Blanca le guste Benzema. Al menos, hay cinco y todos los madridistas los tiene en la como castigos en la mente.

    Hay una nueva época del Real Madrid. Hasta el peor analista se lo podía imaginar, que tras cuatro títulos de Champions, habría una época de decadencia. ¿Cuanto durará? Dependerá del dinero, de la imaginación de la Casa Blanca. Parece que nace una nueva era del Atlético de Madrid. ¿La majestuosa gloria del Metropolitano? De momento, los atléticos pueden gritar. ¡Viva Simeone!

    http://www.elmundo.es/deportes/futbol/2018/08/16/5b74a38e46163fc3978b4638.html

  • El Atleti tricampeón de la Supercopa de Europa. Revista de prensa

    ABC

    Venganza del Atlético en la prórroga

    @hughes_hu

    El Atlético le devuelve (en pequeño) al Madrid el disgusto de las prórrogas europeas. Gana por fin y sobre todo ilusiona porque gustan sus refuerzos y le aparece una forma distinta de jugar. Y todo eso sin Griezmann, que estuvo pero como si no hubiera estado. El Madrid pierde su primera final internacional desde el 2000 y deja apuntes de buen juego coral de toque y una recapacitación de Benzema, pero la sensación de que le faltan cosas: exuberancia, gol, el hambre milenaria de Cristiano. Su histórica plantilla se ha visto erosionada cada año. El coste de la vida sube para todos y lo que tiene el Madrid es menos de lo que tenía.

    El partido comenzó con el gol más rápido en una final europea. 50 segundos tardó Costa en hacerlo todo ante un Ramos contemplativo.

    El Atlético empezó mandando. Cinco minutos de toque, "voluntad-de-pelota" y presión arriba.

    El Madrid respondió buscando a Bale y, alrededor del minuto 10, con el comienzo de un juego elaborado y dinámico que recordaba a los momentos mejores de Ancelotti y su centrocampismo. También presionaba. Los dos equipos se acercaban un poco el uno al otro: el Atlético con vislumbres de buen toque y el Madrid con arrebatos de presión organizada. El 4-3-3 se convertía en un 4-2-3-1 que retrasaba a Kroos como comienzo del juego con unos primeros pases fabulosos.

    Ante la ausencia de Cristiano, los jugadores parecían asumir solidariamente una mayor responsabilidad. Lo que hacían antes y un poco más. Benzema y Marcelo organizaron, en una especie de sostenido dúo, el principal canal de juego durante la primera parte. Asensio apareció también en el 17 con un taconazo que paró Oblak.

    Del 10 al 20, el Atlético sobre todo defendió, con un Lemar correoso, inteligente, instintivamente cholista por las dos bandas.

    El fútbol colectivo del Madrid trajo el empate de Benzema tras una gran jugada de Bale. Dio el gol con su derecha y poco después pudo dar otro con la izquierda en una contra en la que Asensio dudó en el área por ser demasiado zurdo, un tipo de jugada en la que se le debe empezar a exigir mediante la fácil (aunque odiosa) comparación con Raúl. Debe centrarse como 7. Ser 7 posicionalmente y ser 7 como goleador. Sin Cristiano, tiene que haber exigencias concretas.

    Isco, perdido en zonas muy interiores, comenzó a aparecer (bien de espaldas) y sobre todo lo hizo Casemiro, con cortes e intimidación táctica.

    El Atético, sin embargo, respondió a los mejores minutos del Madrid (posesión del 70% en ese instante, aproximadamente). Subió el juego, recuperó el balón, volvió al campo ajeno y Lemar tuvo algunas buenas conducciones sin acierto en el pase. Su primer regate siempre sale airoso. Dieo Costa aparecía mucho y resultaban constantes y casi familiares, incluso entrañables, sus clásicos encontronazos con Ramos. Griezmann era un problema porque no estaba, y se vio en Rodrigo una autoridad grande y sin aspavientos que situaba a Saúl y a Koke como lugartenientes naturales.

    Había sido una gran primera mitad. Hasta ese momento, el derby de fútbol quizás mejor jugado, menos trabado de los últimos años.

    Tras el descanso, el Atlético alargó las jugadas. Es un equipo ya anfibio: lo de siempre pero con una mayor calidad para jugar de otra forma. El Madrid tardaba en robar.

    Lopetegui cambió a Asensio por Modric y en el Atlético entró Correa por un Griezmann lejos de su forma. Antes de que se animara a combinar un Madrid repleto de medios (hubo un pase de primera clase de Isco a Bale), llegó el penalti, unas manos no del todo conscientes de Juanfran. Ramos no lo falló y redimió su pasmo del primer minuto.

    El Atlético notó el golpe, se fue del partido unos minutos y en el Madrid brilló su media, que es su ventaja competitiva.

    Bale pudo correr y Varane remató con peligro en un córner. En el Madrid pesaba el centrocampismo pero faltaba algo: era una app instalada, pero no ejecutada, una ballesta sin flecha, y no por Benzema, que fue el mejor con movimientos para todos. El Atlético pasaba siempre por Lemar y el Madrid se recostaba demasiado en su área, la chaise longue de Casemiro, que acabó con problemas físicos. Quizás forzó muy pronto un partido así, pero entre él y Llorente no hay color. Esos saltos de nivel son uno de los problemas del Madrid.

    El Atlético siguió a lo suyo, con el liderazgo inmediato de Lemar por las bandas y también por el centro, y el Madrid se convirtió en algo blando, muy relajado o cansado. En una larga jugada con error de Marcelo, Diego Costa, el mejor del partido y sin duda el más determinante, marcó el 2-2.

    La segunda parte del Madrid tuvo momentos decepcionantes. Demasiados jugadores por detrás de la pelota, Marcelo y Benzema menos brillantes, y el equipo echado atrás. Salió Lucas para darle punta al lápiz cuando el cansancio ya era general y todo se encaminaba a la prórroga. El efecto de Lucas (sin Morata, sin James...) ya no es el que era porque algo que no es solo Cristiano ha cambiado.

    Tras los 90, dominó de inicio más el Madrid pero marcó el Atlético: error de Varane que remató Saúl con un golazo a su estilo. Un Costa despótico le fabricó después el cuarto a Koke. Éxtasis rojiblanco en Tallin y un Madrid yéndose a menos como hacía muchos años.

    https://www.abc.es/deportes/futbol/abci-real-madrid-atletico-supercopa-europa-201808152048_directo.html

    Los detalles que tiñeron la final de rojiblanco
    El partido, igualado hasta la prórroga, cayó del lado atlético y dejó a los blancos sumidos en las dudas

    @abc_deportes

    El primer partido oficial de la temporada en las competiciones europeas deja a sus protagonistas con dos estados de ánimo diametralmente opuestos pese a que el choque, al menos hasta el inicio de la prórroga, fue bastante igualado. Para el Atlético de Madrid la victoria fue la confirmación de que el equipo no deja de crecer y optará a todos los títulos que dispute esta temporada. Para sus vecinos del Real Madrid la derrota ha hecho rebrotar las dudas sobre la pérdida de calidad de su plantilla y su reacción a la importante marcha de Cristiano Ronaldo.

    A estas sensaciones enfrentadas se ha llegado después de un partido que, hasta el minuto 90, fue bastante igualado y tuvo alternancias en el marcador, y que se decidió por varias cuestiones claves.

    La principal fue sin duda el derrumbe de la defensa madridista, que hizo aguas en la recta final del partido debido a varios errores individuales. Primero fue Marcelo el que, en un error icomprensible, acabó facilitando un gol del Atlético (el 2-2) en su intento de evitar un saque de banda intrascendente. Y al fallo del lateral brasileño se sumó la floja actuación del francés Raphael Varane, más evidente cuando los blancos se volcaron en ataque en los últimos minutos. Al campeón del mundo se le notó la falta de ritmo competitivo en su pugna con los atacantes rojiblancos y particularmente en los repliegues.

    En ese sentido Julen Lopetegui pecó de no dar galones para el partido a los futbolistas más rodados durante la pretemporada en beneficio de otros con más nombre. Así, el técnico vasco introdujo en el once al galo con un escaso bagaje en cuanto a preparación se refiere, dejando en el banquillo a Nacho, notable en los partidos veraniegos del equipo.

    Un error que no cometió Diego Pablo Simeone, al que no se le cayeron los anillos cuando decidió retirar del terreno de juego a Antoine Griezmann en el minuto 57 para dar entrada a Correa. Tras el partido, el delantero galo, uno de los últimos en incorporarse al trabajo de pretemporada tras haberse proclamado con su selección campeón del mundo, reconoció que se había sentido «un poco ahogado» desde el punto de vista físico.

    A la citada mala actuación de la defensa blanca en los últimos minutos contribuyó la salida del terreno de juego de Casemiro. Sólo dos minutos después de que se retirara del terreno de juego dolorido -el brasileño es otro de los que menos partidos había jugado en pretemporada- Costa logró el empate que envió la final a la prórroga. Incluso sin estar al cien por cien el mediocentro es un ancla para el equipo blanco, cubriendo los espacios que los defensores dejan cuando se incorporan al ataque.

    Tampoco fue el de otras grandes citas el guardameta Keylor Navas, que concedió un gol por su palo en el primer minuto de partido y no estuvo afortunado en el 2-2, si bien nada pudo hacer en los dos últimos goles rojiblancos. Al meta eternamente cuestionado pese a sus buenas actuaciones y sus títulos pudo pasarle factura el fichaje del belga Thibaut Courtois, que podría arrebatarle el puesto en el once.

    Un Atlético brillante

    Pero no los deméritos blancos inclinaron la Supercopa europea del lado rojiblanco. El equipo de Simeone demostró que mantiene su gen competitivo temporada tras temporada y no deja de crecer con fichajes que enriquecen su plantilla cada año.

    Diego Costa fue el hombre del partido, y no solo por sus dos goles. El hispanobrasileño fue un constante dolor de cabeza para Sergio Ramos y Varane y un desahogo para sus compañeros.

    El Atlético de Madrid esperó a su rival durante muchas fases del partido, dejándole que llevara el peso del juego, pero demostró una verticalidad y una pegada asombrosas cada vez que tuvo ocasión. El Madrid regaló en defensa, pero el Atleti hizo buenos esos fallos no dejando pasar ni uno. Únicamente Thomas desperdició una clara ocasión de gol con un desafortunado tropezón.

    No logró la misma efectividad el Real Madrid, que tuvo incluso una oportunidad de sentenciar el choque en la última acción con una clara acción que terminó en un remate de Marcelo que el brasileño no supo conectar de manera precisa.

    Volviendo al fallo de Thomas, el centrocampista fue sin duda uno de los acertados movimientos tácticos de Simeone durante el partido. El técnico argentino, que siguió el choque desde un palco por estar sancionado, movió sus piezas para secar a Bale cuando el galés amenazaba con comerse a la defensa rojiblanca, no temió prescindir de su estrella, Griezmann, para reforzar al conjunto, y sorprendió con Thomas en la media punta para dificultar la salida de balón blanca y robar balones como el que propició el 2-3.

    https://www.abc.es/deportes/futbol/abci-supercopa-europa-detalles-tineron-final-rojiblanco-201808161118_noticia.html

    AS

    Un título más, un trauma menos

    El Atlético se vino arriba en la prórroga y le ganó la Supercopa al Madrid. Doblete de Diego Costa y volea para la historia de Saúl. El Madrid empezó y acabó mal.

    Luis Nieto

    Todos los derbis europeos entre Madrid y Atlético son dramas largos, agónicos, extenuantes, estirados hasta la prórroga o más allá, un test de estrés para los futbolistas. Y todos los había ganado el Madrid menos el de Tallin, que fue y vino, pero lo decidieron Saúl con una volea para el recuerdo y un pase a la red de Koke. De Estonia vuelve rey de reyes y supera un trauma histórico, la última frontera de Simeone. Y mete al Madrid en un periodo de reflexión sobre su cicatería en el mercado.

    Si coral pretende ser el Madrid para disimular su orfandad de Cristiano, coral fue el error que le hizo entrar en el partido dando vueltas de campana: un envío largo de Godín se lo ganó por arriba Diego Costa a un Sergio Ramos relajado, Varane ni fue ni esperó y Keylor se tragó por su palo el derechazo violento del hispanobrasileño. Sucedió a los 49 segundos. Un comienzo perfecto para el Atlético, al que le cunden los goles más que a nadie.

    Pero fue un gol que no le aclaró este partido, porque el primer buen plan del Atlético, con Saúl sobre Kroos para hacer jugar a ciegas al Madrid, se agotó pronto. Marcelo, como tantas veces, fue metiendo al Madrid en el partido. Así comenzó a poner en marcha el posesiómetro y Lopetegui le añadió la imprevisibilidad del permanente cambio posicional de su cuarteto de violines. Isco, Bale, Benzema y Asensio fueron agitando el avispero, cansando a un Atlético que no tiene poética ni la persigue. El tanto inicial le condujo a un cautiverio consentido que condenó a Griezmann y Diego Costa. Sólo Lemar, que ofrece una buena dinámica de juego, no se sometió. Y Bale acabó por fungir de galáctico. Ahora sí, cinco años después, está para romper en gran figura. A su luz fueron creciéndose el Madrid, Asensio y Benzema. Oblak estuvo milagroso en un taconazo orientadísimo del balear y remiso después en un sensacional envío, tras sprint, de Bale que el francés cabeceó cruzado a la red. Sin Cristiano, Benzema se ha quedado sin socio y sin coartada. Y parece asimilarlo. Esta pretemporada ha decidido no perdonarse el gol, pese a que, un curso más, el club no le traerá quien le apriete.

    El Atlético desapareció sin dejar rastro durante media hora y pagó por ello. Probablemente menos de lo que merecía, porque un derechazo de Asensio rozó el palo. Poco antes del descanso pareció menos acurrucado, con dos buenas salidas de Rodrigo, un centrocampista total sobre el que girará el equipo durante tiempo, y algunas correrías de Lemar, aunque se quedara en la corteza. De Griezmann no hubo señales. Anda sin piernas y se le nota. Y a Diego Costa le faltó un puntito de precisión en las contras, cuando el Madrid sobredimensionó esa superioridad en los minutos centrales de la primera mitad.

    Del descanso regresaron dos equipos peores, más precavidos, más imprecisos. Aquello empezó a dejar de tener dueño y alboroto. Una fase de juego de espaldas a las áreas, a conveniencia del Atlético. Simeone quitó a su estrella, Griezmann, que resultó insignificante, y Lopetegui metió a la suya, Modric, que tampoco tenía combustible.

    El penalti y la remontada atlética

    Antes de que diera tiempo a nada, el Madrid se encontró un gol gratis por mano absurda de Juanfran. El lateral braceó con Benzema en un saque de esquina y cuando ambos se separaron metió el antebrazo en las barbas del árbitro para interceptar el centro. Ramos asumió lo que en tiempos fue función exclusiva de Cristiano y puso por delante al Madrid cuando más lejos andaba de mandar.

    El Atlético se vio cuesta arriba en una noche que empezó cuesta abajo y le regaló espacios a Bale, pero también se abrió nuevas perspectivas con Vitolo, para convertir en simétrico su ataque. Y como el Madrid también se equivoca, volvió a alcanzar el empate. Por evitar un saque de banda le regaló Marcelo un balón a Juanfran, que mejoró la velocidad de Correa y lo mandó a la red Diego Costa. Se lo había trabajado el Atlético, que pareció mejor en el sprint aunque no pudo llegar a evitar la prórroga, un martirio en la pretemporada. Pudo sortearla Marcelo en el último suspiro con una volea fallida. La de Saúl, en el tiempo extra, en cambio, fue una obra de arte. Thomas se la puso en suerte tras quitarle la pelota a un Varane dormido. Koke, después, cerró la fiesta. El Atlético tiene un título y un proyecto. Lopetegui, varias peticiones urgentes.

    https://as.com/futbol/2018/08/15/internacional/1534354432_953333.html

    Un Atleti cargado de buenas noticias

    Alfredo Relaño

    El capitán del Atlético, Godín, levantó al cielo de Tallin una copa que entierra una vieja maldición: hasta ahora, siempre que se habían cruzado en Europa el Madrid y el Atlético habían salido ganadores los blancos. Así había venido siendo desde aquel lejano desempate en Zaragoza, en 1959, hasta el quinto penalti de la final de Milán. Eso acabó ayer en este derbi jugado el día de la Virgen de la Paloma en tierra lejana y bonita, Tallin. Es un paso más en la escala de éxitos de este Atlético al que Simeone lleva con buena mano. Pero no es sólo él. El Atlético está viviendo en todo un tiempo esplendoroso, y este título lo ratifica.

    Ganó el Atlético y además gustó. Presentó novedades, lució a Rodrigo y Lemar, que llevan botas de charol, tuvo en Diego Costa un héroe desde el segundo 49, cuando les robó la cartera a Sergio Ramos y Varane, hasta que se retiró en la prórroga, con dos goles e intervención decisiva en el cuarto. Fue un gran Atlético, con la única excepción, puede decirse, de Griezmann, que acusó la corta preparación, algo natural. Pero el resto estuvo bien, y también el Cholo, con los cambios, que le sirvieron para manejar el ritmo del partido en la mayoría de las fases. Tiene un largo banquillo y lo supo utilizar muy bien. Ofrece un aspecto formidable.

    Enfrente, el Madrid era el mismo de Zidane, uno a uno, menos Cristiano. Se ha dicho mucho que sin Cristiano el equipo pierde goles y es verdad, pero también pierde rebeldía. Cristiano era el gran ambicioso del Madrid, el que arrastraba al resto. Ese papel lo hizo ayer Diego Costa en el Atlético, y nadie en el Madrid. Benzema y Bale son intermitentes y conformistas. Sergio Ramos anda corto de entrenamiento y le consumió su pelea con el de Lagarto. Este ha sido el primer partido ‘serio’ del Madrid sin Cristiano y lo que habrá que ver es el efecto que produce la derrota en la afición, que quedó dolida y sin ninguna tabla a la que agarrarse.

    https://as.com/opinion/2018/08/16/portada/1534370943_859453.html

    El Confidencial

    Diego Costa, cholismo en esencia para comerse la Supercopa de Europa

    Diego Costa marcó el primero, el segundo, peleó el tercero y dio el cuarto. Su manera de entender el fútbol es el relato exacto que Simeone tiene pensado para un delantero de su batallador equipo

    Gonzalo Cabeza

    En la ficcionada decisión de Antoine Griezmann, ese 'docu-reality' que trataba de explicar por qué un jugador como él se quedaba en el Atlético de Madrid, el delantero francés enfatizaba la necesidad de que el equipo fuese ambicioso. Era el argumento central de la pieza, contar que para que la estrella se mantuviese vestida de rojiblanco, se requería de refuerzos de nivel para que sus ambiciones colectivas fuesen parejas a las personales, que es de esperar que sean altas en una estrella de su nivel.

    Se hablaba mucho de fichajes, y los fichajes llegaron, aunque lo más importante del proyecto lo contaba estos días Simeone: mantener las piezas clave. Porque Griezmann hablaba de hacer crecer un proyecto que ya es de por sí grande. Y que, además, ha cambiado la tradición reciente del Atlético de Madrid, antes un club vendedor, incapaz de entrar dos años seguidos en Champions, ahora un grande de Europa. Dice el Cholo que ahora el entrenador no quiere marcharse, que la estrella, por más zalamero que fuese, también ha pensado que mejor de rojiblanco y que Diego Costa, en su exilio, solo quería volver.

    Diego Costa, qué jugador. La pasada temporada el Atlético se la pegó en la fase de grupos de la Champions, incapaz de sobreponerse al Qarabag, un equipo minúsculo que se les subió a las barbas. Es difícil pensar que eso mismo hubiese sido posible con Costa en el campo, y esto es una cuestión de fe. El hispanobrasileño estaba entrenándose con el equipo, pero la sanción de la FIFA al club por contratar menores le mantenía fuera del campo. Y lo notó el equipo, claro que lo notó.

    Porque hubo otros antes y después, algunos de ellos muy buenos como Agüero o Falcao, pero ninguno comprendía las necesidades del club, y especialmente de su técnico, como Diego Costa. No es el jugador más técnico del universo, eso se le nota a veces en la Selección, pero su derroche de energía, sus ganas incesantes, no tienen igual en el mundo del fútbol. Él es quien, con su esfuerzo, sacó petróleo de una jugada en el minuto 1. Se dio cuenta de que los centrales del Real Madrid no habían vuelto de vacaciones y, en su línea personal de actuación, entró con todo. Se escoró, sí, pero tampoco le faltan recursos para rematar, así que se sacó un sensacional derechazo pegado al palo corto con el que Keylor no supo o no pudo hacer mucho más.

    Su relación con Ramos

    Entre el primer gol, muy al principio, y el segundo gol, casi al final, Diego Costa hizo exactamente lo que se espera de él. Que importa poco que sea agosto que marzo, él no va a dejar de tirar desmarques y de buscarle las cosquillas a los centrales. Cerca estuvo de sacarle la expulsión a Sergio Ramos, que le tiró un codazo que, sin VAR, quedó en la nada. También es cierto que los dos son como Fred Astaire y Ginger Rogers, que si un pasito adelante, otro atrás, cuerpeamos, nos miramos, nos hablamos, nos pegamos, otra vuelta, otro pasito, otra carantoña, otro golpecito... un clásico del fútbol español.

    Su continuidad estaba cerrada cuando Griezmann deshojaba la margarita mientras jugaba a los videojuegos, pero de no haber sido así el francés se hubiese pasado todo el metraje, para más gloria propia, preguntando por su amigo Costa, ese delantero que es tan solidario que se apunta los moratones que le tocarían al resto de los jugadores de su equipo. El francés, campeón del mundo, no estuvo muy brillante en Tallin. Más bien al contrario. Ya cambiará, el talento está ahí, necesita unas buenas tardes con el 'profe' Ortega para recuperar el oxígeno.

    Pero esa transición, que la pasada temporada fue traumática hasta que el Principito recuperó el resuello, este año será más sencilla. Porque en el minuto 99 de partido, como ocurrió en Estonia, el delantero centro titular puede estar cansado, pero en él eso no es suficiente para no ir a intentar robar un balón. Se lo quitó a la durmiente defensa del Real Madrid, abrió su izquierda y el balón terminó en un gol sensacional de Saúl, otro que no sabe meter goles normales. También la fe suficiente para chocar con Carvajal unos minutos más tarde y abrir el camino del cuarto gol. Y así está Diego Costa, una vida entera molestando a los defensas del Madrid.

    El aprendizaje del Cholo

    En la lista de deseos de Griezmann, en ese documental en el que no se hablaba de dinero, como en las mesas de alta alcurnia, había la petición de que hubiese fichajes. También el francés sabía que Koke y Saúl, emblemas del equipo, renovaron tiempo antes. Es cierto también que, en el invierno pasado, el Atlético llevó a cabo una serie de ventas curiosa. Se necesitaba más gente y nunca sabremos si estaba ya en la cabeza de los dirigentes atléticos o, realmente, fue cosa del empuje de Griezmann lo que les llevó al mercado.

    Allí pagaron una morterada por Lemar, se aprovecharon de las vergüenzas portuguesas para llevarse a Gelson e hicieron una adquisición que puede ser histórica con la llegada de Rodri, un mediocentro joven que lo tiene todo para ser clave en los equipos que juegue. No está de más, en todo caso, recordar que el camino no será sencillo ni el aprendizaje fácil. Es una cuestión de memoria, no hay jugador que haya llegado sin más y se haya engarzado en el mundo del Cholo Simeone. Hasta Saúl y Koke, que hoy parecen forjados en el yunque del mono Burgos, tuvieron su proceso de adaptación. Lo más probable es que los nuevos también pasen por esa fase, pues siempre ocurre.

    Bueno, casi siempre. Cuando volvió Diego Costa no necesitó ni diez minutos para meterse en harina. Es cierto que lo suyo no era una novedad, pues estaba de vuelta, pero a Diego, en las mismas no le sirvió. La clave, en su caso, es que vive el cholismo, es parte de su esencia, no necesita pensar o vivir como pide Simeone, pues le sale con la naturalidad del niño que llora cuando tiene hambre.

    El sueño de Griezmann se ha cumplido, el equipo de hoy es mejor que el del pasado y soñar con títulos, llámenlo Liga o la obsesión de la Champions, no es descaro, es realidad. El mundo no ha cambiado lo suficiente para que Simeone reconozca esto, por supuesto. Como tampoco cambiará las esencias de su juego, el Atlético nunca se relajará y basará su mundo en una intensidad alta, mucho más que en una querencia por el balón. Podría ser más bonito, pero no se puede reprochar a nadie ser coherente con su historia. Sobre todo si esta es una de éxito.

    https://www.elconfidencial.com/deportes/futbol/2018-08-15/simeone-diego-costa-supercopa-europa-resultado_1604842/

  • El TSJM anula la modificación puntual del plan urbanístico de Madrid que afecta al estadio del Atlético de Madrid


     

    Con fecha 17 de julio, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha dictado sentencia por la cual anula el Acuerdo de Aprobación definitiva de la Modificación Puntual del PGOUM relativa al Área de Ordenación Especial 00.08 “Parque Olímpico-sector oeste” y el Área de Planeamiento Específico 20.14 “Estadio la Peineta”. Distrito de San Blas la Peineta”.


    Dicha sentencia es dictada como consecuencia del recurso planteado por la Asociación Señales de Humo contra dicho acto administrativo y que se ha tramitado ante el TSJM, siendo demandados el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid.

    Una vez iniciado el procedimiento el Club Atlético de Madrid, SAD, se personó en el mismo como interesado, oponiéndose a la demanda planteada por Señales de Humo.

    La sentencia estima en su integridad los motivos de recurso planteados por Señales de Humo, y además condena en costas a las administraciones demandadas y al club.

    El TSJM considera que existen seis motivos para declarar nula la modificación del PGOUM, de los siete que planteaba el recurso de la asociación. No entra a valorar el séptimo al estar todavía pendiente de que se substancie.

    Los seis motivos para declarar la nulidad de la modificación que encuentra el TSJM son:
    •     Nulidad del planeamiento por desviación de poder.
    •     Nulidad del planeamiento por desafectación de sistemas generales en interés privado.
    •     Nulidad del planeamiento por errónea clasificación del suelo existiendo vulneración del art. 14.2 de la Ley 9/2001, del Suelo de la Comunidad de Madrid (LSCM).
    •     Nulidad por vulneración del art. 67.2 de la LSCM ya que se produce un evidente fraude de ley porque se evita cubrir las dotaciones -que desaparecen- sustituyéndolas por dinero.
    •     Falta de justificación del cumplimiento de las determinaciones establecidas la Ley del Ruido 37/2003.
    •     Nulidad de pleno derecho del planeamiento aprobado por omisión en el procedimiento de aprobación de un informe sobre impacto de género.
    A la vista de la importancia de esta sentencia y de sus consecuencias, la Asociación Señales de Humo convoca a los medios informativos interesados a una rueda de prensa en la que poder tomar una "relaxing cup of café con leche", que diría una de las máximas responsables del despropósito ahora declarado ilegal. En la rueda de prensa, que se celebrará hoy martes a las 16.30 horas en la sede de Perea Abogados (Paseo de la Castellana, 127 - 1º A, en Madrid), se facilitará la sentencia a los medios presentes y se explicarán los posibles escenarios que se abren tras este varapalo a la Administración.

  • Calendario Liga 2018-2019

    Jornada 1, 19/08/2018
    Valencia - Atlético de Madrid

    Jornada 2, 26/08/2018
    Atlético de Madrid - Rayo Vallecano

    Jornada 3, 02/09/2018
    Celta - Atlético de Madrid

    Jornada 4, 16/09/2018
    Atlético de Madrid - Éibar

    Jornada 5, 23/09/2018
    Getafe - Atlético de Madrid

    Jornada 6, 26/09/2018
    Atlético de Madrid - Huesca

    Jornada 7, 30/09/2018
    R Madrid - Atlético de Madrid

    Jornada 8, 07/10/2018
    Atlético de Madrid - Betis

    Jornada 9, 21/10/2018
    Villarreal - Atlético de Madrid

    Jornada 10, 28/10/2018
    Atlético de Madrid - Real Sociedad

    Jornada 11, 04/11/2018
    Leganés - Atlético de Madrid

    Jornada 12, 11/11/2018
    Atlético de Madrid - Athletic Club

    Jornada 13, 25/11/2018
    Atlético de Madrid - Barcelona

    Jornada 14, 02/12/2018
    Girona - Atlético de Madrid

    Jornada 15, 09/12/2018
    Atlético de Madrid - Alavés

    Jornada 16, 16/12/2018
    Valladolid - Atlético de Madrid

    Jornada 17, 22/12/2018
    Atlético de Madrid - Espanyol

    Jornada 18, 06/01/2019
    Sevilla - Atlético de Madrid

    Jornada 19, 13/01/2019
    Atlético de Madrid - Levante

    Jornada 20, 20/01/2019
    Huesca - Atlético de Madrid

    Jornada 21, 27/01/2019
    Atlético de Madrid - Getafe

    Jornada 22, 03/02/2019
    Betis - Atlético de Madrid

    Jornada 23, 10/02/2019
    Atlético de Madrid - R Madrid

    Jornada 24, 17/02/2019
    Rayo - Atlético de Madrid

    Jornada 25, 24/02/2019
    Atlético de Madrid - Villarreal

    Jornada 26, 03/03/2019
    Real Sociedad - Atlético de Madrid

    Jornada 27, 10/03/2019
    Atlético de Madrid - Leganés

    Jornada 28, 17/03/2019
    Athletic Club - Atlético de Madrid

    Jornada 29, 31/03/2019
    Alavés - Atlético de Madrid

    Jornada 30, 03/04/2019
    Atlético de Madrid - Girona

    Jornada 31, 07/04/2019
    Barcelona - Atlético de Madrid

    Jornada 32, 14/04/2019
    Atlético de Madrid - Celta

    Jornada 33, 21/04/2019
    Eibar - Atlético de Madrid

    Jornada 34, 24/04/2019
    Atlético de Madrid - Valencia

    Jornada 35, 28/04/2019
    Atlético de Madrid - Valladolid

    Jornada 36, 05/05/2019
    Espanyol - Atlético de Madrid

    Jornada 37, 12/05/2019
    Atlético de Madrid - Sevilla

    Jornada 38, 19/05/2019
    Levante - Atlético de Madrid

  • El Atleti tricampeón de la Europa League. Galería fotográfica

    El Español

    Eurosport

    El País

    Univision

    AS

  • El Atleti tricampeón de la Europa League. Revista de prensa (III)

    El Español

    Griezmann logra una victoria de Champions para darle la Europa League al Atlético

    El conjunto de Simeone se impuso al Olympique de Marsella en la final (0-3) con dos tantos del francés y otro de Gabi. Payet tuvo que retirarse en el minuto 30 lesionado.

    David Palomo

    No es la Champions. No, no lo es. Pero sabe muy bien. Quién lo va a negar. Esta Europa League, por lo que significa y por cómo ha transcurrido la temporada, es como encontrar agua en el desierto. Porque el Atlético, tras caer en la primera fase de la máxima competición europea, se pudo venir abajo. Por qué no. Sin embargo, llegó a la Europa League –perdón, “a la mierda de Europa League”– y se conjuró para ganarla. Compareció ante rivales rutinarios, coleccionó victorias, acumuló goles y, tras ganar al Arsenal, se vio campeón. Esperaba el Marsella en la final. Y se vio favorito, para qué vamos a negarlo. Y lo corroboró sobre el césped con dos goles de Griezmann y otro de Gabi.

    Esta Europa League, además, era necesaria para el Atlético por muchos motivos. En primera instancia, porque la temporada lo merecía –“la más complicada desde que llegué”, reconoció Simeone–. Sin fichajes en verano, con más jugadores saliendo que entrando… el conjunto rojiblanco se sobrepuso a todo lo que vino. Mantuvo la segunda plaza en Liga y se plantó en esta final  para brindarle un título a Torres, darle argumentos a Griezmann para quedarse y a la afición que esto no es más que una parte del camino. Que lo mejor, obviamente, está por venir.

    Esta vez, el sufrimiento se redujo a los primeros 15 minutos. “Van a salir a presionar e intentar hacer un gol pronto”, anticipó Simeone en la rueda de prensa previa. Y eso es lo que hizo el Olympique, que tocó, creó ocasiones (un disparo de Payet, varias incursiones de Thauvin…) y mantuvo al Atlético metido en su campo. Pero esas buenas sensaciones se diluyeron pronto. En el minuto 20, un fallo de la defensa acabó con cualquier plan de los franceses. Griezmann recibió la pelota y le ganó un mano a mano a Mandanda para hacer el primero. El equipo de Simeone golpeó en cuanto pudo. Y, claro, con el marcador a favor, empezó a crecer poco a poco hasta controlar por completo el partido antes del descanso.

    Pero esa no fue la única mala noticia de la primera mitad para los franceses. Payet, que quiso romper la maldición, tocó la copa antes de saltar al césped. Pues bien, se lesionó en el minuto 30. Pidió el cambio y fue sustituido por Maxime López. Griezmann, que había marcado previamente, fue a abrazarlo. Dio igual. Sin su estrella, el conjunto de Rudi García se vino abajo. De pronto, el Atlético empezó a llegar a todos los balones divididos y los franceses erraron a la hora de dar el balón. El partido tornó del lado colchonero en el mejor momento posible: antes de terminar la primera mitad.

    Y el tercer golpe llegó nada más comenzar la segunda mitad. Esta vez, Koke la puso y Griezmann, de nuevo, en el mano a mano con Mandanda, definió a la perfección para poner el segundo. Y, a partir de entonces, el Atlético ya no encontró rival. Con Payet en el banquillo y el Atleti controlando, el Marsella ni encontró reacción ni aliento para seguir y acabó capitulando ante un Atlético inmensamente superior, que puso la guinda con un último tanto de Gabi. En fin, un campeón de Europa League con nivel de Champions.

    https://www.elespanol.com/deportes/futbol/europa-league/20180516/griezmann-victoria-champions-darle-europa-league-atletico/307720544_0.html

    La Razón

    El Atlético gana al Olympique y vuelve a ser feliz

    Dos goles de Griezmann y uno de Gabi llevan a los rojiblancos a reinar de nuevo en Europa y a ganar un título cuatro años después.

    Domingo García

    Para Antoine Griezmann Lyon ya nunca será el lugar donde empezó a soñar con el fútbol, donde se ilusionaba con los goles de Sonny Anderson y los tiros libres de Juninho Pernambucano que hicieron siete veces campeón de Liga a su Olympique. Lyon es, desde ahora, el lugar donde por fin pudo levantar un título europeo. Delante de su gente, a setenta kilómetros de Macon, su pueblo, consiguió un trofeo que el Atlético vio complicado durante muchos minutos.

    Jugaba en un ambiente hostil, con dos tercios del campo entregados al Marsella y una intensa niebla provocada por el humo de las bengalas que invitaban a los rojiblancos a hacerse pequeños. Por primera vez en el torneo se sentían inferiores en el campo. Sobre el césped, los jugadores del Marsella apretaban muy arriba y la presión de los aficionados marselleses se hacía sentir en todo el estadio. Pero la diferencia estaba en el número «7» del Atlético.

    Entre balonazos para un lado y para otro, el Marsella disfrutó de sus primeras ocasiones. Un pelotazo de Rami desde fuera del área, ­un disparo lejano de Sarr y, sobre todo, un mano a mano de Germain con Oblak que ni siquiera se acercó a la portería. El Atlético, entre tanto, sufría para mantener la pelota en los pies. Cada intento de progresar desde el centro del campo era atrapado por Zambo Anguissa, presente en todas partes. Le cuesta entregársela a sus compañeros, pero el centrocampista marsellés las recupera todas. Sin embargo, el fútbol, como la vida, a veces es cruel. Y fue un error suyo el que permitió al Atlético sentirse superior por primera vez. No hacía falta más. No controló un pase de Mandanda al borde del área que pretendía sacar la pelota jugada y la intuición de Gabi y el instinto de Griezmann hicieron lo demás. El capitán acudió a recoger el balón que había salido rebotado de los pies del rival y con un solo toque se lo entregó al «7», que corrió al espacio justo para encontrarse mano a mano con Mandanda. El portero se venció a un lado y el delantero mandó la pelota, pegada al suelo y obediente, al otro. Un gol para un título.

    Pero Griezmann no quiso quedarse ahí. El Atlético es de los pocos equipos que son capaces de disfrutar cuando el rival lo encierra en su área esperando un gol que nunca llega. Por si acaso, Antoine fue a buscar uno más al comienzo del segundo tiempo. Y lo encontró en un pase de Koke. Quedaban algo más de cuarenta minutos, pero la final parecía haberse terminado ya. Para entonces el Marsella ya había perdido a Payet, su capitán y su referencia, que se tendió en el suelo desconsolado y vencido por un dolor muscular a la media hora del encuentro. Sus lágrimas camino del banquillo se llevaron también el juego de Thauvin, con el que se había asociado de manera peligrosa al comienzo del encuentro. Y con ellos desapareció el juego del Marsella, que, entonces sí, fue consciente de su inferioridad. Hasta entonces había mantenido la ilusión y la energía impulsado por el ánimo de su público y por la ilusión de poder ganar un título europeo en el campo de uno de sus grandes rivales.

    Pero la realidad llegó con los goles de Griezmann y el Marsella se apagó definitivamente cuando el francés marcó el segundo tanto y la lluvia disipó la niebla. Se apagaron las bengalas. Se apagó el Marsella. El remate de cabeza de Mitroglou al poste era a la vez un espejismo y una señal de que la final había acabado para ellos.

    Para el Atlético ya sólo era cuestión de esperar unos minutos más el momento que llevaba esperando cuatro años, el de volver a levantar un título. Y ha tenido que ser en la Liga Europa, una competición en la que los rojiblancos se sienten como en casa y que sólo dejaron de ganar por abandono cuando se instalaron en la Liga de Campeones. Como un campeón de boxeo que sube de peso dejando vacante el cinturón de la categoría.

    La afición del Atlético también se sentía en libertad, por fin, para festejar y para reclamar la presencia de su ídolo, Fernando Torres, que estuvo calentando durante toda la segunda parte pero vio cómo Thomas dejaba la banda antes que él a falta sólo de tres minutos para el final. Sólo un momento después marcó Gabi el tercero del Atlético y Fernando se quitó el peto para sustituir a Griezmann, el héroe de la noche. Por fin, la felicidad era completa.

    https://www.larazon.es/deportes/futbol/final-de-la-europa-league-2018-simeone-apuesta-por-correa-y-lucas-OM18369153

    El «Niño» ya tiene su Copa

    Fernando Torres regresó al Atlético para ganar un título y lo consiguió anoche justo antes de abandonar el equipo de su vida. Levantó el trofeo de campeón.

    Domingo García.

    La Copa era suya más que de nadie. Por eso Juanfran le cogió del hombro cuando esperaban para recoger su medalla de campeones de la Liga Europa y Enrique Cerezó lo abrazó, igual que el Rey Felipe VI, que le decía cosas al oído mientras el trofeo esperaba por fin a su dueño. Fue el capitán, Gabi, el que la cogió del pedestal, pero se la entregó de manera inmediata a Fernando para que fuera él quien la levantara para la foto. Para que la imagen que quede en la historia sea la de Torres con la Copa. Fue él también el que agarró el trofeo para enseñárselo a su público y se animó a coger el megáfono para gritar lo que todo el mundo ya sabía: «Te quiero Atleti».

    Es lo que llevaba esperando desde niño. Se quita la camiseta rojiblanca con la ilusión cumplida de ganar por fin un título con el equipo de su vida. Ésa era su mayor obsesión, cuando llegó en enero de 2015 al Vicente Calderón repleto de almas rojiblancas para recibir a uno de los suyos. Porque «Fer», con títulos o sin ellos, siempre ha sido un ídolo para la afición del Atlético. Sólo él ha conseguido que algunos miembros de su hinchada acudieran a animar a su equipo con una camiseta del rival, como sucedía cuando jugaba en el Liverpool. Su marcha estaba muy reciente y los aficionados sentían que un trocito de su escudo estaba enfrente, como si el enemigo fuera un poco menos enemigo. No era extraño ver en el Calderón camisetas rojas con el «9» de Torres y el escudo del Liverpool. Más extraño era ver las camisetas del Chelsea. Igual de extraño fue ver un gol del «Niño» al Atlético en las semifinales de la Champions, aunque no sirviera para apartar a los rojiblancos de la final de Lisboa, que luego terminó como terminó. Aquel fue el último tanto de Fernando con el equipo londinense. Y apenas ocho meses después estaba de vuelta en casa.

    La mitología rojiblanca tiene tres nombres que la afición corea en cada encuentro. El de Luis Aragonés, el hombre que marcó el primer gol del Atlético en una final de la Copa de Europa y que después como entrenador consiguió la Copa Intercontinental para el club, el hombre que no dejaba que pisaran el escudo; el de Simeone, que ganó la Liga como entrenador y como jugador y que llevó al Atlético a jugar dos finales de la Liga de Campeones; y el de Fernando Torres, el ídolo que no necesitaba ganar nada para ser ovacionado.

    «En el plano personal es un orgullo, una ilusión y una realidad buscada. Ojalá el domingo tenga la despedida que se merece por todo lo que le ha dado al club», dice Simeone. «Yo nunca le regalé nada y no se quejó por ser campeón del mundo. Deja un legado para sus compañeros que es el trabajo, la insistencia y no bajar nunca los brazos. Es un legado enorme para muchos compañeros que tienen que aprender», asume el Cholo.

    Fernando ya era un ejemplo para todos los jugadores que llegaron después desde la cantera, como Koke o Saúl, que disfrutan más del éxito por compartirlo con su ídolo. Es el único futbolista que ha ganado participando desde el césped en las finales del Mundial, la Eurocopa, la Liga de Campeones y la Liga Europa. Lo único que le pesaba de todos esos títulos es que ninguno lo había conseguido con la camiseta del Atlético. Él, que disfrutó desde la grada el año del doblete, que vivió desde el exilio la Liga de 2014, que paseó la bandera rojiblanca por las calles de Madrid en el desfile triunfal después de ganar la Copa del Mundo con España, merecía marcharse con una recompensa. Para eso se había desplazado hasta Lyon su familia. Su mujer, sus suegros y sus tres hijos querían verle levantar un trofeo antes de la despedida como rojiblanco.

    Ahora ya lo tiene, pero tuvo que esperar pacientemente en la banda a que llegara su momento. Estuvo calentando durante toda la segunda parte, pero Simeone sólo se permitió un ejercicio de sensibilidad cuando Gabi marcó el tercero y el marcador del Atlético tenía más goles que minutos le quedaban al partido. Torres se va, pero se despide como campeón. Porque todo lo que termina no tiene por qué terminar mal.

    https://www.larazon.es/deportes/el-nino-ya-tiene-su-copa-IN18370976

    20 minutos

    Griezmann le da al Atlético de Madrid su tercera Europa League

    Dos goles del delantero galo le dieron la victoria a los rojiblancos ante el Olympique de Marsella.

    Raúl Rioja

    Hamburgo 2010, Bucarest 2012 y Lyon 2018. El Atlético de Madrid conquistó la tercera Europa League de su historia al superar al Olympique de Marsella (0-3) en una gran noche de Antoine Griezmann. Quién sabe si en su último servicio al Atleti –quiera el destino que no por el bien de los colchoneros– el delantero francés emergió en la final de Lyon para doblegar al Marsella con dos goles propios de un depredador del área.

    Necesitaba el Atlético un título europeo después de dos finales de Champions perdidas y lo encontró en la Europa League. No es lo mismo, pero, sin duda, ayuda a curar heridas por las finales perdidas y rearma la moral del equipo de Simeone para intentar asaltar la máxima competición continental la próxima temporada.

    La final arrancó entre una espesa niebla por las numerosas bengalas que encendieron los ultras del Marsella y el equipo francés salió dispuesto a mandar en el campo. Con un Atlético agazapado atrás, el cuadro de Rudi García creó las primeras ocasiones, guiado siempre por su estrella Payet. El de la isla deReunión metió un pase al área a los cinco minutos que dejó a Germain solo ante Oblak, pero su remate se marchó alto. Fue la más clara, pero no la única. Al Atlético no le duraba el balón en los pies y otro centro al área de Payet terminó con un remate desviado de Rami. También Sarr lo intentó con un disparo raso desde la frontal.

    Fueron 20 minutos iniciales complicados para los de Simeone, hasta que Griezmann aprovechó un error defensivo del Olympique para abrir el marcador y enmudecer a los ruidosos seguidores marselleses. Gabi interceptó un mal control de Anguissa y asistió a Griezmann que no perdonó en el mano a mano con el portero Mandanda.

    A partir de ahí, el Atlético empezó a dominar la final, más aún cuando Payet se lesionó y se retiró entre lágrimas a la media hora. El Marsella perdía a su gran estrella, un golpe casi tan duro como el gol encajado.

    Con el marcador a favor, el Atlético se sintió superior y dio un paso adelante, especialmente al inicio de la segunda mitad, cuando llegó a acorralar al equipo de Rudi García. En esos minutos de acoso rojiblanco volvió a aparecer Griezmann para sentenciar la final con su segundo tanto. Esta vez el francés recibió de Koke y superó a Mandanda con una sutil vaselina por encima del portero.

    El Olympique se rindió, aunque pudo meterse en el partido a diez minutos del final con un cabezazo de Mitroglou al palo. Fue, sin embargo, Gabi quien marcó ya en el 89 para redondear el marcador. En los últimos instantes entró Fernando Torres, un pequeño homenaje al de Fuenlabrada.

    https://www.20minutos.es/deportes/noticia/final-europa-league-2018-olympique-marsella-atletico-madrid-directo-3341663/0/

  • El Atleti tricampeón de la Europa League. Revista de prensa (II)

    Marca

    La historia más hermosa jamás contada

    Un gran Griezmann da la victoria al Atlético de Madrid en la final de la Europa League

    Fernando Torres, eterno Fernando Torres, aparece en el terreno de juego justo después de que Gabi, eterno Gabi, firme la tercera diana y con ella la sentencia. Simeone, eterno Simeone, se libera por fin de los grillletes de la UEFA y pasea por el césped saboreando el título. Godín, eterno Godín, maravilloso partido el suyo. Koke, eterno Koke, pegamento de un equipo inolvidable. El orgullo no se compra ni se vende... pero el Atlético tiene orgullo para regalar. Y los suyos motivos para sentirse orgullosos. Efectivamente, el cuento tenía final feliz. De hecho ahora mismo se nos antoja la historia más hermosa jamás contada. Suena 'Maneras de vivir' en el estadio de Lyon. Gabi y Torres levantan la copa al cielo.

    Luego está Griezmann, que sabe francés. Ha firmado en la final el partido descomunal que se le reclamaba. Una por aquí y otra por allí para los goles, pero además compromiso, sacrificio... y alguna bronca a Oblak por no sacar donde se le demanda. Así las gasta 'Le Petit' cuando se le antoja un trofeo. El fútbol no tiene paciencia ni memoria, así que en lo que usted lee estas líneas posiblemente ya se trate otra vez de su futuro como si no hubiera un presente que festejar. Luego que pase lo que tenga que pasar. Pero en la final ha vestido la rojiblanca y ha resultado decisivo.

    Antes de que se jugara, ya había ganado la UEFA. Si meses antes del partido pones a la venta un paquete importante de entradas y cuando llega el día todas están en manos de los mismos, que ni siquiera se habían clasificado entonces, la figura tiene un nombre: reventa. Si te jactas del dispositivo de seguridad durante días y a la que aparecen los jugadores se encienden por casi todos lados decenas de bengas, la figura tiene otro nombre: vergüenza. Como el negocio continúa, el ínclito Kuipers puso en marcha la cosa mientras ardía uno de los fondos. Él, a lo suyo.

    En lo que se apagaba ese fuego, al Atlético se le vinieron encima los pirómanos. Los jugadores del Marsella aparecieron absolutamente poseídos, de hecho regalaron su saque de centro para presionar a modo la primera pelota rojiblanca. El cuadro del Cholo, ayer de Burgos, se pasó además por el forro la página del catálogo de las finales, ésa que aconseja hacer el primer disparo. Hay quien padece del corazón, además,así que tampoco hacía falta que ese disparo fuera un mano a mano como el que desaprovechó en el arranque Germain, habilitado por Payet en una jugada que, por una vez y sin que sirva de precedente, pilló al equipo rojiblanco entre dos aguas.

    Después disparó Rami y después aún disparó Sarr, en ambos casos desviados. El Atlético se veía superado momentáneamente por el despliegue físico del equipo francés desde los carriles, pero el equipo rojiblanco sabe que una final se puede perder en el último minuto, pero no ganar en el primero. Era cuestión de soportar el tirón sin perderle la cara al partido. Efectivamente, aquello no fue para tanto: más ruido que nueces aunque el ruido pudiera haber afectado al oído y a todos los sentidos de apellidarse Germain de otro modo, pongamos por ejemplo Griezmann. Siempre hay que contar con los mejores guerreros.

    Porque Antoine también tuvo su mano a mano con el meta, con la diferencia de que la depositó suave en la red. Tampoco Mandanda es Oblak, las cosas como son: donde el meta del Atlético había aguantado el del Olympique se estaba venciendo de primeras. Conviene atender al arranque de la jugada, porque Anguissa pifió un control en la pelota que le había enviado precisamente su arquero. Definitivamente jugaba por físico, que no por talento. Gabi fue a la vez ahí perro de presa y arquitecto, porque el mismo toque sirvió como recuperación y como asistencia para Grizi.

    Había sido el primer error grosero del rival, pero tuvo valor de gol. Así las gasta este Atlético que a partir de ahí se ajustó mucho mejor a las costuras del verde que pisaba ayer. Sin alardes arriba, pero sin que el Olympique encontrara ya las cosquillas hasta el descanso. Resultó además que la escuadra de Rudi perdió a Payet por lesión. Por lo visto había tocado el trofeo al saltar al campo, así que los supersticiosos pueden ponerse en fila. Se hablan maravillas de Maxime, el sustituto, pero perdiendo al enganche era mucho lo que perdía la escuadra marsellesa.

    El segundo acto trajo el primer cambio y el segundo gol, así que fue mucho más importante lo segundo que lo primero. Por respetar el orden cronológico, en todo caso, Vrsaljko sufría ante Ocampos y andaba amonestado. No hace falta irse muy lejos ni cambiar de competición para saber que con el croata conviene andarse con cuidado, así que Juanfran a la cancha y a otra cosa. Al doblete de Griezmann, por ejemplo. Un saque de banda del Olympique, otro robo rojiblanco y esta vez Koke en el servicio: Antoine, para que Mandanda tuviera variedad, se la puso esta vez por encima. Suavecita, eso sí.

    El Atlético tuvo su propio arrebato ahí, en el que, casi inmediatamente, Godín pudo estampar el tercero de cabeza. Rudi, mientras, sorprendió a la concurrencia retirando justo a Ocampos. El resto fue una delicia, las cosas como son, en el que apenas el recién ingresado Mitroglou se atrevió a interrumpir el monólogo con un cabezazo al poste. La portería a cero, aunque ni siquiera haga falta Oblak. En el otro lado la presión se mantenía alta, nada de pasos atrás. El tercero era una sensación más que una realidad... hasta que por fin la estampó Gabi y hasta que por fin salió Torres.

    Siempre hay que creer. Gracias una vez más, Atlético. Gracias por todo. Gracias por tanto.

    http://www.marca.com/eventos/marcador/futbol/2017_18/europa_league/final/oma_atm/

    El País

    El Atlético recupera galones en Europa

    El conjunto de Simeone, liderado por un estelar Griezmann, vence con eficacia al OIympique de Marsella

    Ladislao J. Moñino

    Estaba obligado a ganar y ganó el Atlético. Lo hizo bajo la ley de Simeone y de Griezmann. Una defensa granítica, el trámite justo y necesario con el balón y una calidad excelsa para definir del delantero francés. Sus dos goles pueden significar una despedida a lo grande, con un título europeo bajo el brazo. La tercera Liga Europea del Atlético en ocho años, la segunda bajo la era del entrenador argentino. Es además el sexto título europeo del Atlético en su historia, y el sexto en total bajo el mandato de Simeone.

    Se puede discutir la estética del juego, se le puede exigir más fútbol, pero lo que es innegable es que bajo la dirección del Cholo el Atlético sigue escribiendo las páginas más brillantes de su historia bajo un sello y un estilo muy reconocibles. Hay mucho trabajo táctico y mucho sudor detrás de cada triunfo. Y también una extrema asunción de los jugadores de que sus victorias son más colectivas que individuales. Aunque las concrete y las remate su estrella como sucedió en Lyon.
    Marsella

    Griezmann tuvo dos ocasiones y no perdonó ninguna. Con el Barça calentándole la oreja, si se quedara su decisión sería una apuesta personal hacia el club y hacia el método Simeone. Una cuestión de fe en el entrenador que le ha convertido en un delantero total, capaz de pasar como un diez y definir como un nueve. La estrella que lució en Lyon, relampagueante para asomarse a los desmarques y jerárquica para ganar el partido ante las dos salidas desesperadas de Mandanda. El área contraria fue de Griezmann, pero el campo propio, los kilómetros y el trabajo corrieron a cargo de la guardia pretoriana de Simeone. Es cosa de los Gabi, Godín, Saúl, Koke y Juanfran la zapa y el rigor táctico y defensivo. Ellos son los tipos que llevan seis años soportando un día a día infernal por la exigencia física y mental a los que les somete el cuerpo técnico. A ellos se agarró primero el equipo para aguantar las primeras embestidas del Marsella y después para matar el partido con oficio. Ellos son los guardianes permanentes de una manera de entender el juego con la que se han revalorizado y ha recolocado al club entre la aristocracia del fútbol europeo. El gol de Gabi premia a un capitán que enfila la recta final de una carrera que ha servido de guía dentro y fuera del vestuario. Han sido muchos los sobreesfuerzos para marcar y ordenar la presión cuando ya solo el corazón era la única gasolina que ponía en movimiento sus piernas.

    Si el tanto de Gabi tuvo un valor simbólico, los dos de Griezmann concretaron un plan tan perfecto como meditado. No hay equipo que se exponga más descaradamente al tiroteo que el Atlético. Nadie invita tanto al rival a que juegue y maneje el partido. A Simeone y sus futbolistas les da igual el silbido de los disparos. Están entregados a conciencia a la dualidad de aguantar y esperar. A sufrir como modo de vida y de juego. No se inmutaron los rojiblancos con la salida del Marsella, inyectada de presión y de velocidad. Tampoco con el agujero que abrieron entre Thauvin y Payet para que Germain se plantara ante Oblak, que achantó al delantero galo y le forzó a un disparo alto.

    La creencia en ese camino hacia el éxito es ciega. El Atlético se repliega en la frontal de su área, se descamisa y le enseña el pecho al contrario sintiéndose inmune al gol. Es su truco de trilero, inspirado en las raíces más profundas del calcio. Tú me atacas y yo te mato a la mínima que me concedas. O sea, te gano. Ese el diálogo que este Atlético le ofrece a sus rivales. Y son muchos lo que ya han doblado la rodilla, creyéndose que dominaban sin ser conscientes de que les esperaba un golpe traicionero, un gol de una migaja, de un error infantil. Y el Marsella lo cometió. Nada había hecho el Atlético en 20 minutos más que pretender dirimir su batalla ofensiva con el saque largo de Oblak. Mandanda imprimió más velocidad de la cuenta a un pase en la frontal y Gabi estuvo ávido al quite para colocar ante el gol a Griezmann. La definición del galo tuvo una frialdad magistral. Esperó a que Mandanda se venciera para superarle a contrapié con un tiro raso.

    El témpano que fue Griezmann en su remate silenció y heló a la volcánica afición marsellesa. Aún humeaban algunas bengalas cuando empezaron a comprender los hinchas marselleses qué significa jugar contra el Atlético. Al mazazo del gol se sumó la lesión de Payet, que solo aguantó media hora. Se fue entre lágrimas, consciente de que ya no había ni más final para él ni para su equipo por mucho que lo intentaran sus compañeros. Así fue. Griezmann lo corroboró concretando otra jugada marca de la casa. Saúl se anticipó de cabeza a una pelota en el centro del campo para entregársela a Koke. A su derecha irrumpió veloz Griezmann para meter la bota por debajo del balón y vencer a Mandanda con una picadita sutil. Una delicadeza centelleante que confirmó su condición de superclase, de futbolista al que pocas veces le tiemblan las canillas bajo presión. Un cabezazo al palo de Mitroglou fue el último intento del Marsella por meterse en el partido. En realidad, estuvo fuera aunque no lo supiera desde que permitió que su rival jugara bajo la ley de Simeone, coronada por Griezmann para que Fernando Torres pueda despedirse en un Atlético campeón.

    https://elpais.com/deportes/2018/05/16/actualidad/1526489457_228320.html

    Simeone y el campeón más incómodo

    El conjunto rojiblanco ha logrado otro título después de un curso lleno de problemas

    Puede que esta Liga Europa no entusiasme como las dos anteriores (2010 y 2012), pero sí es una muesca más que certifica el exponencial crecimiento del Atlético. Este último entorchado se ha producido bajo las peores condiciones que se recuerdan en la era de Diego Pablo Simeone. Un año muy duro, marcado por la sanción de la FIFA que impidió los refuerzos hasta enero; por la dura digestión del Qarabag y la eliminación de la Champions; y por la necesidad de desprenderse de seis jugadores en el mercado invernal para equilibrar las cuentas. El caso Griezmann, enfrentamientos con la afición incluidos, también ha necesitado de una gestión compleja y delicada.

    Futbolísticamente tampoco ha sido el mejor año. Más que nunca el Atlético ha empezado por Oblak y ha terminado por Griezmann. Entre medias hubo poco juego, pero sí el mismo orden castrense y el trabajo a destajo para mantener la estructura defensiva que es la gran seña de identidad de este Atlético que vuelve a colgarse la etiqueta de campeón.

    Este sexto título bajo la dirección de Simeone refuerza el carácter hipercompetitivo del equipo. Ese conjunto incómodo para los grandes de España y Europa al que aspira ver siempre su entrenador. Para El Cholo ser incómodo supone admitir una supuesta inferioridad para llegar donde con el fútbol solo no se puede. Ese es el arcano desde el que afirma que más que futbolistas tiene soldados que van a la guerra cada vez que se lo pide.

    Europa ha engrandecido al Atlético hasta situarle como el segundo club del ránking UEFA, solo superado por el Real Madrid. Ese meritorio segundo escalón no se corresponde con la escala de ingresos, donde los rojiblancos ocupan el decimotercer puesto. Tres Ligas Europa, dos con Simeone, dos Supercopas europeas, una también con el argentino, dos finales, una semifinal y unos cuartos de final de la Champions han recolocado a la entidad en la primera fila del escaparate del fútbol europeo.

    Necesitaban este título Simeone, los jugadores y la dirigencia. Para un entrenador que entona el discurso del resultadismo por encima del juego, cuatro años sin levantar una copa ya era demasiado. El plantel necesitaba también un espaldarazo anímico y soltar algo del lastre de las dos finales de la Copa de Europa perdidas. Para la entidad, esta Liga Europa también supone reforzar su mensaje ante sus patrocinadores, y los que sigue buscando, de que fuera de las grandes potencias del continente no hay mejor club para invertir.

    La Copa también sirve para que Fernando Torres cierre el círculo con el título que tanto anhelaba. Por fin ha formado parte de un Atlético ganador y ha podido celebrarlo sobre la hierba con la camiseta puesta. Se despide como campeón europeo y formando parte del ciclo más glorioso de la historia del club.

    https://elpais.com/deportes/2018/05/16/actualidad/1526504188_336730.html

    La penúltima danza del guerrero

    El doblete de Griezmann propicia el título del equipo rojiblanco en la que podría ser su despedida

    Gorka Rodrigálvarez Pérez

    Y Griezmann bailó sobre el césped del Stade de Lyon. Fue una danza de guerra a pesar de la comicidad de la coreografía, inspirada en el videojuego Fortnite. Es la fiesta después del trabajo, de marcar, de llevar al Atlético a su tercera Liga Europa y de ser elegido el mejor jugador de la final. Y todo sabiéndose observado al detalle. Su más que probable marcha al Barcelona había copado la preparación de un partido que podía darle un título, el segundo tras la Supercopa de España que ganó en 2014. "Si quiere irse que sea haciendo historia", le había avisado Costa. Lo hizo a lo grande, aprovechando las dos ocasiones más claras que tuvo en un partido que arrancó torcido para el Atlético. Pero es que el equipo de Simeone tiene cuerpo y colmillos de serpiente.

    Retrasado en la posición de mediapunta, saltando por los aires tratando de controlar los primeros balones que le llegaron se chocó con hasta tres jugadores del Olympique de Marsella. No fue casualidad. Anguissa, Sanson y Rami habían recibido la misma orden. Pero Griezmann tiene la libertad y capacidad para resultar incómodo en demasiadas posiciones. Y no perdonó cuando le llegó un pase de Gabi tras un error garrafal de uno de sus carceleros, Anguissa, con el que batió a Mandanda en algo que se pareció a un penalti por la distancia y la ejecución. En el que sería solo el primer gol definió con precisión pero en el segundo lo hizo con tanta elegancia como mala intención. "Lo cierto es que puede jugar en cualquier equipo del mundo", dijo el martes Gabi. Lo que demostró es que también puede marcarle a cualquier equipo del mundo.

    El único atisbo de humanidad que demostró el de Macon con el Marsella tuvo que ver con Payet. Cuando este tuvo que abandonar el campo lesionado, hecho un mar de lágrimas, Griezmann se acercó a él y le besó en la mejilla. Un cariño para un amigo en la selección francesa. No hubo ninguna concesión más. De hecho, a punto estuvo también de asistir a Costa y terminar por cerrar un partido de por sí decantado gracias a su repertorio. "Nuestro objetivo es siempre ser un equipo duro y definir arriba", contó el francés tras el partido. Es el primer gran título para el siete. "Yo salí de casa con 14 años para ganar Copas", contó al micrófono de beIN antes de escabullirse para evitar más preguntas.

    El de Griezmann no fue el único marcaje individual del partido. Durante gran parte del partido, Germán Burgos tuvo al cuarto árbitro pegado a él. "Perdona", le decía este con la mano cada vez que abandonaba el rectángulo que limita la zona técnica. "Vale, que no vuelva a pasar", respondía este con muecas el paciente Szymon Marciniak con resignación polaca. Lo cierto es que Germán Burgos se movió menos de lo que acostumbra Simeone, inquieto en la jaula de cristal desde la que observó el partido.
    Bengalas en la grada

    En la grada, la mayoría de aficionados franceses convirtió por momentos el Stade de Lyon en una réplica del Velodrome, aunque los cerca de 10.000 seguidores del Atlético aprovechasen los escasos silencios para hacerse notar. El humo de las bengalas que prendieron desde el fondo marsellés llegó a molestar a los jugadores. "Recuerden que dentro del estadio está prohibido fumar", avisaron por megafonía. Curiosa distinción entre humos.

    Llegó a llover con tanta intensidad en la segunda mitad que el Mono siguió en su sitio. Rudi García se refugió en su banquillo, elevado unos metros por encima del césped, pero el entrenador del Atlético solo se metió las manos en los bolsillos. Pegado a la línea de cal, moviéndose sobre su eje. El Atlético jugó como si nada estuviera ocurriendo alrededor, con el piloto automático puesto. Como el Mono cuando Griezmann marcó el primer gol con la calma de un oficinista. La misma con la que volvió a hacerlo después con un remate picado quirúrgico. Ni con esas se alteró el argentino, contemplativo en su recuadro. Solo para abrazarle cuando fue sustituido por Fernando Torres.

    Desde ahí siguió observando como Antoine entregaba al Atlético un trofeo balsámico, que si bien no sutura la eliminación de la Champions, sí que sirve para agrandar la vitrina. Y todo gracias a un futbolista que deberá pronunciarse pronto acerca de su futuro. Esperará a que acabe la temporada, para la que resta un partido el domingo ante el Alavés. De irse lo hará con un título, como le conminó Costa, como lamentarán todos y cada uno de los colchoneros que dejarán de verle bailar.

    https://elpais.com/deportes/2018/05/16/actualidad/1526485007_393031.html

    Y El Niño se va campeón

    Fernando Torres cierra el círculo con su equipo del alma ganando su primer título como jugador rojiblanco. “Es el más importante de mi carrera", dice el delantero

    Ladislao J. Moñino

    Y el Niño se fue campeón.

    Por la mañana, los tres hijos de Fernando Torres desayunaban alborotados junto a su madre y sus abuelos maternos en el hotel Warwick Reine Astrid de Lyon. Los tres, dos niñas y un niño, lucían indumentaria del Atlético y escucharon por boca de su abuelo una premonición: "Nos traemos la Copa".

    Sobre las once de la noche llegó el momento más esperado por Torres a lo largo de su carrera, celebrar un título con el Atlético. Levantó la copa junto a Gabi y cuando el jolgorio sobre el podio finalizó se preparó para inmortalizar un gesto que había imaginado, pero que no había podido cumplir. Con la copa bajo el brazo y una bandera del Atlético a la espalda se dirigió hacia la zona donde le esperaban los más de 10.000 seguidores rojiblancos. Allí alzó el trofeo y se lo ofreció a la hinchada como si fuera uno más de ellos. Luego, posó con el trofeo junto a sus hijos. "Dedico este triunfo a la afición del Atlético, que no hace mucho pasaban por momentos muy difíciles en los que era difícil explicar por qué somos del Atlético", expresaba con sentimiento Torres, que no se olvidó de reconocer a su entrenador y compañeros. "Este grupo ha cambiado la vida a muchos atléticos. Ahora sabemos lo que es ganar. Seguro que esto es el comienzo de algo más grande", apuntó.

    Fernando Torres cerró a los 34 años un círculo que inició cuando apenas era un querubín con el rostro moteado de pecas y acné juvenil. Entonces tuvo que soportar la presión de sostener al club y mantener viva la llama de la afición en el erial que era la Segunda División. Torres era el único cimiento sólido al que se podían agarrar los hinchas y la dirigencia del club. Un chico prometedor que apuntaba a una carrera con una dimensión internacional. "Volver a este club en el mejor momento de su historia era mi deseo y este título, el primero y el último, es más especial. Es una felicidad difícil de explicar después de tanto tiempo, era un sueño que tenía desde pequeño", se sinceró.

    Ni la Copa del Mundo, ni las dos Eurocopas conquistadas con la selección, ni la Champions ni la Liga Europa ganadas con el Chelsea parecen haberle llenado de tantos sentimientos. "A nivel sentimental, este es el título más importante para mí. He tenido la suerte de ganar muchos, pero cuando uno tiene un sueño de pequeño... Este era el mío: ganar con mi equipo y he tenido la oportunidad de volver y cumplirlo", abundó. El delantero rojiblanco reconoció que cuando se marchó del club en 2007 no pensaba que viviría algo así. "No lo hubiese imaginado, volver y ganar un título. Es algo maravilloso", señaló Torres.

    Conjura en el vestuario

    En el vestuario había una conjura para que pudiera tener la despedida que buscaba. Los canteranos, liderados por Saúl, se lo habían prometido. Todos le admiran y a todos les ha intentado transmitir los valores del Atlético durante estos tres años y medio. Algunos se sobrecogieron cuando le vieron llorar en la final de Milán con amargura. También los pesos pesados del vestuario, encabezados por Gabi y Godín, querían ofrecerle la copa antes de despedirse este domingo definitivamente contra el Eibar en el Wanda. Gabi no tuvo inconveniente alguno en compartir el levantamiento del trofeo.

    Simeone también le tributó un homenaje particular: "A Fernando nunca le regalé nada, la lección que transmite a sus compañeros es la de no bajar nunca los brazos. Es el único que ganó un Mundial y una Champions y nunca cedió a una suplencia o a no ponerlo y ese es un legado enorme para muchos futbolistas que tienen que aprender de él. Pertenecer a este grupo está muy por encima de ganar este título. Es gente muy trabajadora, humilde. Los aficionados mañana van a estar más orgullosos que nunca de su equipo", concluyó. 403 partidos y 127 goles después, el Niño se marchará campeón del Atlético.

    https://elpais.com/deportes/2018/05/17/actualidad/1526510031_833224.html

    Simeone, el mejor entrenador de la historia del Atlético

    Simeone redondea otra temporada prodigiosa, sin acceso a fichaje y con el trauma del traslado al Metropolitano

    Rubén Amón                           
                                       
    Conviene explorar los límites de la ley de memoria histórica para desalojar la estatua de Neptuno y ubicar en su lugar a Diego Pablo Simeone. El dios de los mares incurrió en algunas atrocidades pretéritas que pueden escarmentarse en beneficio del culto rojiblanco al profeta argentino.

    Es una manera de reconocer no ya su fama milagrera, sino los milagros verificados. Seis títulos en siete años jalonan el camino del Atlético de Madrid por la senda de la máxima competición. Y demuestran que la fertilidad de Simeone es superior a la de Neptuno mismo.

    De hecho, las vitrinas del club empiezan a recuperar la arrogancia de antaño y a desdibujar la maldición del Pupas. No vamos a engañarnos a nosotros mismos con la frustración que supusieron las finales agónicas de Lisboa y Milán. Cualquiera de ellas hubiera sepultado a un aspirante subversivo, como les sucedió al Borussia o al Valencia. Y las dos juntas lo hubieran triturado, tanto por la crueldad de la trama como por la ferocidad recurrente del enemigo madridista. Simeone ha sabido construir la victoria y reaccionar a la derrota. Los vaivenes de la montaña rusa podrían haber desquiciado al equipo, pero las atribuciones chamánicas del míster han inducido un ejercicio de resiliencia. Ni los éxitos embriagaron al equipo ni los fracasos amenazaron con destruirlo. Se diría incluso que el Atleti se fortalecía en sus decepciones. Y que el entrenador permanecía como el faro y como la certeza. Simeone sujeta el club. Le ha devuelto la autoestima. Y ha conseguido proporcionarle incluso la mayor estabilidad de su historia. Puede decirse sin ambages: Simeone es el mejor entrador de la historia del Atleti.

    Tiene mérito haberlo conseguido porque la desmesura del Real Madrid y del Barcelona en su presupuesto, su poder y su propaganda se añaden a la beligerancia del circuito europeo. La pugna falocrática de emires y oligarcas ha adulterado la pureza de las grandes competiciones. Es verdad que el Atleti ha recuperado tesorería. Y es cierto que ha decaído el enfermizo victimismo, pero también ha logrado sobreponerse a la fuga de talentos, a la limitación de los fichajes -las sanciones nos han impedido abastecernos en el mercado- y al trauma que ha supuesto el desalojo del Calderón. Una operación de porvenir (¿?) que ha asfixiado el presente, y cuya indescriptible desolación ha amenazado la idiosincrasia del equipo mismo. Si el Atleti es un equipo distinto, sucede por la personalidad y la raigambre. Por la alegoría del Paseo de los Melancólicos. Y por su fervor popular y calor costumbrista a la orilla del Manzanares.

    El exilio nos ha constreñido a jugar siempre fuera de casa. Ha relativizado el poder escénico del Calderón. Y ha homologado el acceso de aficionados snobs y maleducados, incluidos los atléticos oportunistas que reclamaron hace un par de meses la cabeza de Simeone.

    Simeone es el principio y el fin. Arriesga el equipo a quedar esquilmado con las ofertas a Oblak y a Griezmann, pero la única incertidumbre relevante la expresaría la ausencia de nuestro condotiero. Suyo es el tridente y el derecho a una plaza en el centro de Madrid, aunque más que Neptuno parece el atlante que lleva sobre sus hombros el peso del club a semejanza de un inmenso balón de fútbol.

    https://elpais.com/deportes/2018/05/17/actualidad/1526589924_082902.html

  • El Atleti tricampeón de la Europa League. Revista de prensa

    ABC

    El Atlético de Madrid y Griezmann celebran una gran obra de autor

    Dos goles del francés y un soberbio trabajo colectivo coronan campeón de la Liga Europa al Atlético frente a un Marsella fajador pero de perfil menor

    José Carlos Carabias

    Cada título del Atlético exhala una sensación de escalofrío, de montaña conquistada, como si aquello fuera la última vez y nunca más será. Las entrañas de un club único vibraron en Lyon, en la lluvia que generó una atmósfera aún más cadavérica, con otro título continental, la Liga Europa. No es la Champions, pero al aficionado colchonero que gritó y empujó desde la distancia, le supo a gloria. Fue una obra de autor a doble cara: el trabajo colectivo de un grupo estajanovista y leal con el esfuerzo encarnado en el gran partido de Gabi y el destello individual de Griezmann, colosal desde cualquier punto de vista. Así tumbaron todos a un Marsella fajador pero de perfil menor.

    La geopolítica derivó en una desproporción evidente y casi inevitable. En Francia había muchos más franceses que españoles. El estadio de Lyon ofreció un reparto sin equidad: al menos tres cuartas partes del recinto estaban ocupadas por los bullangueros hinchas del Olympique Marsella. Mediterráneos, pasionales y vociferantes, llegaron a socavar el jolgorio usual de los hinchas del Atlético. El himno rojiblanco apenas se dedujo en el repertorio a capela, ya que los pitos de los galos lo tumbaron en el umbral de decibelios. Y la humareda provocada por las bengalas a porrillo (más de treinta), prohibidas en el territorio UEFA, en el fondo de los marselleses casi invita a la paralización momentánea del choque.

    De la bruma surgió un Marsella enervado, contagiado por el entorno favorable. En Francia se ponía en duda su virtud para tumbar a un doble finalista de la Champions, se hablaba de milagro, de creer en el imposible. Y desde esa aprensión propuso un partido enérgico, de choque y salto, puro brío sin espacio para la sutileza. Enunció un duelo al estilo del Atlético.
    No quiso el balón

    Fue sintomático el inicio. Payet lanzó el balón al campo del Atlético en el saque de centro, sin combinar hacia atrás. El Marsella expuso que no necesitaba la pelota para asaltar la final. Como tampoco el Atlético es un fino estilista, lo que vino a continuación fue un puro estrés de músculos en acción, lances divididos, el balón sin dueño...

    Impulsado por el vocerío de su público, el Marsella impactó contra la defensa rojiblanca, dura como el pedernal, como siempre. Las finales se miden en detalles, dicen los sabios. En el minuto 3, Germain falló una ocasión, limpio el tiro ante Oblak que lamentará toda la vida y le agradecerán los colchoneros. El duelo estuvo ahí, tumbado el portero esloveno y la pelota fuera.

    El Marsella buscó y pegó, atentó y generó fragor a su paso, pero es un equipo sin grandeza, sin la calidad de los primeros espadas. Por ahí se adivinó la flaqueza, porque todo era empuje, pero en esas cuitas el Atlético es insuperable.

    Agazapado como una mantis, el grupo de Simeone esperó la caída de la hoja. Sucedió en un tic, minuto 20, el portero Mandanda hace un Ter Stegen, pase violento al volante Anguissa, cuya pérdida intuye Gabi, zorro viejo en la pelea. El balón se desplazó un palmo, Gabi la tocó hacia delante y Griezmann, con la jerarquía de los mejores, la envió suave a la cazuela.

    Un gol podía bastar porque el Atlético convierte en arte la soledad del acierto. Equipo cuajado, convertido al cholismo en horas y horas de trabajo, sabio en el manejo de la depresión rival, se fue al descanso convencido de que el título era suyo. En refrendo de esa idea se lesionó Payet, el mejor jugador del Marsella.

    El cuajo de ambos equipos se plasmó en la segunda mitad con más claridad que antes. El Marsella no mostró empaque para sobreponerse a una noche difícil y eso, ante el Atlético, equivale a la muerte.

    El segundo gol fue una réplica del primero. Saúl anticipó la tibia para quitar el balón por el costado derecho. En un visto y no visto, la pelota pasó a Koke y de ahí a la penetración en carrera de Griezmann, que definió con esencia de crack. El toque sutil allá donde atronaba el estadio, la curva perfecta, el engaño ante la endeblez del portero en el suelo. Fantástico.

    Con 0-2 enmudecieron tres cuartas partes del Parc Lyonnais en un veredicto de aspecto definitivo: el Marsella no iba a ganar por la calidad de su fútbol, sino por un arrebato de furor. En ese panorama febril despuntó Gabi. Soberbio choque del capitán, inteligente, eficaz, contagioso y enérgico en la apuesta de su equipo.

    El Atlético ya no quiso saber nada del partido, salvo enhebrar todos los cauces que le ofrecía el Marsella. El destino era rojiblanco: Mitroglou remató al palo. Adiós al Pupas. Golazo de Gabi. Con Simeone el viento ha cambiado de signo.

    http://www.abc.es/deportes/atletico-madrid/abci-final-europa-league-olympique-marsella-atletico-madrid-201805161949_directo.html

    El espejo de aumento

    Godin y Giménez son dos marines y Griezmann un mosquetero de lujo que ha decidido marcharse del equipo que mejor le entiende

    Juan Pablo Colmenarejo

    El gol de Gabi al final del partido hizo justicia a un tipo que ha corrido más de la cuenta porque así se lo pidió Simeone desde el primer día. Y cuando salió Torres por Griezmann fuimos felices del todo rodeados de franceses de Marsella repletos de bengalas. Escribo desde la grada de Lyon, sentado junto a José Luis Garci. Un aficionado con mucho oficio que ve los partidos despacio. Anoche el Aleti volvió a ponernos a todos frente al espejo de aumento que se ha inventado un tipo futbolero e intenso como es Simeone. El partido nos tuvo en vilo un cuarto de hora. La salida del Marsella fue a empujones. Pero el Aleti no se descompone nunca. Los centrales uruguayos sujetaron al equipo con tal autoridad que solo era cuestión de tomarse el asunto con calma. Griezmann hizo el trabajo de élite que le corresponde. Godin y Giménez son dos marines y el francés un mosquetero de lujo que ha decidido marcharse del equipo que mejor le entiende. Aquí es el rey y al otro lado del AVE va a ser el subalterno de un ser superior que no es de este mundo. El Aleti de Simeone gana otra Copa europea y alimenta nuestra idea. El Aleti es un trueno que resuena en Madrid. Cuando apareció el Rey, la grada del Aleti se llenó de banderas de España dando vivas al Rey. Debe ser Francia. Aquí no hay complejos ni temores. Es un país. No un simulacro. El Aleti de Madrid recibió de manos de Felipe VI otro título más. Confeti en rojo y blanco. A seguir volando. Y Torres cogió su Copa. Nunca es tarde para ser feliz por primera vez.

    http://www.abc.es/deportes/atletico-madrid/abci-espejo-aumento-201805170907_noticia.html

    AS

    La vida del Atlético es pura aventura

    Alfredo Relaño

    ¡Campeones! El Atlético recogió una copa ganada a ley que le devuelve al centro del escenario europeo. Ganó el Atlético, ganó el mejor. Simeone describió el partido perfectamente la víspera: habría que aguantar los primeros veinte minutos, y luego... En efecto, el OM empezó apretando muy arriba y gozó muy pronto de una ocasión, un gran pase de Payet a Germain, al que se le agigantó Oblak y tiró fuera. En esos minutos imponía el Marsella, que adelantaba a los centrales hasta casi el medio campo para cortar los saques de Oblak, presionaba y recibía el respaldo de una multitud gritona y humeante. Inalterablemente humeante.

    Pero el Atleti tiene mucho cuajo y tiene a Griezmann. En un viaje hacia la portería del OM, los delanteros se quedaron ahí, a presionar la salida, y acabaron provocando el fallo. Mandanda envió por el centro a Anguissa, que controló mal, y el balón llegó a pies de Griezmann, cuya finalización fue de superclase. No mucho después, Payet se retiró, con una molestia muscular. Le abrazaron los compañeros con aire fúnebre, tan importante es. Ya no hubo OM. El Atlético se enseñoreó del partido. Al OM se le fue toda la fuerza por las bengalas de sus aficionados. El resto lo puso el Atlético, y eso incluyó dos goles más, de nuevo Griezmann y luego Gabi...

    Un hito más en estos seis años de Simeone, cargados de venturas. Un hito alcanzado con la brillantez de Griezmann en la noche de su vida, que quizá le ayude a tomar la decisión adecuada, porque en el Atlético lo tiene todo para ser feliz. Fue bonito ver su sonrisa nada más acabar el partido, como fue bonito ver al Niño Torres levantar plata, a medias con el gran capitán, Gabi, en su penúltimo día como rojiblanco. Un glorioso broche para el Atlético en una temporada singular, que empezó con la prohibición de fichar, siguió con el estreno de campo, la decepción en la Champions y ahora el título. La vida del Atlético es pura aventura.

    https://as.com/opinion/2018/05/16/portada/1526506424_486298.html

    El partido imaginado

    Héctor Marquis

    Todo Marsella sabía que para ganar al Atletico de Madrid había de ser eficaz. Sabía también que tocaría defender los pocos ataques de los madrileños sin encajar goles. Finalmente es todo lo que hacen excelentemente los colchoneros.

    Aunque el Marsella fue superior en el inicio del partido, perdonando una clara situación de gol, el partido cambió después de un error fatal. Como todos aquí lo imaginábamos, bastó un error para que el Atleti matase el sueño marsellés.

    Payet era la principal duda del Marsella. Quería jugar esa final encima de todo y llenar su sala de trofeos vacía. Entró en el campo tocando la copa pero su cuerpo aguantó unos treinta minutos y salió entre lagrimas.

    Maldito en sus ultimas finales, Griezmann mostró toda su clase siendo otra vez decisivo. Es el primer francés que marca contra un equipo francés en una final europea. Quién mejor para regalar el titulo al Atleti que su estrella francesa nacida a 70 kilómetros del estadio.

    https://as.com/opinion/2018/05/16/portada/1526503651_193185.html

    El Mundo

    Griezmann hace al Atlético campeón de la Europa League

    • El francés firma dos de los goles en la que puede ser su última final. Gabi completa la goleada
    • Fernando Torres levanta un trofeo con el Atlético en su despedida

    Carlos Guisasola

    En las todas las grandes noches del Atlético, sus genios se han negado a quedarse dentro de su lámpara. Ocurrió en Hamburgo con Forlán, hace ocho años. Se repitió en Bucarest con Falcao, en 2012. Y se les echó de menos (mucho) en Lisboa y Milán. Este miércoles, cuando la intensa bruma de las bengalas marsellesas se disipó, sucedió lo mismo en Lyon. Desde la nada, porque el Atlético pasó inadvertido durante un buen rato, se asomó Griezmann a su final. Quién sabe si la última como rojiblanco. Apareció de repente para poner las dos manos encima a esa copa que pasaba tan cerca de su puerta. Porque aunque las finales se ganan con el corazón, siempre es mejor tener un genio de tu lado. Y así, de la mano del francés, fue como los rojiblancos volvieron a levantar un título cuatro años después. Aunque no entraba en sus planes, nunca está bien despreciar una copa. Y menos si es de este tamaño.

    Porque al Atlético le pueden fallar muchas cosas, pero el instinto no tiene por costumbre hacerlo y por eso se lanzó Diego Costa a morder a Mandanda. Y por eso estaba ahí Gabi para convertir en asistencia la indecisión de Anguissa. Y, por eso también, irrumpió Griezmann para enmudecer a sus ruidosos compatriotas. Para engañar a todos menos a su cabeza y a su corazón. Con ellos también empujó el que fue su primer gol en una final.

    Porque hasta ese fogonazo, transcurrieron 20 minutos incómodos y algo angustiosos para el Atlético. El novato en estas noches parecía él. Le costó saber qué era lo que había ido a hacer a Lyon. Como si no se lo hubiera recordado veces el ausente Simeone. Pero fue el Marsella el que empezó metiendo miedo. Primero con un zarpazo de su delantero Germain. Después, con otro de Rami. Las constantes imprecisiones rojiblancas eran gasolina para el motor marsellés, que fue carburando a tope con ese desconcertante arranque de su rival. Fue un pequeño baile de bienvenida que poco a poco se fue diluyendo. Tal vez porque Payet, su faro, comenzó a darse cuenta de que algo no iba bien. Minutos después del gol de Griezmann, la estrella del Olympique acabó marchándose entre lágrimas. Los problemas musculares que le habían convertido en la gran duda, le dejaban fuera del partido del año para su equipo.
    Griezmann celebra su segundo gol al Marsella en la final de Lyon. MARISCALEFE

    Un problema menos para el Atlético que, sin embargo, tampoco se volvió loco por sacar pecho. Simplemente se dedicó a contener al valiente Marsella y poner la calma con la que le gusta vivir a este equipo. Los errores de muchos de sus adversarios son los que le habían llevado hasta la final de la Europa League y tenía pensado seguir alimentándose de ellos. Una simple fórmula pero que sólo el Atlético logra interpretar como ningún otro.

    Aunque como la noche tampoco estaba para bromas, el Mono Burgos (o Simeone) decidió mover ficha en el descanso y quitar a Vrsaljko, que había vuelto a ver una amarilla demasiado temprano. Con el soponcio del Emirates aún reciente, Juanfran saltó al césped lyonés a toda prisa para defender el carril derecho durante el segundo acto.

    Y cuando aún se estaba ajustando las botas, cuando la lluvia empezó a bañar con ganas el tapete francés, volvió a deslumbrar a todos un relámpago. Una luz cegadora llamada Griezmann. El Atlético se subió a la espalda del Marsella cuando Mandanda trataba de alejar un balón de su área. Y allí volvió a ocurrir lo mismo. Entre el fallo del rival y tres toques maestros entre Saúl, Koke y el francés, todo el estadio tuvo que postrarse. Griezmann ni se inmutó. Se quedó mirando a los ojos del meta rival y como si estuviera jugando en una calle de su Macon natal, dibujó un dulce y delicioso toque empapado de veneno. Era la certeza de que la Europa League volvería a viajar a Madrid por tercera vez en ocho años. Y la certeza, también, de que el Atlético pertenece desde hace tiempo a otro estrato social.

    Diego Costa apenas se hizo notar. Pero tampoco era necesario. Su papel, como desde su regreso en enero, era despejar el camino a Griezmann. El hispano-brasileño se dedicó a esas batallas personales que tanto le motivan y que, también, le llevaron a ser advertido por Kuipers. Pero nadie echó en falta sus goles. Para eso ya estaba otro. El Atlético fue creciendo y acabó convertido en un gigante. Empezó en una cueva y acabó besando el cielo de Lyon. El bravo Marsella había quedado convertido en una estatua de sal, que sólo despertó al final, con un cabezazo al palo de Mitroglou.

    Seguro que Luis sonrió desde arriba cuando vio marcar a Gabi. Y cuando vio salir a su niño, a Fernando Torres, que al fin tiene su trofeo, en el epílogo. Lyon ya no es una ciudad maldita. Es un nuevo Edén.

    http://www.elmundo.es/deportes/futbol/2018/05/16/5afc9bf022601dc21f8b45bf.html

    Ahora que ganamos

    Iñako Díaz-Guerra

    Ahora que ganamos y Fernando Torres, feliz como el niño que fue, levanta la copa como si nunca antes hubiera tocado una, ahora más que nunca hay que recordar quiénes somos. Para eso está Fernando. No es el veterano que salió para perder tiempo y le pareció un regalo. No es la estrella que ganó Mundial, Eurocopa y Champions como protagonista, pero nunca se sintió tan pleno como cuando logró una Europa League como secundario con el Atleti, su Atleti. No es la leyenda que se despide a lo grande. No. Fernando Torres es nuestra memoria histórica.

    Porque, ahora que ganamos, no podemos permitirnos olvidar que perdimos. Mucho y hace poco. Que caímos a profundidades insospechadas y sólo acudieron al rescate un niño pecoso y un viejo cascarrabias. Que aguantamos chistes, noches sin cenar, futbolistas impropios. Pero salimos. Porque siempre se sale, se sube, se baja. "Ganar, ganar, ganar y volver a ganar", decía el viejo. Tan simple, tan improbable. Y es que perder es lo normal aunque el fútbol actual parezca olvidarlo. Fracaso. Todo es un fracaso. Los equipos que bajan piden disculpas como si lo hubieran hecho adrede. Darlo todo no basta. El segundo es un mediocre. Y, ¿saben qué? Mediocre es quien cree eso.

    Y es que, ahora que ganamos y son otros los que cantan bajo la lluvia pese a saberse derrotados, debemos recordar que la victoria es el broche del sentimiento de pertenencia, pero jamás su esencia. Que la vida es una tómbola (tom, tom, tómbola) y todos podemos imaginar un escenario en el que un mínimo detalle lo cambia todo. Lo sabe usted, que aún hay noches en las que se levanta sobresaltado porque el disparo de Schwarzenbeck se va fuera, alguien estorba lo suficiente a Ramos, Griezmann marca el penalti... Lo sabe el hincha del Marsella, que soñará que Germain no falla el mano a mano, que Anguissa no se hace un lío, que Griezmann es humano. Así que hoy beberemos para celebrar con la certeza de que cualquier día de estos lo haremos para olvidar. Más jodidos, igual de orgullosos.

    Porque, ahora que ganamos, esos tipos que se abrazan ahí abajo me representan tanto como en Lisboa o en Milán. Tanto como Hasselbaink llorando en Oviedo. Griezmann quizás se vaya, pero en este instante le veo bailar como si fuese de Carabanchel y todo tiene sentido. Si se va, lo hará tras una exhibición de talento (nada nuevo) y de sacrificio (nada nuevo, pero mucho menos comentado). Haga lo que haga, sólo se merece agradecimiento y buenos recuerdos. Me han dejado mucho peor otras veces, no les voy a engañar. Y Simeone, más discutido este año que nunca antes, sonríe sabiendo que acaba un curso complicadísimo con un título y un (probable) subcampeonato liguero. Que se han escrito novelas épicas con mucho menos.

    Y es que ahora que ganamos la Europa League y de inmediato pensamos en la Champions, que Griezmann baila, que Simeone sigue al frente, que Torres se siente al fin completo, que una hora después aún se canta el himno... Ahora que al fin hacemos caso al viejo y ganamos, ganamos y ganamos. Ahora más que nunca debemos recordar que todo eso pasará y quedará lo único importante.

    El Atlético de Madrid.

    http://www.elmundo.es/deportes/futbol/2018/05/16/5afca520e5fdea16438b45f9.html

    Griezmann, el príncipe de Maquiavelo

    Orfeo Suárez

    La existencia del Atlético es el arte de lo irreverente: en un entorno estético, a veces hasta el absurdo, impone el trazo grueso. El absurdo lo representó el OM, con un error impropio de la élite, al hacer dogma de la salida de balón. Es tan elogiable madurar en esa línea como suicida persistir sin los futbolistas adecuados, sobre todo en una final. Decía Zubizarreta, actualmente al frente de la dirección deportiva del club francés, que es una utopía jugar como el Barça, cuyo fútbol admira Rudi García. Esa utopía convirtió en utópico el título muy pronto. Anguissa no es Busquets.

    En una Liga que presume de estilo, Simeone ha sido Maquiavelo: el fin justifica los medios. El torneo que tanto se publicita con el argumento de que es el que mejor juego ofrece, el Atlético construido por el argentino, segundo este curso, lo ganó a contraestilo, con un modelo que no está basado en la posesión y la continuidad, sino en el juego de los instantes. La final de Lyon, dominada por el OM hasta el error compartido de Mandanda y Anguissa, es una metáfora de la existencia rojiblanca: una vez mata, se desata.

    El Maquiavelo rojiblanco tiene su propio príncipe de rostro aniñado, pero no es el Niño. Es Griezmann. En una entrevista concedida a Le Parisiene durante la pasada Eurocopa, el delantero era cuestionado insistentemente acerca del juego de su club. Sin rubor, contestaba: "Es sencillo: apretamos arriba, marcamos y a correr. Ça marche!" La final reprodujo sus palabras, puesto que el gol llegó como producto de la presión alta en busca del fallo ajeno. Hasta entonces, el Atlético no jugó, simplemente resistió. En realidad, se siente a más a gusto en lo segundo que en lo primero, hecho que explica los problemas que en ocasiones atraviesa en su estadio, cuando se ve obligado a tomar la iniciativa. El tanto, unido a la lesión de Payet, hundió a un OM que quiere volver a la élite, y se encuentra en el camino, pero al que le faltan millas y la calidad que decide las finales. Germain se encontró en una situación, en los primeros minutos, que Griezmann no habría fallado, al menos no el Griezmann de Lyon. Fácil en la primera definición y sutil en la segunda, en ambas tuvo la frialdad de un jugador hors catégorie.

    La final pudo ser el último partido europeo de Griezmann como rojiblanco. Si es de ese modo, habrá realizado un gran servicio en el desenlace de una temporada estratégica para el club, por el traslado al Metropolitano, y que se inició entre equívocos del francés y pitos del respetable. También fue el último de Torres, un estandarte del club, que lo sustituyó y levantó la copa. Cerrarla con un título es una forma de llevar este presente al futuro para un club que lo tiene todo, aunque no tenga juego.

    http://www.elmundo.es/deportes/futbol/2018/05/16/5afc98ef268e3e5b658b467f.html

    Exquisita bullabesa atlética

    Julián Ruiz

    Vaya sopa que hizo el Atlético. Siempre fue mejor. Siempre bailó al ritmo de rock de Simone. Ahogado tácticamente el Olympique, que acabó incluso agotado en la segunda fase. Sin capacidad de reacción. Un equipo guiñapo. Ciertamente, ni podía ir a las armas ni siquiera podía cantar la marsellesa.

    Lo siento por el técnico García, que me inspiró en la Roma, pero al llegar a Francia ha sido otro entrenador, más soberbio, más orgulloso, pero menos práctico. Vi su planteamiento en Salzburgo y no bailaban ni siquiera al ritmo de Mozart.

    Me encantó Koke. Es un estratega del dominio de muchas zonas del campo. Se ha convertido, para mi gusto, en el gran líder del Atleti. Aunque las proporciones de Saúl me recuerden a Peiró, al que vi cuando era un niño. Diego Costa no es Mendoza, pero abre pasillos, como los del hotel de Kubrick en El resplandor. Es engañoso que no haya hecho un gol.

    ¡Qué decir del Olympique! Bueno, tuvo una ocasión mollar, cuando el Atleti estaba en la soberbia de iniciar el partido con la muerte del enemigo, pero los rojiblancos no pueden soportar un ataque apasionado, porque dejan demasiado espacios. Se han redoblado mucho las dudas sobre la condición física de Gabi. Me ha sorprendido su resurrección de fin de temporada. Ha sido la prolongación de Simeone, que no estaba en el banquillo. Daba igual. Hasta el final de su gol es una apoteosis del arquitecto del edificio Simeone. Impresionante.

    Para cualquier Atlético es desesperante la despedida de Griezmann. Mató cuando tenía que matar. Pero se va al Barça. Cualquier colchonero le diría que el dinero lo puede comprar todo, pero jamás en el Barça será tan feliz como ha sido con el Atlético. En el Manzanares o en el Metropolitano. Como Cristiano, es Griezmann el sello del éxito. Es una traición desde mi punto de vista la que perpetró en el mes de octubre. El dinero no hace la gloria, como tampoco la felicidad.

    No quiero volver a insistir en el carácter formidable que ha dotado al Atlético la gran estrella del Atlético de Madrid, Simeone, alma, corazón y espíritu de un Atlético, con quien en la tercera final, por fin, el destino ha sido justo.

    http://www.elmundo.es/deportes/futbol/2018/05/16/5afca53b22601db31f8b45e0.html

  • Final UEFA Europa League 2017/18: información de servicio


    El Club Atlético de Madrid recibirá de la UEFA un total de 11.552 entradas para presenciar el partido correspondiente a la final de la UEFA Europa League que tendrá lugar el miércoles 16 de mayo a las 20:45 horas en el Stade de Lyon (Francia).

    Del total de entradas, 9.674 se pondrán a disposición de los socios y peñistas del club y se distribuirán de la siguiente manera:

    • 575 entradas se destinarán a las Peñas Atléticas de toda España y del extranjero.
    • 9.099 entradas se destinarán a los socios del club, a razón de una única entrada por socio.

    Dos factores otorgarán prioridad para la compra de entradas: la posesión del Abono Total en la temporada 2017-2018 y el grado de antigüedad ininterrumpida como socio del club. En consecuencia, en primer lugar se atenderá la demanda de los Socios Abonados con más de 25 años de antigüedad (tengan o no Abono Total) y posteriormente la de los Socios Abonados con Abono Total. Si quedaran localidades disponibles, después se atendería las peticiones de los Socios Abonados con Abono de Liga, y finalmente a los Socios No Abonados.

    Las entradas se venderán exclusivamente en las taquillas del Metropolitano en los días y horarios que a continuación se detallan.

    Días de venta para los Socios del Club Atlético de Madrid:

    Lunes 7 de mayo, exclusivamente para aquellos Socios Abonados, tengan o no el Abono Total, que tienen como mínimo 25 años de antigüedad en el club y cuyo número de socio está comprendido entre los siguientes:

    •     Del número 1 hasta el número 2.000 inclusive de 8:00 a 13:00 horas.
    •     Del número 2.001 hasta el número 4.256 inclusive de 16:00 a 21:00 horas.


    Martes 8 de mayo, exclusivamente para aquellos Socios Abonados con Abono Total cuyo número de socio esté comprendido entre los siguientes:

    •     Del número 4.257 hasta el número 6.500 inclusive de 8:00 a 13:00 horas.
    •     Del número 6.501 hasta el número 8.500 inclusive de 16:00 a 21:00 horas.


    Miércoles 9 de mayo, exclusivamente para aquellos Socios Abonados con Abono Total cuyo número de socio esté comprendido entre los siguientes:

    •     Del número 8.501 hasta el número 10.500 inclusive de 8:00 a 13:00 horas.
    •     Del número 10.501 hasta el número 12.500 inclusive de 16:00 a 21:00 horas.


    PRECIO DE LAS ENTRADAS

    2ª CATEGORÍA: 100 €

    2ª CATEGORÍA VISIBILIDAD REDUCIDA: 80 €

    3ª CATEGORÍA: 70 €

    3ª CATEGORÍA VISIBILIDAD REDUCIDA: 55 €

    4ª CATEGORÍA: 45 €

    4ª CATEGORÍA VISIBILIDAD REDUCIDA: 35 €

    Las localidades de visibilidad reducida tienen algún tipo de obstáculo tales como barandillas o mamparas de cristal que impiden ver la totalidad del terreno de juego.

    Por razones de seguridad, los Socios Abonados que en el Metropolitano ocupan la Grada de Animación (cualquiera que sea su edad), únicamente podrán adquirir entradas en ciertos sectores ubicados en la grada baja situada detrás de la portería del fondo asignado al Atlético de Madrid, y siempre que les correspondiera en las condiciones establecidas para cada día

    Condiciones para la adquisición de entradas

    Únicamente tendrán la posibilidad de adquirir una entrada aquellos socios del club que se encuentren al corriente de pago de todas sus cuotas y plazos en la presente temporada 2017-2018, y que no se encuentren sancionados por cualquier motivo.

    Cada socio podrá obtener 1 única entrada en el día y horario que le corresponda en cada caso, siempre y cuando reúna las condiciones estipuladas para cada día.

    Un socio podrá adquirir una entrada el día y horario que le corresponde, o en su defecto en algún horario o día posterior, pero en ningún caso antes.

    Una persona podrá presentar en las taquillas un máximo de 4 carnés incluido el suyo, con el fin de que se pueda agrupar con algún familiar o amigo, siempre y cuando todos los carnés cumplan las condiciones establecidas para ese mismo día y horario. En el caso de que la numeración de los abonos no les corresponda el mismo día y horario estipulado para adquirir las entradas, podrán presentarse en el día y horario que corresponda al número de socio más alto del grupo.

    Es absolutamente imprescindible presentar en las taquillas los carnés de socio abonado para que sean leídos electrónicamente y quede registrada la compra. En cumplimiento de la normativa UEFA, el club registrará los datos personales de cada socio (DNI, nombre, apellidos, fecha de nacimiento y país de nacimiento), que quedarán vinculados a cada entrada (sector, fila y asiento). De esta manera, el club sabrá en todo momento quién adquirió cada entrada y, por tanto, quién es el responsable del uso posterior que se haga de la misma.

    En el momento de retirar la entrada, el socio estará obligado a indicar el medio de transporte que utilizará para desplazarse a Lyon (avión, autobús, coche o tren).

    Todas las entradas gestionadas por el Atlético de Madrid son personales, nominativas e intransferibles, por lo que únicamente podrán ser utilizadas por el socio titular de la misma y en ningún caso podrán cederse a terceras personas.

    En cada entrada quedará escrito el nombre y el DNI del socio. Las autoridades locales han autorizado expresamente al club para que se establezcan los controles oportunos y se exija en las puertas de acceso de la afición del Atlético de Madrid el DNI junto con la entrada, y en caso de que no coincidan ambos, no permitir al infractor el acceso al interior del estadio. El club será inflexible en la aplicación de esta norma y su incumplimiento supondrá una infracción de carácter muy grave, puesto que se considera una desconsideración hacia otros socios del Atlético de Madrid a los que se estaría privando de la posibilidad de asistir a la final.

    Asimismo aquellos socios que hayan comprado una entrada y la revendan a un tercero, serán sancionados por el club aplicando la normativa interna vigente para faltas de carácter muy grave. El club solicita la colaboración de sus socios para detectar estas situaciones que podrán ser denunciadas mediante un escrito al correo electrónico seguridad@atleticodemadrid.com

    Todos los espectadores necesitan tener una entrada para acceder al estadio, cualquiera que sea su edad, incluso bebés o niños.

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